Kamiki Sato: El guerrero azul

dragon 1

Kamiki Sato: El Guerrero azul
Por: Darío Valle Risoto

Apoyado sobre la larga lanza, la superficie lisa de la dura madera estaba pulida por el uso y arriba apuntando al cielo la hoja de bronce de casi veinte centímetros refulgía lastimando los ojos. La afilada saeta que abrió carnes y despejó vidas era el bastón del guerrero.
Una raída capa de cuero agujereada y debajo un pantalón de lino sucio y maloliente asiendo juego con una chaqueta de lino más oscura pero no menos sucia y apestosa. Sus botas eran de cuero rojo como todos los caballeros del reino, otro maldito reino dejado atrás.

Adelante, por la espalda, al costado, arriba, abajo, todo desierto y el sol mirándole llameante mientras comienza a caer el día sobre sus huesos cansados, la espada tintinea chocando su empuñadura contra la lanza. Quisiera dejar su bolsa pero algunos petates son de los pocos tesoros del guerrero aunque muera uno de estos días o a lo mejor una de estas horas.

Los buitres trazan círculos, malagüeros pero sin embargo esto significa que debe haber algo más o menos cerca porque no pueden estar en medio de la nada, a menos que sean alucinaciones.

Y le pica la barba, la boca seca como un cuero y las últimas gotas de agua que se deslizan por la garganta que ya no siente casi y los ojos cansados que divisan como una silueta más negra en el horizonte y una cosa plana que se eleva que bien podría ser un oasis o que está a punto de desmayarse.

Lo segundo: desmayo y la sensación minutos u horas luego de ser llevado en andas y una discusión en otro idioma, sin comprender pero entendiendo que alguien quiere ayudarlo y otros no, que hay que matarlo y quedarse con las armas como si estas fueran un buen tesoro y solo son mierda.

Abrió los ojos, la boca ahora estaba dulce, alguien le dio agua, lo lavó y se siente mejor, mira al techo de telas marrones, es una tienda y escucha gemidos de placer o de dolor que pueden ser lo mismo.

La lanza descansa a un lado de su cuerpo, la han dejado por descuido o como señal de que no debe temer, también ve su espada y su sucia bolsa y más allá a unos metros un hombre penetra por el trasero a una mujer de piel negra que gime y pide a gritos que la saque porque le duele demasiado.

Kamiki trata de sentarse y una mano blanca le ayuda, es una muchacha, casi una niña semi desnuda, solo tiene un collar de piedritas verdes que brillan cuando el sol se cuela por la entrada que movida por el viento levanta su cortina. También lleva una túnica casi transparente blanca, tiene pequeños pechos de aureolas anchas.

__ ¿Vienes del Oeste caballero?
__ De Kangai si.
__ Yo soy Sandita, la hija de Camarcan, aquél señor que está disfrutando a una de las esclavas.
__Ya lo veo, me llamo Kamiki, guerrero desocupado.
__ ¿Desertor?
__ Exiliado.
Ella sonríe porque sabe que le puede mentir.

El hombre quita su pene y la mujer se deja caer desde las rodillas sobre los almohadones, le salen hilos de sangre de entre las nalgas brillantes de sudor.
El hombre se pone sus pantalones de seda negros y se ajusta el cinto de oro mientras se arregla el turbante, tiene el pecho denudo y cubierto de pelos negros como sus ojos.
__ ¿Se despertó el salvaje?
__ Se llama Kamiki y es de las tierras del oeste…exiliado. __Ella lo presenta sonriendo mientras se acerca a la esclava y le examina el culo. __ ¿Te duele?
__ Estoy bien mi sehorita, solo un poco, gracias.

El hombre del desierto es dueño de toda la soberbia de los que tienen el poder sobre sus semejantes, se acerca y toma la lanza de su costado para examinarla, toca la punta de la hoja con sus uñas cuidadas y sonríe.
__ ¿Has matado a muchos perros con esto?
__ No tanto, más bien hombres.
El hombre del desierto sonríe y bate las palmas mientras dos esclavas tan negras como la ultima entran a la tienda trayendo vino y dátiles.
__ Bebe mi amigo que Camarcán el grande te ha dejado vivir porque tu tendrás una misión para agradecerle a menos que quieras volver al desierto, tu decides buen hombre. __Le guiño un ojo con malicia y bebió vino de una copa de refulgente plata.

Kamiki se viste, le han dejado ropa nueva, un pantalón de lino verde desgastado, sus propias botas y una chaqueta negra con arabescos labrados en dorado. Les agradece con gesto preocupado porque teme haber caído en una trampa, más poco puede decidir sobre su vida en esos momentos, sobretodo porque al mirar de reojo afuera ve a muchos guerreros de turbantes azules y alfanjes brillantes.

__ Come infiel, que te necesito fuerte, además quisiera saber algo…
__ Dígame señor.
__Eres educado, eso me gusta. __Lo golpea amigablemente en una pierna. __Quisiera saber si crees en los monstruos o en los demonios.

Kamiki bebe vino sintiendo que vuelve a la vida todo músculo y todo cuerpo mientras mira a la negra que se viste y se va cojeando carpa afuera. La muchacha, la hija del señor se sienta en medio de ambos dejándole ver su bello púbico al cruzar las piernas.

__He visto cosas muy extrañas desde mis tierras y bajando por los estrechos, también me han contado de entidades que se mueven en la noche o se esconden en cuevas olvidadas.
__ ¿Has visto a los muertos levantarse?, Quiero que me contestes con la verdad soldado porque de eso depende tu vida. __Su rostro segundos antes sonriente se volvió sombrío mientas se atusaba los gruesos bigotes, su hija retiró la vista y miró de reojo la espada de su padre.
__ No, nunca vi a un muerto moverse salvo a los soldados de Torquistán quemados en la batalla de Carpatia allá en los llanos, pero creo que era cosa del fuego y no de la magia…mi señor.
__ Tenemos fronteras con Torquistán, son una raza taimada pero su emir es mi primo y debo mirar para otro lado cuando invade las tierras frías, de todas formas mi interés no es que escuches maledicencias familiares sino que completes una misión muy delicada para la que te pagaré lo que me pidas.

__Estoy a sus ordenes, ustedes me salvaron la vida.
__ Me agradan los hombres agradecidos, mis soldados te trajeron medio muerto. ¿Sabes que dormiste durante dos días con sus noches y que dos de mis hijas te bañaron?
Kamiki miró a Sandita y tuvo que refrenar una erección inminente al pensar en sus blancas manos limpiándole el cuerpo con un paño húmedo.

Necesito que vayas al norte donde encontrarás un oasis oscuro, casi olvidado de la mano de dios y me taigas una medalla que cuelga de una única tumba debajo de un grupo de palmeras, esa medalla era de mi padre el sultán de Camarcán IV llamado Keres y que fue muerto en la batalla de los cien días y enterrado allí por el bastardo de Samakron el negro.

__ ¿Y por que no manda a sus hombres por ella?
El hombre del desierto miró al techo de la carpa y lanzó una carcajada.
__Perdí la cuenta de los hombres que osaron ir por mi presea y ninguno ha vuelto a excepción de un escudero que sobrevivió balbuceando sobre un lagarto negro gigantesco que cuida de la tumba y mata y devora todo lo que ose acercarse.
__ Un lagarto de escamas negras… escuché historias sobre su peligrosidad pero los creía extintos, debe ser interesante hundir mi espada en sus entrañas. __Dijo Kamiki como meditando en voz alta mientras comía dátiles y bebía vino, el estómago lleno le daba valor, había dejado atrás los momentos en que su esperanza declinaba muerto de hambre y de sed en el desierto.
__ Puedes llevarte a los soldados que quieras, pero me parece que eres de los que trabaja solo, al menos dame el placer de cogerte a mi hija esta noche, si creías que no noté que se te paraba mientras la mirabas es que no merezco ser el sultán de estas tierras. __Se atusó el bigote y le tocó uno de los breves pechos a su hija que posiblemente estaba acostumbrada a tales muestras de afecto porque solo se limitó a sonreír.

El resto de la tarde afiló su lanza, su espada y su daga, comió lo suficiente y al recorrer el enorme campamento se percató del enorme poderío de Camarcan, a lo lejos divisó otros campamentos y pensó en que estaban seguramente en medio de una posible guerra con alguna de las naciones fronterizas pero de todas maneras no era asunto suyo.
Los soldados con sus gestos adustos y sus turbantes azules miraban al extranjero, algunos con rostros inexpresivos y la mayoría con cierta repulsión. Eso a Kamiki le importaba una mierda.

Junto a la tienda principal encontró que allí dormían seis de las casi cuarenta hijas del sultán, algunas eran de piel color aceituna y otras blancas como la leche tal el caso de Sandita que salió a su encuentro cuando intentaba entrar a una de las carpas.
__ ¿Estás perdido?
__ Creí que era la mía, ahora veo que es aquella de allá, lo siento.
Ella sonrió, seguía con la túnica semi transparente, sus sandalias eran muy finas con tientos que cruzados llegaban casi a las rodillas. Sus cabellos eran negros como los de su padre pero tenía un rostro fino de mentón delicado y nariz aguileña pero de una perfección prístina.
__ Tu padre me dijo que tu y yo…
__ Me encantaría que me hagas el amor, he pensado en ello desde que te bañamos luego de encontrarte en las arenas. Pero debo serte sincera: soy virgen.

Viendo su soltura al caminar entre los campamentos plagados de armas y soldados nunca lo hubiera pensado, eso también significaba el enorme poder de Camarcan quien podía tener a parte de sus hijas absolutamente intocadas en medio de cientos, tal vez miles de hombres de guerra.
__ ¿Nunca te tocó un hombre?
__ Soy virgen, nunca entraron en mi nido, pero no soy idiota, tengo boca, tengo manos y tengo trasero.
Kamiki sonrió, luego la sonrisa se tornó en carcajada y entró a su tienda seguido de Sandita que se desnudó y luego le quitó la ropa para tomar su pene entre sus manos blancas y delicadas.

Fue una buena noche, ella lo hacia por primera vez de ese modo y con un hombre de piel amarilla de los que tanto había escuchado mencionar a sus compatriotas.
__ ¿Como es tu país?
Mi país es de amplias llanuras fértiles, suaves ondulaciones y montañas lejanas con sus picos nevados, lo recorren innumerables ríos y arroyos donde hay animales de plumajes coloridos y también hay bosques hermosos donde al escuchar los pájaros puedes sentirte en medio de otra dimensión.
__Entonces: ¿Por qué lo abandonaste?
__ Porque hay hombres en mi país que se han adueñado de la libertad de los míos, han matado y asesinado para perpetuarse en el poder y yo debí abandonarlo porque era inútil oponerse, ellos eran miles.
La chica pensó inmediatamente en su padre.

Al amanecer montado en un musculoso caballo color ceniza tomó camino al oasis maldito con sus armas refulgentes y tras saludar a la niña y al sultán o emir: Camarcán
Unas horas después el calor hizo que descabalgara y compartiera el agua con el equino, en el horizonte divisó lo que sería el mencionado oasis, el lugar de la tumba, la medalla y el lagarto de escamas negras.

__Te pagaré lo que pidas, cien monedas de oro, doscientas, lo que quieras, si quieres llevarte a Salema, a algunas esclavas, todas son tuyas, pero tráeme la medalla de mi padre.
Kamiki pensó en la piel blanca de salema, en sus labios salados, en su noche cuando ella entrelazó sus piernas sobre su cuello y el entró despacio pero duro como una adarga en su castillo peludo y caliente hasta que su puente levadizo calló en una catarata de sangre y placer.
__ ¡Llévame contigo y hazme tuya para siempre! __Le dijo llorando de gozo.
__ Soy un mercenario, pronto te cansarías de una vida de necesidades y peligros, quédate con tu padre, solo pediré oro.
__ ¡Ojala que el lagarto te devore como a los otros entonces!

Kamiki esperó que cayera el día en lo algo de una duna con el pecho a tierra, antes había maneado al equino y le había atado con un pañuelo la boca para que no relinche, también había buscado su ubicación contra el viento para que su olor no llegue al oasis que no era tan pequeño cuando lo comenzó a examinar usando un pequeño catalejo.

Cuando el sol era casi una línea en el horizonte se levantó un viento frío y las arena le cubrieron la visión por un instante, cuando el paisaje volvió a dibujarse vio con su aparato que al lado de la tumba que Camarcán le había mencionado algo se arrastraba y poco a poco comenzaba a tomar la forma del supuesto monstruo.

__No parece tan fiero. __Se dijo para darse valor pero en verdad iba a ser la primera vez que se enfrentaría a una criatura de tal tamaño, casi del doble de los lobos que acosaban su vieja granja allá en las llanuras de su pueblo.
Pensó detenidamente en como enfrentarlo y no le quedó otra idea que ir caminando lentamente con su espada entre las manos y la lanza atada a su espalda, por un momento pensó en llevar el escudo pero temía que fuera más un obstáculo que una protección.
Lamentablemente cuando caminó unos trescientos metros comprendió que había cometido un gran error al no tomarlo porque el lagarto era realmente inmenso y tenebroso.

Se retorció rascándose contra una de las palmeras y levantó la cabeza como oteando el aire, su lengua bifurcada despedía una baba amarilla y sus seis patas estaban armadas de largas uñas del mismo negro que el resto de su armada piel.
En determinado momento los ojos de Kamiki se encontraron mirando a los ojos de serpiente del animal.
__ Déjame llevar esa medalla que cuelga de la tumba y te perdonaré la vida.
__ Debes ser un humano especial para hablarle a la bestia que te va a devorar en unos instantes.
Kamiki recordó que algunos animales fantásticos cuentan con la facultad de comunicarse con los hombres, así lo había leído en los manuscritos de las montañas pero recién ahora comprobaba que esto era cierto.
__ ¡Vengo en nombre de Camarcan el señor de estas tierras a recuperar algo que pertenecía a su padre!, ¡Hazte a un lado o te corto la cabeza!

El lagarto tomó la medalla conservándola entre las uñas de una de sus patas delanteras, se incorporó sobre las cuatro restantes y levantó su larga cola con gesto amenazador. Kamiki envainó su espada y tomando la lanza la asió fuertemente apuntándole a la cabeza, lo tenía a unos veinte metros.
__ Eres o muy valiente o un suicida, solo tendrás una oportunidad humano.
__ Con eso me basta. __Le dijo y poniendo su pie derecho por delante lanzó con todas sus fuerzas la saeta que dio de lleno en medio del pecho del lagarto que ya estaba en medio de un salto para caer sobre él. Inmediatamente se tiró a un costado y asiendo su espada le hundió no bien había caído la larga hoja a un costado de la cabeza serpentil.

La bestia lanzó un bufido, solamente había rasgado la capa del guerrero antes de caer moribunda.

__Llévale la medalla a Camarcán y si tienes agallas pregúntale que tipo de magia utilizó para transformar a su propio padre en este monstruo que acabas de abatir para quedarse con su reino.
Kamiki pasó la noche junto al fuego, no podía evitar mirar al cuerpo inerte del monstruo y a la tumba vacía y sentir que aunque haya recorrido miles de kilómetros, en cualquier tierra, los hombres siguen siendo viles.

FIN

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s