No me importa si fue Penal

375-10No me importa si fue penal
Por: Darío Valle Risoto

Hace unos años un amigo me acercó la fotocopia de un artículo de Umberto Eco que ya lamentablemente perdido no lo he podido encontrar por más que lo he buscado aún en Internet. Dicho artículo era una irónica historia sobre él mismo subido a un tren y siendo presa de una conversación con un individuo sobre un tema que según parece es universal y casi insoslayable: el fútbol.

En esta anécdota Eco se preguntaba si la conversación pudo haber sido por ejemplo sobre arte y por ejemplo una cierta ejecución de una orquesta tratando de determinar tales o cuales instrumentos y la participación de los músicos, ejecutantes y director. Pero no, esta conversación fue sobre fútbol y el diletante de antemano lanza un tema quizás previendo que todos gustan de él y por lo tanto será apasionante para ambos.

Muchas veces me ha pasado y todas estas me he encontrado en la disyuntiva de ser sincero y decirle a quién me intercepta con este tema que no me interesa o tratar de parecer interesado por ejemplo en la última victoria de nacional, la capacidad de la celeste de clasificar para el próximo mundial o la trayectoria en el Barcelona de un jugador del que no conozco ni siquiera la cara que tiene.

Nada, absolutamente nada me interesa este deporte que ya hace tiempo ha dejado de serlo para transformarse en un enorme negocio que fagocita personas y devuelve estúpidos fanatizados por determinados colores y/o nacionalismos. Nunca me arrastró la marea de sentirme perteneciente a determinado cuadro, club o de estar identificado como oriental, uruguayo o lo que sea porque se logró algún puesto en cualquiera sea la copa de barrio, continente o de la galaxia.

El fútbol es una suerte de religión que convoca a pensadores y presidentes y exacerba aquellos instintos primarios tribales que a nada bueno nos conducen como personas y nos acercan a los criterios primordiales donde la tribu más poderosa vencerá a la más débil o en cambio se logrará la triste hazaña de que el cuadro menos calificado por una razón absolutamente azarosa venza a los favoritos del caso.

He caído en las garras de tremebundas conversaciones sobre fútbol tanto en ámbitos de trabajo como en institutos de estudio y debí permanecer absorto escuchando como el fanatismo comienza a traspasar las ideas para competir sobre quien tiene mayor cantidad de copas o los mejores colores, la hinchada más numerosa y hasta el estadio más grande, cuando no de que club es el decano y toda una suerte de tonterías que parecen la conversión de niños de cinco años sobre sus mejores juguetes.

Me ha tragado una insoportable atroz nube de aburrimiento escuchando a tipos pelearse sobre la posibilidad o no de que aquello fuera penal, de que hubiera posición adelantada o de que tal o cual juez estuviera comprado o fuera un vendido o una sarta de cosas por el estilo sobre un juego, si sobre un juego donde se tata de tener más goles de un lado por sobre el otro para ganar la enorme gloria de eso mismo: ganar un juego.

Y no solo hay una enorme cantidad de programas de televisión, de radio, revistas y sitios de Internet sobre fútbol que encima de ello hasta en programas que no se tratan de este tema se habla de fútbol tal como si de una invasión se tratara. Para colmo cuando se habla de este tema no se detiene nadie y se sigue y sigue repitiendo lugares comunes escuchados por quién suscribe desde siempre y lamentablemente para siempre según parece. Por increíble que parezca hay gente que conoce detalles de partidos, campeonatos y series desde años inmemoriales, nombres de jugadores, de técnicos, los marcadores y hasta anécdotas triviales como que jugaron a cierta altura o fue el gol número tal de aquel centro delantero que ahora juega en equis club.

La publicidad me ofrece juntar cierta cantidad de cupones para ir a conocer personalmente a ese jugador millonario que apenas sabe hablar pero tuvo la suerte de ser transferido a Europa y ahora es un nuevo rico aunque solamente sea bueno pateando la pelota. No me interesa, como tampoco me interesa ponerme una camiseta con su nombre o comprar esa afeitadora que usa el otro que también tuvo la suerte de ser una especie de primate goleador y que le ganó a miles de botijas que se quedaron en el potrero esperando el milagro de ser ídolos para una turba indiferenciada de personas iletradas y no tanto.

El futbol no es solamente el solaz y la locura de los tontos, he escuchado a personas muy inteligentes caer en el embudo del gusto por este deporte mundial que ocupa para muchos el centro de sus vidas y la define de principio a fin al grado de que podrá estallar una revolución cualquier día pero nunca durante una final de una copa o cuando juega su cuadro preferido.

Cuando era niño me preguntaban de que cuadro era y yo contestaba: de Peñarol, porque me gustaban sus colores, una sola vez los fui a ver con mi padre al estadio centenario con unos doce años y me pudrí como un condenado y después tuve un vecino que me llevaba a ver los partidos de inferiores del Club Nacional de Fútbol donde jugaba su hijo, quizás con la esperanza de que me pase a ese cuadro pero también me aburría a grados proverbiales, me dejó de llevar y hasta me ofendió diciéndome que seguro me habían dado muchos caramelos para ser de Peñarol. Un completo idiota el tipo.

El otro día vi a una chica muy atractiva que tenía tatuado el nombre de su cuadro en el brazo y me dio lástima, de verdad, creo que porque parece una chica inteligente y tal vez lo sea, como también todos los que en las redes sociales tienen interminables contiendas sobre el fútbol a grados que pocas veces son agradables y mucho menos respetuosos. Quizás lo bueno de todo esto es que este tema nos ayuda a conocer a quien tenemos delante y no porque siga a tal o cual cuadro sino por todo lo que está dispuesto a hacer en su honor.

Con los años me doy cuenta de que mi vida social se ha restringido bastante por ser anarquista y ateo pero por sobre todas las cosas porque detesto el fútbol y no puedo ver un solo partido sin dormirme a los cinco minutos sea cual sea, tampoco me puedo asociar a la idea de que unos tipos de camiseta celeste me representan aunque canten ese himno que se me impone solo porque nací de pura casualidad aquí, no me mueve ni una pestaña que ganen o pierdan pero si me molesta bastante que como a Umberto Eco cualquier individuo anónimo piense que debo interesarme o saber lo que ocurre sobre este tema solo porque soy un ser humano.

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One thought on “No me importa si fue Penal

  1. Onetti ya nos avisó sobre que la estuipidez humana es un abismo insondable y el futbol ya parafernalia en que está inmerso permite experimentarlo reiteradamente

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