Uruguay no sirve de mucho

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El Uruguay que no sirve de mucho
Por: Darío Valle Risoto
Técnico en Comunicación Social

Suena a absurdo e increíble que en un país con tan poca población como el nuestro quienes desempeñan tareas de servicio en su gran mayoría no tengan interés por cuidar a sus clientes y así asegurarse la continuidad de sus trabajos. Una encuesta realizada hace unos años revelaba que uno de los ítems por los que se quejaban más los turistas era por la mala gestión en servicios de los uruguayos y trataremos de aclarar al respecto.

No es necesario ser extranjeros para darnos cuenta de que somos mal tratados cuando vamos a comprar algo o a hacer uso de algún servicio como usuarios, resulta por demás paradójico porque no hay en el mundo una persona que atienda detrás de un mostrador que en otros momentos de su vida no sea también cliente o consumidor y por ende es casi de plano que esta persona preferirá ser tratada adecuadamente en vez de cómo suele hacerlo cuando está, digamos: del otro lado del mostrador.

Es así y parece que no hay remedio, en el Uruguay no estamos preparados para facilitarle la gestión a nadie, no sabemos informar sobre los productos, no tenemos tiempo para escuchar a los clientes y preferimos mantener una actitud distante, cuando no agresiva, a la hora de atender al público. Probablemente algo de razón tengan los que sostienen que se trata de nuestra ascendencia latina italiana y/o española la explicación de que seamos bastante duros para algo tan sencillo como tratar a los demás como nos gustaría que nos traten. Los ejemplos abundan.

Hace aproximadamente treinta años tuve que llevar una grabadora a la compañía Phillips, en esos años esta prestigiosa marca aún tenía un service original no tercerizado, cuando retiré el aparato reparado unos días después me sorprendió gratamente que junto a la parte que estaba dañada había una boleta con un pequeño informe de las reparaciones efectuadas. Esto nunca más lo volví a ver de allí en adelante. Cuando me compré la Tablet Titán hace unos dos años no tenía idea de que debería ir a resetearla (O lo que sea) cada tres o cuatro meses porque se colgaba, cierta vez me ofrecen cambiarle algo así como la matriz lo que desde luego salía más caro a lo que accedí, cuando la retiré no me dieron la parte quitada lo que despertó en mí la suspicacia de que no le habían hecho nada diferente a lo anterior y esto se confirmó cuando quince días después volvió a colgarse, por supuesto que fue inútil llevarla de nuevo para que se hagan cargo porque ya los tenía catalogados como muy malos a la hora de hacerse cargo de los clientes.

Ponerse frente a un mostrador para esperar ser atendido en el Uruguay significa ser invisible ante empleados que conversan entre sí, teclean en sus teléfonos móviles o simplemente toman el té con cara de pocos amigos y no vamos a referirnos a los empleados del estado porque aquí si cualquier dato está muy lejos de la exageración. He ensayado la pregunta: __ ¿Hay alguien que me atienda? Desde la cara más seria a la actitud más evangélica posible e invariablemente me miran como si fuera una bosta y me contestan cualquier cosa si es que de verdad me llegan a ver porque la mayoría de las veces debo repetirles la pregunta un par de veces y aclaro que soy un hombre grande que mide 1.82 y pesa 95 kilos, así que estoy lejos de pasar fácilmente inadvertido.

Últimamente opto por darme la vuelta e irme y creo notar cierta sensación de alivio porque pueden seguir con sus cosas en vez de atenderme y siempre me queda la duda de la verdadera razón por la que están cometiendo el crimen de perder clientes que ronda desde que ganan unos sueldos miserables a que son agentes de la competencia pero usted estará de acuerdo conmigo de que de esta manera no vamos por buen camino a la hora de llevar adelante una sociedad capitalista (Nos guste o no vivimos en una sociedad así)

Hace unos días me fui a comprar un teléfono inteligente a un local de Movistar, las chicas eran bastante simpáticas aunque tuve que comprar el aparatito en medio de una conversación sobre unas botas que acababa de comparase una de ellas (Espero que la hayan atendido bien) y la completa ineptitud de la chica que me vendía el aparato para decirme cuales eran las características del mismo, así que compré ciegamente y para colmo venía con un prospecto que solamente un chino drogado podría comprender. En el Uruguay la mayoría de los vendedores no saben una santa poronga de lo que venden y uno puede preguntarles por ejemplo si el microondas sirve para congelar y les da lo mismo y a todo contestarán que si mientras miran para otro lado.

Para finalizar este artículo les invito a tomar un taxi, subir a un colectivo, hacer cualquier gestión en la intendencia y por favor no tengan que terminar frente a un mostrador de comisaría o en la emergencia de una asistencia pública porque en estos casos si: El Uruguay es muy parecido al infierno.

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