Neo Vampiros 61: Calle melancolía

030_silentNeo Vampiros 61
Calle Melancolía
Por: Darío Valle Risoto

El barrio se puso viejo y su tradicional gris aumentó a grados que le hacen brotar las lágrimas. Mientras camina viejo y desarmado mirando las ventanas, las veredas agrietadas y los árboles gastados, todo triste, un triste cuadro para engalanar oscuramente a un anciano más abandonado aún.

Juan Carlos Saprissa renunció de su puesto como consejero forense cuando un mes atrás comenzaron a llegar los cadáveres desde jefatura como si el Maciel fuera un hospital de guerra.

La ministra hizo dimitir al jefe de policía de Montevideo y puso a otro inútil, puestos fusibles para un sistema que aún no pudo hallar respuesta a tanta indignación generalizada.

__ ¿Quién sos muchacha?, ¿De donde venís carajo?
A los ochenta y seis años le importa un carajo que lo tomen por un viejo loco pero tiene la mente demasiado clara y más ágil que muchos pelotudos que intentan cazar a esta asesina invisible.

La semana antes de renunciar tuvieron una dura discusión con la ministra del interior, Margarita antes era su compañera de militancia, fueron juntos parte de la resistencia contra la dictadura pero el tiempo los ha cambiado. Ella se fue acomodando al sistema, la izquierda en el gobierno uruguayo se parece demasiado a los gobiernos anteriores y él pasó de ser un comunista convencido a un anarquista desheredado.

__ ¡Déjate de teorías estúpidas Margarita!
__Vos sabes que hay grupos de extrema derecha que quieren terminar con este gobierno socialista.
__ ¿Socialista?… ¡Una mierda! __Abrió su ventana del despacho donde se encontraban, abajo sobre la rotonda del palacio pasaba justo un carro tirado por un caballo flaco cargado de niños sucios.
__ ¡Explícales a ellos que esto es socialismo!, ¡Explícales que estas muertes de hijos de puta son asesinatos!

Margarita lo miró como a un extraño, se sentó y trató de tranquilizarse, si bien había mirado a la calle y la estampa de la miseria urbana, se negaba a creer que el gobierno del Frente Amplio estaba errando el camino.

__Vos algo sabes y no me querés decir Juan Carlos, así no te puedo seguir teniendo como…
__Te lo voy a hacer fácil: renuncio, me voy a Europa a morirme en paz.

Las últimas palabras le vinieron a la cabeza, antes de renunciar Margarita pensó en despedirlo pero en honor a la mala prensa había esperado, él le había facilitado todo, aún así no estaba equivocada, hacía muchos días Juan Carlos Saprissa había encontrado datos en los cadáveres que lo conducían a una sola pista aunque de por sí descabellada.

__Un vampiro, eso lo explicaría todo. __Dijo sonriente, mientras llegaba a su auto tras recorrer su viejo y querido barrio Reus de la infancia, se sentó y se arregló sus ralos pelos canosos y se dispuso a limpiarse los lentes mientras dos perros pasaban saltando junto a un hombre visiblemente sucio que arrastraba una bolsa con cartones.
Volvió a conducir a su casa en Malvín, poco a poco se fue desdibujando la zona más pobre de la ciudad para llegar a algunas casas inmensas con porteros eléctricos y frentes con jardines arreglados.

A punto de entrar a su edificio pensó en ir a la rambla así que dejó Rivera y enfiló por cualquier calle hasta dar con la espléndida vista del mar, sin saberlo había entrado en el barrio Pocitos manejando sin rumbo.

Llevaba un largo saco grueso traído de sus años en Rusia por lo tanto el frío no era un problema pero sí el viento. Comenzaba a sentir nostalgia por otro Montevideo, tenía que irse cuanto antes y solo lo detenía un cúmulo de curiosidades sobre los asesinatos y esa forma tan práctica de saldar las deudas, uno, cada uno de los muertos de una u otra forma se relacionaban con los años de tortura y desapariciones. Hasta los últimos eran el resultado de salvar a una chica inocente.

Detrás de Juan Carlos Saprisa había una pared pintada por Lorena seis años antes, donde se leía: Juicio y Castigo.
Casualidades de la vida.

Juicio y Castigo

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