El Fretacho (Cuento)

contraluz-13

El Fretacho *
Por: Darío Valle Risoto

Había un calor empalagoso, las cortinas parecían fosilizadas cubriendo la ventana a la calle del agobiante sol que igual penetraba en un resplandor asqueroso. El ventilador pequeño y vetusto era más que utilitario un acto de fe para la frente perlada de sudor de Roberto que yacía respirando dificultosamente sentado en su cama.
Manoteó la caja de Camels sobre la mesa de luz y se le cayó “el pozo”, el fino libro de tapas duras hizo un ruido seco como quejándose de su mal tacto.
No lo levantó y apoyó sus pies en el piso sucio de baldosas que solían ser amarillas, la gata tirada más allá trataba de robarles algo de fresco con su pelaje negro y distante. Lo miró con ojos enigmáticos y le hizo una guiñada.

__ ¿Qué te pasa?
Nunca le contestaba, a lo mejor una suerte de dudoso ronroneo pero ahora este sería opacado por el puto ventilador que hacía más ruido que aire.
Encendió un fósforo y prendió el cigarro, las dos o tres primeras pitadas del día eran la gloria, después solamente era fumar uno tras otro. Levantó el libro de Onetti y lo tiró sobre una silla donde se apoyaban un pantalón arrugado y el diario de hacía tres días.
__ Libro de mierda, yo pude hacerlo mejor. __Dijo a nadie y nadie le contestó.
La mesa de luz no estaba menos sucia que el resto del pequeño cuarto, sobre una biblioteca absolutamente anárquica descansaba una botella de Mac Pay, por suerte tenía casi un cuarto de contenido, la tomó y se empinó el whisky barato y tibio, lanzó una maldición, tomó aire y siguió bebiendo.

Buscó las gastadas alpargatas como gemelas destruidas por la rabia y la ira que se calzó a desgana, fue hasta el baño y miró a esa cara que nunca la había gustado y luego de la permanente caída de cabello y la flacura cancerígena mucho menos.
__ Acá estamos Robertito, otro puto día.
Pensó en el diminutivo, todo el era un diminutivo: hombrecito, escritorzuelo, viejito de mierdita, carajito y la conchita de su madre.

Habría que afeitarse al menos por la patria, la última gillette brillaba en su pequeño sobre, fue hasta la cocina y llenó la pava de agua, las cañerías se quejaron extrañadas y luego le puso alcohol al Primus, lo prendió y le dio bomba, la llama azul recibió el culo de la caldera para calentarla.
Con el agua caliente llenó una taza, mojó la brocha, luego la pasó por el jabón y se embadurnó la cara, dejó que los poros se abrieran, siempre y cuando le quedaran algunos, y armó la maquina para afeitarse, se le cayó un tornillo y al agacharse para tomarlo casi toca una cucaracha que corrió despavorida.
__ ¡Me cago en dios!
Al volver a incorporarse su columna se quejó como una vieja puerta que raras veces se utiliza, como la mazmorra de un castillo, como una monja con el culo virgen.

Afeitarse le daba cierto placer, parecer un poco más prolijo no era su menester precisamente cuando se cagaba en el mundo y su circunstancia, pero había que ir a la editorial un día de estos para recoger alguna plata o todo se iba a poner peor.
Terminado de afeitar se miró con gesto inconspicuo y se arregló el bigote con una pequeña tijerita, luego se peinó desganado y se acarició la pelada que coronaba una cabeza mediana de arrugas nuevas y viejas.
Se tiró en el sofá del living que estaba viejo y casi destruido por las uñas de la gata. Al principio se calentaba pero después pensó en que los bichos son bichos.
Prendió la vieja televisión Punktal y tuvo que pararse para arreglarle el horizontal, había comenzado las noticias, eran las ocho de la noche y el recién se levantaba de la cama.

__ “Promediando la tarde de ayer las fuerzas conjuntas allanaron un local del partido comunista y encontraron profusa documentación subversiva…ampliaremos”

Fue hasta la cocina mientras seguía escuchando las noticias y luego los avisos de Bracafé, Odol y de las farmacias de turno.
__ ¿Qué es para estos putos ser subversivo? __Pensó mientras volvía a calentar agua para tomarse unos mates.
__ ¿Claudia era subversiva?… Seguro que lo era. __Sonrió recordando aquella tarde en la Habana intentando en vano entrevistar al Che para una radio de Buenos Aires, allí la conoció. “Un uruguayo y una argentina se reconocen solo con verse, ni es necesario hablar, es como si fueran las dos caras de una misma moneda.”

__ ¿Qué haces en Cuba?
__ Soy agente de la CIA. __Le dijo, y ella lo miró entrecerrando sus ojos.
__ ¿No se supone que deberías mantener el secreto?
__ Creo que voy a renunciar, ya hace tiempo que los yanquis me tienen harto.
__ ¿Mucho John Wayne?
__ En realidad vine con las brigadas del partido comunista, pasé dos meses recogiendo caña en el oeste. __Le mostró las manos agrietadas y llenas de marcas.
__ ¿Así que bolche?
__ Tampoco: me afilié por una piba a la que le arrastraba el ala pero ella no vino… mujer inteligente, me enroló para esta mierda y desde el primer día me di cuenta que la revolución solamente me interesa en el plano intelectual. Igual aguanté dos meses, dentro de una semana me vuelvo a Montevideo y no pienso regresar en mi puta vida a este infierno.

Claudia era una joven inteligente, tenía un lunar sobre los labios casi a la derecha, ojos oscuros y cabello negro atado en un moño con una cinta roja. Roberto no podía evitar que su mirada viajara de sus ojos al lunar indistintamente.

Pero Claudia había muerto hacia un par de años y era una mierda volver a recordarla mientras sacaba la pava del Primus, lo apagaba y preparaba el mate con algo de la yerba que ya era escasa en el paquete de Armiño.
El primero estaba espumoso y horrible, después mejoraba, pitó lo último de su cigarro y lo enterró en un cenicero de plomo con forma de herradura.

Caminó con el mate en la mano hasta la ventana y miró a la calle, abajo a unos cuatro pisos la avenida dieciocho de Julio comenzaba a iluminarse, mucho milico en la calle, poca gente caminando, típico Enero donde todos se van a la mierda para jugar a descansar.
Todavía estaba en calzoncillos, no le gustaba andar vestido al pedo y menos con ese calor agobiante enmarañado, terrible.
Los “leylands” lanzaban su humo denso, ellos también fumaban y fumaba el tipo leyendo “El Día” sobre la esquina que daba al London Paris pero del lado de acá, también fumaba el y todos trataban de pasar el rato en un rato malo, en un rato feo para el país.

__ Pero Méndez, no le podemos publicar esto… usted sabe.
El idiota gordo de mierda de la editorial: “Madreselva” es más censurador que Hitler y Mussolini con Franco a la cabeza, no quiere meterse en problemas y ve sedición en cualquiera de sus cuentos. Roberto sonríe, agarra el cheque por las regalías de. “Las dos torres” y se va chiflando bajito, ya antes le rechazaron cosas, es cuestión de fretacharlas un poco, arreglarles la cara, darles vista de cuentos buenos, de novelas funcionales para el sistema, ese es su segundo oficio: Fretachero.

El infeliz se cree que piensa como los milicos pero es que los milicos no piensan, solo golpean, torturan y matan…si sabría Claudia.

FIN

  • Fretacho: elemento utilizado en albañilería para emparejar superficies desiguales como pisos o paredes
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