No sos vos, soy yo

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No sos vos, soy yo.
Por: Darío Valle Risoto

Una mañana cualquiera de esos días opresivamente húmedos y calurosos Amanda cruzó las piernas en la cama acostada sobre su lado izquierdo como solía hacerlo habitualmente. Lo primero que notó al despertarse fue la ausencia del cuerpo grueso y pesado de Pedro e inmediatamente recordó las palabras: __No sos vos, soy yo. Y se sintió inmensamente triste.

Tanteó la mesa de luz y se percató de que había dejado el libro de Dickens sin marcador anunciando la parada en su viaje entre los vericuetos de palabras que anuncian acciones y describen lugares y personas. Hormiguitas de paseo sobre sábanas blancas que envían mensajes de tristezas y alegrías a quienes sepan seguirles el camino.

Se sentó en la cama y pisó las baldosas frías mientras su gata la miraba lamiéndose una pata y ronroneando al notarse a la vez observada por esa cosa despeinada que solía ser un ser humano pero que ahora más parece un estropajo usado.
__ El gordo se fue. ¡Habrá que hacer de tripas corazón! __ Le dijo a la gata mientras se rascaba el culo y caminaba despeinada con su bombacha decolorada y sus tetas caídas hasta el baño.

__ No sos vos, soy yo.
__ Gordo de mierda
__ Cómo lo extraño
__ Todavía tengo algunas cosas en su sitio.__ Se mintió viendo a una veterana destruida en el espejo y tratando de arreglarse ese pelo caprichoso de mierda que forma bucles donde no debe y laciados donde no se llama.

Pensó en que el lunes comenzaban las clases y de vuelta a tratar de meterles algo de conocimientos a treinta desorejados de mal aspecto y peor disposición para la lectura, las matemáticas y todo lo que signifique cultura. El año pasado le habían ofrecido el puesto de ascripta en un liceo de Durazno y no lo aceptó para no separarse del gordo.
Pero no era ella, era él. Maldita diferencia.

Se peinó disgustada con el pelo, su nariz en punta y sus ojos uno un poco más chico que el otro, felizmente nadie lo notaba y si lo notaba la puta que los parió a todos, incluida Zulema su amiga. La misma que le había presentado a ese gordo de mierda hacía un año y medio ya.
__ Es un poco bruto pero buena persona. __Pavada de curriculum para un pelotudo que era el y no ella, no sos vos, soy yo y claro. El va al estadio, el se mama, el le llegó a pegar un par de veces, el se viene a los treinta segundos y ella insatisfecha pero con macho en la casa que no es poca cosa.

Amanda se lavó los dientes y pensó en que tiene que ordenar la carpeta para el año que ya comienza, que ahora ya sin hombre podrá tirar la chancleta y salir a una bailanta a algo donde encontrar a ese príncipe azul…
Azul, azul era la remera que tenía el gordo cuando le dijo no bien ella legó a la casa que se iba que había otra que lo perdonara pero que no era ella, era él.
__ Que te garúe finito. __ Le aconsejó y el gordo se fue llevándose sus porquerías mientras ella se quedaba llorando toda la tarde más por el desperdicio de casi dos años con ese mequetrefe que por volver a quedarse con su gata en esa casa espantosa y vieja.

Lo volvió a ver una tarde mientas despedía con una sonrisa dibujada a los niños al salir de la escuela, ya pasados un par de meses se sabía quienes de la clase iban a terminar en cana, cuales muertos a tiros y quienes laburando de sol a sol para ser unos perfectos perdedores.

Y allí estaba el gordo apoyado en la Ford colorada esperándola con cara de perro arrepentido.
__ Amandita…
__ No me toques. __ El retiró la mano como si el brazo de la maestra lo quemara.
__ Quiero volver, te extraño.
__ ¿Y Juanita?
Se puso rojo y comenzó a temblar, la algarabía de los niños les envolvía como un enjambre de abejas, trató ella de seguir caminando pero bueno era no dejarlo impune ante tanta cosa al pedo que había hecho.
__ Yo te quiero flaca, no me hables de esa loca, vos sos lo único en mi vida.

Pasaron dos madres y miraron de arriba abajo al gordo con la panza asomando debajo de una remera engrasada, el tipo era mecánico y por ende un sucio irreparable.
__ Estoy cansada ¿Sabes?, tengo cuarenta y ocho años y nunca, pero nunca, jamás encontré a un tipo que sirva para una mierda, pero vos…
__ ¿Qué flaquita? __ Le dijo acercándole esa mano de dedos regordetes y uñas negras.
__ Vos sos el peor pelotudo que se me pudo cruzar en la vida, yo en tu lugar me mataría pero no te preocupes que si seguís chupando te queda muy poco y además sos un desastre en la cama con esa pichila de dos centímetros y tu asqueroso olor a aceite de motor que no se te quita con nada… así que no te molestes… y una cosa más.

Pedro cambiaba de color más rápido que los semáforos de la calle Garibaldi.
__ No sos vos, soy yo y en este caso… si soy yo y ojala revientes.

El gordo se quedó temblando como una hoja, Amanda recordó que tenía que hacer algo con su pelo, ir a la peluquería un día de esos y terminar definitivamente su amistad con Zulema.

FIN

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