Neo Vampiros 71: Paula y los Lobos

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Neo Vampiros 71
Paula y los lobos 1
Por: Darío Valle Risoto

Guardó la carta en la guantera, desde que había dejado Montevideo la había leído como cuatro veces, sus padres la habían llamado desde Houston Texas donde iban a pasar el fin de año entre sus amistades si es que se les puede llamar así a un montón de gordos Texanos fachistas oliendo a frituras.

Detuvo la camioneta en una carretera desconocida, bueno, hacía varios años que no viajaba al norte del país y para colmo las inundaciones habían modificado y mucho el paisaje. Entró en un parador donde el aroma a churrascos fue festejado por el estómago de la joven.
__Aquí tiene la carta, bienvenida. __Le dijo una sonriente camarera de rostro aindiado y dientes desmesurados.
__ ¿Puede ser una costilla de cerdo con fritas?
__Claro, ¿Para tomar?
__Una Coca light por favor.

Había algunos camioneros sentados en la zona más alejada, enfrente sobre la barra dos hombres maldecían el clima y uno de ellos señalaba un televisor donde la noticia no solamente era la inundación.
__Mataron a dos muchachas que estaban acampando en los campos de Fleitas, dicen que fueron perros rabiosos, pero es raro hermano.
__ ¿Por qué?, Muchos animales andan sueltos sin comida, era de esperarse con estos tiempos.
__ ¡Tienes razón!

Cuando le trajeron la comida, esta se veía de maravilla, le preguntó a la empleada donde quedaban los campos de Fleitas y le indicó la dirección sin problemas, comió lentamente sabiendo que algunos parroquianos la observaban, aún vestida en forma sencilla seguía siendo una mujer atractiva.

Luego de comer salió, por un momento la llovizna había menguado y un reticente sol se habría paso entre nubes extrañas, había un monte de eucaliptos al costado del parador y junto a él un camino pedregoso que iba a la dirección de los campos donde habían muerto las dos jóvenes.

No supo por qué pero lo primero que hizo al subir a su coche fue revisar su pistola nueve milímetros y constatar que la recámara estuviera con todas sus balas.
No pudo evitar recordar sus conversaciones sobre los mitos que se crearon a través de los años en torno a los vampiros y lobos en la literatura y sobre todo en el cine. Hubo la ocasión en que se sorprendió de que Lorena se vea reflejada en los espejos y le importaran un verdadero carajo los crucifijos. Pero ¿Y las balas de plata?. Pensó en que debió tomar la precaución de conseguirlas por las dudas, ahora el problema era donde y como explicarles a los de la armería que quería defenderse de una mujer lobo si se daba el caso.
Enfiló por el camino de piedras rumbo a los mencionados campos del tal Fleitas, como a veinte kilómetros encontró el viejo casco de una casa o estancia donde había rastros de neumáticos en el barro y las señas de que ese era seguramente el lugar donde habían encontrado a las chicas despedazadas.
A su derecha detrás de un monte criollo se veía un río desmesuradamente crecido y a unos metros adentro en el agua sobresalía la parte superior de un molino de viento de los que abundan en el campo uruguayo, se utilizan para generar corriente eléctrica o para facilitar el riego.

Se asustó cuando una inofensiva culebra pasó entre unos yuyos cerca de sus botas y trató de no sacar su arma frente a cualquier contingencia pero se sabía nerviosa, no podía asegurar si a esas alturas estaba allí porque lo había decidido o una fuerza oculta la llamaba. En el bolsillo interior de su gabardina tenía apretada la carta que Lorena le había dejado sobre el sofá negro en el living de su enorme casa del Prado.

Sofrenó un grito cuando encontró la zona de las muertes señalada con algunas marcas y banderitas de la policía, había elocuentes trazas de lucha y sangre a pesar de las lluvias, esta coagulada sobre un montículo de piedras evidenciaba que algo terrible había pasado.
__Señorita, ¿Qué hace aquí sola?

A unos pasos un hombre joven de aspecto rústico se encontraba mirándola mientras sostenía una pala y un pico sobre su espalda, la suciedad de su ropa evidenciaba que era él el que había levantado tierra a los lados de un camino lateral.
__Disculpe pero escuché en el parador sobre esto y…
__Me llamo Romero Castro, pa’servirle, mire que son curiosos los Montevideanos.
__ ¿Hay algún hotel o lugar donde pueda pasar la noche?

Él la miró con interés, bajó las herramientas al piso para rascarse mejor la cabeza, miró al lugar donde pasaba la carretera y le señaló la dirección de Villa Saucedo, el pueblo más cercano en unos cincuenta kilómetros a la redonda.
__Gracias voy para allá entonces. __Regresó lo más rápido posible a su auto sin correr, el joven era de aspecto honesto pero nunca se sabe.
__Señorita, tenga cuidado, esta noche hay Luna llena.

Encendió el Nissan que estaba hecho un asco cubierto de barro y con ralladuras por la maleza. Volvió a retomar la carretera y se sintió un poco más tranquila, la última frase del tipo le quedó como un eco en el cerebro pero sabía que tanto Lorena como Morrigan Westenra se habían metamorfoseado solo por uso de sus voluntades, la luna nada había tenido que ver en ello.
Estaba anocheciendo y volvía la lluvia.

Juicio y Castigo.

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