El miedo a la oscuridad

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El miedo a la oscuridad
Por: Darío Valle Risoto

De niño le tenía miedo a la oscuridad hasta que mi padre apagó las luces y se sentó a mi lado y me dijo que en mi cuarto había las mismas cosas de siempre, solamente que no las veía, que los monstruos no existen y que los muertos no hacen daño, solamente los vivos.

En determinado momento de mi niñez no sé por que motivo creía en dios, era un dios raro algo entre fuerza invisible y la necesidad de tener una especie de amigo imaginario ya que soy hijo único. Afortunadamente fui creciendo y el sentido común y la lógica fueron tomando el comando de mi vida aún en aquellas cosas en que los sentimientos me jugaron una mala pasada.

Desde niño mi personaje de ficción preferido ha sido y lo sigue siendo: Superman, junto a él el Sr Spock de la serie: Star Trek es mi otro personaje favorito. cada uno con una suerte de filosofía en mi vida que me ha hecho muy diferente a mis semejantes. Por lo pronto siempre supe que son seres imaginarios creados para el entretenimiento pero aprendí mucho más de ellos que de la insoportable Biblia que por alguna parte de casa debe seguir durmiendo el sueño de los idiotas.giphy-2

De Superman adopté lo que llamo: “el síndrome del superhéroe” que es ni más ni menos que tratar de ponerme siempre del lado del sometido, del débil y del postergado contra los soberbios y los poderosos. Eso me ha ganado algún que otro problema por defender a aquellos que casi nadie o pocos defienden y por lo tanto para la sociedad son insignificantes. Del Sr. Spock sigo aprendiendo a despersonalizarme, deshumanizarme de todo aquello que es un lastre como ciertos sentimientos que me hacen débil y sometido al egoísmo de mis semejantes. No, no hay contradicción porque el ayudar no es amor sino una simple y sencilla forma de supervivencia de factores tan importantes como la dignidad y la vida, para eso no hacen falta religiones sino simple y llana lógica.

Retomando aquel niño temeroso de la oscuridad que fui, también tengo presente que mi vida siempre estuvo rodeada de cómics, cine, fantasías pero siempre supe cual es la realidad y cual no y por lo tanto el volverme cada día más ateo es comprensible y hasta necesario, además de escéptico en toda suerte magia, superstición, astrología, brujería y hechicería barata. Trato también de desprenderme de la ritualización de lo cotidiano que esta sociedad tiene como cualquier otra. Nada es mágico o sagrado más que la educación, la cultura y el respeto. Una vida impecable es el camino y la meta a seguir.

Pero como mi padre que apagaba la luz y me decía con su voz pausada que no existen los monstruos, me siento en la obligación de decirles a todos los que tanto creen en religiones absurdas y seres imaginarios que no existe nada y que los milagros no suceden por fuera de las leyes de la física y de la química. La ciencia es lo único que nos enciende las luces y la fe es creer en cosagiphy-5s imaginarias para engañarnos con que hay algo más allá de la vida y solamente hay muerte, vacío y olvido.

De nosotros depende que la vida real sea lo que valga realmente la pena no porque fabriquemos este o aquel dios, demonio o súper héroe sino porque actuamos con sensatez y sentido común gobernados por la lógica. Dejémosle las fantasías a los entretenimientos, no sigamos levantando altares sobre mentiras.393227_451407694909842_613424958_n

La obra Onegin por el Ballet del Sodre

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Onegin
Por: Darío Valle Risoto

Anoche viví la enorme experiencia de ir por primera vez a ver ballet y era de esas asignaturas pendientes que uno vaya a saber por que deja durante años, pero por fin se dio. Desde luego que sobre ballet no sé absolutamente nada pero si les quiero transmitir la gran sensación de estar frente a una puesta en escena de calidad inigualable a la altura de las mejores del mundo en el ámbito fabuloso del auditorio del Sodre que también visité por primera vez.

Por lo pronto la obra “Onegin” es una historia romántica con giros interesantes en la trama y todo ello con increíbles vestuario y escenografía y ni que hablar de un cuerpo de bailarines liderado nada menos que por su director: Julio Boca y está todo dicho. La música es de Tchaikovsky y si bien la historia en principio fue una narración poética, luego pasó a la ópera y ahora tenemos esta versión en ballet.

No puedo agregar mucho más a una experiencia realmente conmovedora e impactante que espero, si como yo han postergado, traten de cumplirla al menos una vez en la vida porque creo firmemente que toda forma de arte merece al menos una visita de la que seguramente uno sale enriquecido como me siento yo por más que no sea mi estilo preferido. Para finalizar debo agregar que para mi aparte del espectáculo de ballet tuve especial atención en la orquesta dirigida por el maestro Martín García que a mi me resultó realmente fabulosa por su gran calidad en la ejecución completando uno de esos momentos que jamás olvidaré.onegin-001

Eugenio Oneguin
Por Wikipedia

Eugenio Oneguin (en ruso: Евгений Онегин, en otra transliteración Yevgueni Oneguin) es una novela en verso escrita por Aleksandr Pushkin. Es uno de los clásicos de la literatura rusa y su héroe sirvió de modelo para una serie de héroes literarios rusos. Se publicó en forma de serie entre 1823 y 1831. La primera edición completa es de 1833, y la edición que actualmente es la versión aceptada se basa en la que fue publicada en 1837. Sobre esta novela, Chaikovski hizo una ópera.
El rasgo característico de la estructura poética de la obra es que está escrita casi por entero en tetrámetro yámbico con un esquema de rima inusual: “aBaBccDDeFFeGG”, donde las letras minúsculas representan rimas femeninas mientras que las letras mayúsculas representan rimas masculinas. Esta forma se ha llegado a conocer como la “estrofa oneguiana” (o “soneto de Pushkin”). Contiene 118 sílabas y está compuesta por 14 versos yámbicos de cuatro pies métricos cada uno.
El narrador es una versión idealizada del propio Pushkin, quien a menudo incurre en digresiones y mientras que la trama de la novela es bastante escasa el libro es más apreciado por cómo lo cuenta que por lo que cuenta. Esto es en parte por su narrador locuaz que el libro ha sido comparado con Tristram Shandy.

Sinopsis
Eugenio Oneguin, un dandy ruso que está aburrido de la vida, hereda las fincas en el campo de su tío. Cuando se traslada al campo hace una insospechada amistad: el poeta Vladímir Lensky que ha estudiado en la Universidad de Gotinga. Un día Lensky lleva a Oneguin a cenar con la familia de su prometida Olga Lárina. En esta reunión, la hermana de Olga, Tatiana (Tanya), joven señorita de provincias, aficionada a los libros pero poco sofisticada, a los ojos de Evgueni, se enamora de Oneguin. Una noche, Tatiana escribe, en francés, una carta a Oneguin confesándole su amor, y se la envía. Esto es algo que podría hacer una heroína de las novelas francesas de Tatiana, pero en la sociedad rusa se consideraba inusual que una joven tomara la iniciativa. A diferencia de lo que ella espera, Oneguin no responde a la carta. Los dos se encuentran en su siguiente visita, en el jardín de los Larin. En un discurso con tacto pero condescendiente, él rechaza las aspiraciones de la joven.

Más tarde Lensky, despreocupadamente invita a Oneguin al santo de Tatiana prometiendo una pequeña celebración con sólo Tatiana, su hermana y la madre de ellas. En esta fiesta Oneguin encuentra un grandioso baile que le recuerda el mundo sofisticado e intenso que ha comenzado a añorar. Para vengarse de Lensky (y divertirse) Oneguin empieza a flirtear y bailar con Olga. Lensky se marcha enojado y por la mañana lanza un reto a Oneguin para batirse en duelo. En el duelo Oneguin mata a Lensky, y abandona la vida en el campo dedicándose a viajar por Rusia con el fin de aplacar su malestar.

Tatiana visita la mansión de Oneguin donde lee sus libros, con notas en los márgenes, y a través de esto empieza a creer que el carácter de Oneguin es meramente una mezcla de diferentes héroes literarios y que no hay un “verdadero Oneguin”. Más tarde la familia lleva a Tatiana a Moscú donde ella es presentada en sociedad.

Algunos años más tarde, en una reunión de la alta sociedad de San Petersburgo, Oneguin se encuentra con un familiar suyo, el príncipe y general N (Pushkin no llega a revelar su apellido ni el grado de parentesco). Eugenio le pregunta por una bella dama que viste un sombrero rojo, la cual resulta ser la mujer del general. Oneguin queda sorprendido al comprobar que es la joven que él rechazó tiempo atrás. Tatiana ha cambiado mucho en este nuevo entorno, y su elegancia y naturalidad provocan un gran arrepentimiento en Oneguin. Él intenta conquistar su afecto, a pesar de que ella está ahora casada. Oneguin le escribe una carta y no recibe respuesta. Después de varias cartas y encuentros en sociedad, Oneguin no consigue llamar la atención de Tatiana. Evgueni decide declarar a Tatiana su amor pero ella lo rechaza en un intenso discurso en el cual le reprocha su propio sermón anterior. Tatiana admite tanto su amor por Oneguin como profesa la absoluta lealtad a su marido. En este punto Pushkin abandona a su desolado héroe y da por terminada la novela. Este incierto final, ha provocado muchas críticas de los lectores, entre ellos de Visarión Belinski.