Neo Vampiros: La capucha

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Neo Vampiros
La Capucha
Por: Darío Valle Risoto

__Alguien lo tenía que hacer, simplemente era mi trabajo, yo cumplía con mi deber.

El café estaba demasiado amargo y ella sentía que un poco de azúcar no le vendría mal aunque sabía que en definitiva le iba a caer como los demonios.
Estaba esa noche como suspendida en el tiempo y en el espacio y eso era lo de siempre, lo que seguía viviendo casi veinte años después. ¿O eran treinta?
Se restregó los ojos hasta que le dolieron y el tipo seguía allí en frente sollozando bajo la capucha. Un pobre hijo de puta que sabía bien lo que le esperaba. ¿O no lo sabía?
La capucha era una precaución absurda porque lo iba a matar, tal vez se la habían puesto para no verle la cara al pobre infeliz hijo de puta ex torturador.
__ ¿Yo que te hice?, ¿Sos una mujer?…Me di cuenta. Yo tengo dos hijas, no sabes como las quiero, las amo, son un regalo de dios.
__ ¡Dios no existe imbécil!

Subió los diecisiete escalones desde el sótano a la puerta que debajo de la escalera daba a ese sitio. A su derecha estaba la cocina, depositó la taza de café sobre la mesada llena de trastos sucios.
Pelayo estaba fumando uno de sus cigarros armados mientras observaba la vieja televisión Punktal, apenas si la miró y le hizo un gesto con la cabeza.
__Aún no lo maté si eso es lo que quiere saber.
__ Me importa un carajo, solo quiero cobrar e irme a la mierda de este lugar. __Le dijo mientras se encogía de hombros y pitaba fuerte.
Lorena sacó un fajo de billetes de cien dólares y le dio los mil pactados, el tipo sonrió mostrando que le faltaban varios dientes. Era morocho, Pelayo era el hombre que le había traído a la cosa de abajo.
__ ¡Notable!, Cualquier otro asunto a sus ordenes señorita…
__ Si, ya sé. __Le dijo sin mirarlo mientras en el horizonte a través de la sucia ventana de la cocina observó una agorera línea de sol que comenzaba a asomarse.

__ A sus ordenes señorita. __Le había dicho y ella sintió repulsión por la palabra: “Ordenes”.
Lorena cerró las cortinas y bajó al sótano, iba a amanecer y eso a los no muertos les cae bastante mal, si fuera un día nublado quizás podría hasta salir pero no, era una primavera con mucho sol, maldito sol y malditos recuerdos.
El tipo había intentado soltarse y se había caído de costado con silla y todo, se había golpeado la cabeza y la sangre teñía parte de la sucia capucha improvisada con una funda de almohada.

Recordó su encuentro con Pelayo y sus amigos cuando estos le informaron que podían secuestrar a este coronel retirado y por la módica suma de dos mil dólares. La mitad por adelantado.
Lorena se sentó en su silla sin levantarlo. el tipo respiraba con cierta dificultad, era un hombre de unos setenta años y se había dado contra el piso atado al respaldo metálico de una vieja silla de escritorio.

Una pequeña ventana daba del sótano al jardín invadido de altas malezas, esa casa era casi una tapera fuera de la ciudad de Pando, la había comprado como tantas otras para “guardarse” en caso de que algún amanecer la atrapara lejos de su hogar en el Prado. Y también servían para guardar la comida.
Sonrió y sus colmillos asomaron.

Cuando el hombre despertó lo levantó sin ninguna dificultad y le quitó la capucha. El abrió los ojos y pestañeo varias veces hasta que la vista se le normalizó y su expresión primero fue de asombro hasta que comenzó a reírse.
__ ¡Pero si sos una gurisa! ¿Esto es una broma de los muchachos?
__ Te referís a tus camaradas de armas o a tus cómplices de la polibanda?
Silencio.
__ Estas muerto viejo… supongo que cuando te entrenaron en la escuela de Panamá te enseñaron que hay que morirse con honor, me lo imagino, no se por qué, porque honor es algo que realmente les faltó a todos ustedes.
__ ¿Y vos que sabes guachita? __Levantó el mentón altivo mientras un hilo de sangre le bajaba del lado izquierdo de la cabeza para morir en su papada.

Lorena abrió la boca, sus colmillos asomaron y el tipo por un segundo comprendió que no todo era fácilmente comprensible para quien fue parte del ejército en épocas pasadas donde todo o casi todo era posible, más esto no, esto no lo podía ser.
__ Te voy a matar rápido, cosa que deberías agradecerle a ese dios que te bendijo las armas cierta vez cuando saliste del liceo militar.

Su sangre era amarga, ella sabía que iba a serlo.

Juicio y castigo.

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