El realismo mágico y yo

Wallpaper Magic 240 (31)El Realismo Mágico y Yo
Por: Darío Valle Risoto

En algún momento del secundario, por supuesto que en clase de Literatura, abordamos el estilo denominado: “Realismo Mágico” y como muchas cosas en la vida, tardé un tiempo en procesar debidamente el asunto, solamente para darme cuenta de algo que de tan evidente se me había pasado de la vista como quién ve el bosque sin determinar los árboles.

Si bien este estilo artístico nace en Europa a mediados del siglo pasado como una manifestación donde lo irreal se mezcla con el mundo cotidiano es evidentemente en latino América que hace eclosión como todos lo conocemos de la mano de escritores como: Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa entre otros. Jorge Luis Borges también ha sido relacionado con este estilo y por supuesto también Alejo Carpentier y algunos otros.

Básicamente esta forma se basa en una mezcla entre lo irreal y fantástico con lo real especialmente en la narración en torno a asuntos cotidianos, personas comunes y quizás hasta lugares fuera del tiempo y espacio como los razonamos habitualmente. Especialmente la racionalización del tiempo como elemento fácilmente adulterable forma parte de muchos relatos donde no se concibe como una línea sino más bien como un espiral o un remolino.

Bien, todo esto viene a que en un determinado momento de estos últimos años comencé a reparar en que toda mi vida y muy especialmente mi niñez estuvieron signadas por una percepción de la realidad dentro de este “realismo” que no admitía una lectura racional o mucho menos científica.

Lo primero indudablemente parte de mi relación con mi madre. Una mujer nacida en condiciones muy humildes en el campo profundo de las sierras de Minas y absolutamente supersticiosa, que aceptaba dentro de su mundo la magia y “la brujería” según la denominaba mi padre, como parte indisoluble de su sino cotidiano y por ende de nuestro pequeño entorno familiar.

No había división posible entre lo cotidiano y las fuerzas ocultas de un pensamiento mágico que a mi madre ocupaba en todo su ser, al punto de que mi niñez estuvo regularmente asociada a las visitas a las curanderas o “Brujas” según mi padre, a las que mi madre acudía para intentar curarme del asma y también para encontrar una forma de someter a su marido a su idea de lo que debería ser nuestro hogar. No es necesario aclarar que en ninguno de los dos casos tuvo suerte; ni me curé del asma que padezco hasta ahora ni tampoco pudo con la parsimoniosa pasividad de mi padre para con sus ilusiones de mujer manipuladora.

Más allá de eso todo parecía ser una especie un juego mágico donde no faltó una tía macumbera medio hermana suya que una vez le hizo “un trabajo” que casi la mata o los extraños poderes de mi padre que con solo poner sus manos sobre la frente de mi madre parecía curarle sus recurrentes dolores de cabeza. Tampoco puedo olvidar sus historias de las sierras de Minas donde se crió en un rancho de terrón junto a sus abuelos maternos, de los remedios caseros como orinar en unos papeles de estraza y colocarlos sobre el estómago en caso de dolor de panza cuando mi madre era chica, o la abuela que cortaba la tormenta con una cuchilla mirando al cielo y recitando unos versos cristianos a la virgen o a quien sabe quien.

Así que lento fui en darme cuenta que este asunto del realismo mágico es parte de mi vida por más racional que sea como adulto y no crea ni en monstruos ni en fantasmas y mucho menos en dios o las hadas; aún así este asunto debe competerme ya que fui criado en medio de este mundo donde lo científico no era la única forma de decodificar la realidad porque todo admitía una lectura donde fuerzas indescifrables obraban para nuestro bien o para nuestro mal.

Me llevó muchísimos años cambiar a mi madre de esta percepción donde lo imaginario era tan potente como lo evidente, lamentablemente le abatí varios dioses y con ello quizás le eliminé parte de su esperanza a por cambiar su vida, una vida que buscó para escapar de sus penurias entrar en un mundo donde era mucho más fácil imaginarse mejor que conseguirlo. Por otro lado mi padre era inmensamente racional y aunque con las mismas carencias educativas que ella quizás por ser eminentemente Montevideano y por ende un hombre de ciudad, era mucho más racional y absolutamente escéptico a todo lo que mi vieja apostaba de cuerpo y alma.

__ No hay nada. __Fue su respuesta cuando muy niño le pregunté acerca de que pasaba cuando uno se moría, mi padre siempre me decía que no existía nada, que era como dormirse para siempre, el olvido y el vacío más absoluto nos esperaba a todos luego del último suspiro. Por otro lado mi madre deambulaba entre una suerte de cristianismo muy sui generis y el mencionado mundo mágico de curanderas, videntes y tarotistas varias.

Muertos mis padres todavía me siguen enseñando desde mi memoria, para bien o para mal debo agradecerles una niñez que si bien tuvo muchas carencias materiales no fue para nada aburrida.

Y quizás aquel “realismo mágico” me haya nutrido para ser este escritor de pacotilla que elabora mundos de vampiros, ciudades de nueva Inglaterra, robots y alguno que otro cuento sobre lo extraño de lo cotidiano.

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