Cuando dormíamos con la puerta abierta

Primus y alcusa

Cuando dormíamos con la puerta abierta
Por: Darío Valle Risoto

En una página que se dedica a publicar fotos de Montevideo antiguo leí una serie de consideraciones de gente que presumo de avanzada edad, añorando un Uruguay que supuestamente existió y presuntamente ha dejado de ser tal cual era en este convulsionado tiempo presente. Por lo pronto no es la primera vez que escucho a gente añorar los tiempos en que: “Dejábamos la puerta de casa abierta” o “La bicicleta afuera” y no pasaba nada.

De alguna manera eso puede ser cierto porque algunas cosas han cambiado para peor y otras para mejor, tampoco me parece digno de añoranzas que antes por ejemplo: todos nuestros vecinos sabían de nosotros y nosotros de ellos y también sabíamos que aquel vecino llegaba alcohólico y cagaba a su mujer a golpes y no hacíamos nada o que pegarles a nuestros hijos era parte de su educación hasta con un cinturón si era necesario.

La nostalgia es una tremenda fabuladora de un mundo irreal que tratamos de armar recogiendo una serie de recuerdos idealizados porque en esa época quizás éramos jóvenes y bastante más ciegos de una realidad que hoy “redes sociales” mediante, nos muestra lo miserables que podemos ser los seres humanos pero también lo increíblemente generosos. La cuestión es saber elegir al tomar nuestra posición en la vida.

Siempre hubo injusticias pero quizás no las veíamos o intentábamos no verlas recogidos al abrigo confortable de nuestro barrio y de nuestras familias. pero aquellos que nacimos, fuimos y seremos pobres económicamente sabemos que nunca fue fácil vivir en este país para los que tenemos esta condición social y que hubo muchas necesidades insatisfechas e injusticias que masticarse sobretodo durante las duras épocas de la dictadura cívico militar desde 1973 a 1985 pero que comenzó antes y se alargó con gobiernos de derecha hasta este hoy también con muchas injusticias pero que a algunos nos hace plantarle cara a la realidad sin las anteojeras de idealizar una gran mentira.

Inútil sería hacerles un racconto de la violencia cotidiana que viví en mi barrio, en mi escuela y luego en el liceo públicos, de la ignorancia que hacía de la mujer una propiedad para el hombre y un desdén hasta para las otras mujeres si se daba el caso de que ella dejara al tipo para irse con otro. La manipulación de los niños por parte de los padres separados que hoy es denunciado era cosa cotidiana, la violencia contra los animales, el desdén por cuidar la ciudad que aún persiste siempre existió y la terrible situación de mujeres que llegaban a la comisaría para denunciar una violación y el oficial les preguntaba cosas como: __¿Usted estaba vestida así?

La acusación entre vecinos de ser comunistas y al discriminación a los negros, los homosexuales y los niños con síndrome de dawn llamados: Mongólicos, la violencia antes era tal como ahora, pero quizás no la veíamos o hacíamos que no nos dábamos cuenta.
Así que dormir con la puerta abierta y que no nos roben no era nada, comparado con la pasividad generalizada de nuestros buenos parientes y vecinos en un país donde la injusticia parió y sigue pariendo pobreza económica y de la otra, tal vez la peor.

FIN

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