El Correcto Pastor

landscapes-3-14El Correcto Pastor
Por: Darío Valle Risoto

De verdad que es un hombre muy capacitado en lo que hace, tiene a la gente realmente cautivada por sus palabras, cuando eleva la voz y a su vez levanta la Biblia con un brazo mientras con el otro señala a alguien, no es raro que estas personas sientan algo muy intenso que los puede llevar a: llorar, sentir enorme gozo o caer al piso y dar de gritos porque así parece que se pueden expulsar sus demonios.

Por otro lado he visto a mucha gente Ignorante, pobre y solitaria por la vida, pasto propicio para que aniden en su ser esas ansias fantásticas de milagros, mártires y santos. Y vuelvo a preguntarme si de verdad tengo algún derecho al intentar quitarles esas vendas negras que les cubren los ojos.

Prohibiciones, pecados, dolor, enfermedad y muerte, todo un mambo con que tratar de que ese grupo de hombres, mujeres y niños sigan el camino del señor, por supuesto que el pastor sabe como y donde deben gastar sus pocos dineros o sus casuales valores.
Una señora donó su casa, como por arte de magia apareció un escribano y escrituró su pequeña casita con jardín en Nuevo París a nombre del pastor. Por supuesto que el templo tiene la suficiente paciencia y don de gentes para esperar que dios se lleve a la anciana y luego reclamará su propiedad ante parientes y amigos asombrados, si es que alguno le queda a la pobre.

Dios lo da y dios lo quita, así parece y como por parte de extraños designios este hombre antes un completo inútil frente a la vida pero con un poco de viveza, supo aprenderse algunos salmos, proverbios, parábolas y desplegar toda su joven energía en enseñar el camino. Usa una jerga profesional que implica una forma sutil de utilizar términos como: samaritanas, testimonios, proverbiales, mártires, vírgenes, Babilonia y por sobre todas las cosas le gusta mucho usar: “sodomitas”. Palabra que pocos comprenden que significa pero que en su voz ostentosa, decidida y con acento portugués cobra una fuerza celestial. Si se me permite.

Y luego de asistir unos cuantos domingos me le acerqué y lo saludé, el pastor da la mano con firmeza y te mira a los ojos como su supiera que tenés adentro. Le dije que era periodista y que me gustaría conocer las historias de su iglesia, me aclaró que son evangelistas y que le llaman parroquia o templo o tal vez “salón” al lugar.
Me contó de la gente, de los milagros, de enfermos que se curan por la mano del señor, la misma mano que vi apretar fuerte las frentes arrugadas mientras con los ojos cerrados el pastor gritaba: __ ¡Estás curado hermano!

Nunca vi crecer de un muñón una pierna nueva. Pero si a un señor dejar su bastón porque el pastor le había sacado el demonio que lo había dejado casi tullido. De verdad parecía convincente más creo que a ese hombre ya lo había visto en la iglesia de “pare de sufrir” pero con otro bastón.

Poco a poco le cambia la cara cuando le hago preguntas incómodas y rápidamente me sacan del lugar dos tipos de trajes negros e impecables camisas blancas, con gestos firmes me muestran la puerta y me dejan en la calle.

Afuera me pongo a leer los carteles de publicidad que seguro escribieron algunos parroquianos porque están sucios y desprolijos aunque suelen ser efectivos como ese que dice: __ “Yo soy la luz y soy la vida” con el dibujo de un Jesús absolutamente caucásico y de ojos azules.

Me voy al Bar del frente y miro al templo, un buen rato después la gente comienza a salir, yo estoy bien en frente junto a la ventana abierta, hace calor y la brisa apenas mueve las hojas de los plátanos. Veo a gente mayor salir con dificultad, a jóvenes muchachas de largas polleras y a chicos corriendo por aquí y allá, todos pulcros, algunos aprietan sus biblias entre las manos.

Cuando el pastor sale se despide de sus “guardaespaldas” aunque supongo que será mejor llamarles: “Ángeles guardianes” y caminó hasta la esquina donde subió a su precioso BMW blanco y se fue.

Tuvo la suficiente paciencia para quedarse luego “del culto” hablando, reconfortando a la gente, siempre sonriente, inmaculado, bien peinado y con una aureola de tipo especial que seguramente será producto de mucho ensayo frente al espejo y largas horas leyendo y releyendo ese magnífico compendio de mentiras que llamamos: La Biblia.

Una de las señoras que salio del templo cruza y viene derecho a mi, es una anciana de pequeña figura, pelo color plata y arrugas fabulosas. Me mira y me pregunta si soy periodista, le digo que si mientras mira mi plato con sándwiches calientes y mi jarra de cerveza. Le pregunto si puedo invitarla con algo y me agradece pero no, creo que se sonrojó pero es difícil saberlo.

Me dice que el pastor es buena gente, que ella vive sola y gracias a la iglesia, ella le llama iglesia, que gracias a la iglesia reencontró el camino y que cuando se muera va a irse al cielo agradecida de todo lo que le dio la vida.
Le contesto que yo trataré de irme igual pero que soy absolutamente ateo, me inquieta entonces su tristeza, su mirada perdida en mí como si fuera un hijo perdido.
Entonces le digo que yo creo en la ciencia y que gracias a ella hace veintisiete años estoy vivo tras la cura de un tumor, que nunca necesité ni rezar ni creer en dios ni cuando se me fueron muriendo parientes y amigos porque esto es la vida, nacer, crecer y morir, igual para todos.

Es inútil, quiere regalarme su biblia y no se la acepto, le cuento que tengo dos en casa además de un libro del Mormón, el Bhagabad Gita y alguna copia del Corán y que me perdone el atrevimiento pero están llenos de basura, que en El Principito o en Juan Salvador Gaviota encontré mejores enseñanzas.

La señora se despidió y se fue y yo me quedé mirándola como a una lejana imagen de todo aquello que ha hecho al mundo lo que es. Una verdadera pena.

Fin

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