Tomando un café conmigo

SketchGuru_20160602201958Tomando un café conmigo
Por: Darío Valle Risoto

Estaba felizmente tomándome un café sobre la avenida dieciocho, sentado frente a la plaza del entrevero aunque sabía que por ahí tenía otro nombre: Fabini o algo así.
Recuerdo que era primavera o los comienzos del verano y aún no habíamos pisado este siglo XXI y poco hace la diferencia si tomamos en cuenta que el tema de los años es solo un arbitrio cristiano y tanto los judíos como los chinos llevan sus propios calendarios amén de otras culturas. Yo había garabateado allá en la lejana escuela Sanguinetti una suerte de calendario personal tal vez influenciado por la maestra Susana y sus clases sobres Mayas, aztecas, incas y otras chucherías americanas.

Soñaba con ser dibujante de historietas cuando otros niños tenían pasión por ser soldados, astronautas o ser iguales que sus padres que siempre trabajaban en oficinas y no como el mío que según mi madre era un “triste changador del mercado modelo”, de todas formas mi viejo era mi héroe junto a Supermán y tantos otros.

Teníamos una televisión de 24 pulgadas marca Columbia que a poco de comprada la tiré al piso por pasar corriendo del cuarto a la cocina, la enganché y al carajo la tele. Lo más raro fue que mi madre no me agarró a chancletazos y mi padre se limitó a levantarla, desarmarla y al rato la hizo andar con su absoluta presteza para reparar todo tipo de electrodomésticos y su enorme bondad para conmigo. Al fin y al cabo que no solo era un triste changador del mercado, también sabía electrónica porque había estudiado por correspondencia en la Continental School con “excelente” en casi todos sus exámenes.

Nunca me olvidaré las tardes a eso de las cuatro en que daban: El Robot Gigante, los tres chiflados, el Cisco Kid y dibujos de Hanna y Barbera que yo pensaba que eran dos mujeres y resulta que eran los apellidos de dos tipos que antes habían trabajado para Disney y la Metro Goldwin Mayer…, si, la del león.
A propósito de ello creo que había un duelo, luego de mi casa por el galardón de “segunda casa” entre la escuela Felipe Sanguinetti Número veinte y el cine Intermezzo aunque también pasaba muchas horas acompañando a mi padre en el Mercado Modelo por la calle Cádiz, tanto en su trabajo en Gaimari Hnos. como cuando le hacía changas a Vitto Maceo o algún otro de tantos conocidos.

Allá por los años setenta coleccionaba algunas revistas de editorial Novaro de México, llegué a tener una caja llena, lamentablemente éramos demasiado pobres como para darnos el gusto de atesorarlas y mi madre regularmente las vendía para comer a algún nefasto quiosquero lo que generaba en mi una suerte de angustia y desamparo por ver irse largas horas de entretenimiento entre Metrópolis, Riverdale o el planeta Mongo por no dejar de lado las vastas selvas del África negra.

Mientras revuelvo el café reparo en una mujer de vestido blanco que me mira desde la calle del frente, de espaldas a la plaza el sol rebota en su blancura, tiene botas altas, algo raro para la época, posiblemente una turista. Supongo que si esto fuera una película y yo me sería un galán, ella llegaría hasta una mesa cercana, sacaría un cigarrillo y me pediría fuego pero esto es solamente Montevideo y casi está prohibido fumar y ni hablar de romances cinematográficos.

Seguro tampoco me mira porque lleva lentes oscuros y hasta podría estar mirándose la punta de las botas tratando de evitar que la caguen las palomas o tal vez sea solamente mi imaginación que suele despedirse de mi cordura cuando comienzo a recapacitar que pronto seré un viejo y que solamente tendré algunos recuerdos y muchas ideas de a donde podrían haberse ido mis sueños si es que alguna vez los tuve porque afortunadamente casi no los recuerdo.

Y ahora recuerdo aquel café, cuando tomo otro, mucho mas nuevo.
Clark Kent entra rápidamente en la cabina telefónica y se abre la camisa, esa es una “ese” y no el pelotudo símbolo de esperanza que los pelotillas del Hombre de Acero nos metieron y tampoco nunca pero nunca nunquita La Luisa supo que Clark era el hombre del mañana, el último hijo de Kriptón, el mejor de todos, el gran salvador al que le reza Homero Simpson cada vez que hay problemas.

El café está frío y la mujer de blanco poco a poco se va diluyendo en la tarde gris Montevideana… que le vamos a hacer.

Anuncios

2 thoughts on “Tomando un café conmigo

  1. QUE BUENA TU DESCRIPCIÓN DE LA TARDE Y LA BUENA ONDA CON QUE TRATAS LAS COSAS QUE PARA TI FUERON ALGO TRISTES Y ALEGRES AL MISMO TIEMPO.CORTO PERO BUENO COMO ES TODO EN ESTA VIDA .

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s