Dos Cecilias, dos Alfredos: Un Montevideo

Landscapes 5 (33)Mala suerte Cecilia I
Por: Darío Valle Risoto

Nadie es perfecto, pensó cuando se recuperó de la paliza de Alfredo, a fin de cuentas ella se merecía un poco de dureza porque era muy tonta, casi una inútil, de verdad que se merecía algún palito para aprender.
Mucho palo pa que aprenda dice la canción.
Sabía que el iba a regresar arrepentido, tal vez un poco tomado pero arrepentido, con flores y abrazos y besos con olor a grapa con limón, esas cosas que tienen los hombres.
El domingo tenían que volver a la parroquia, ese era el problema, no iban mucho a escuchar al pastor que siempre tenía la palabra perfecta, el discurso sabio, el consejo bíblico a mano y la sonrisa franca con esos dientes brillantes.

Los había llevado Marianela aquel domingo de diciembre y le gustó la gente limpia de sonrisas amigables con sus biblias poderosas y fértiles para enseñar el camino del bien aunque la vida de afuera sea como siempre en el cantegril: dura y salvaje.
El aborto de Vicenta había salido mal y se desangró en la puerta de la emergencia del Cerro, nadie pudo hacer nada pero los enfermeros escuchaban el partido de Peñarol – Racing mientras un pibe con una bala en la pierna derecha gritaba puteadas y lloraba.
__ ¡Cállate maricón, algo habrás hecho! __Le dijo un milico somnoliento.

Nadie para pagar el entierro de la gorda que dejó siete hijos y ningún marido para llorarla al menos nadie le arrimaba la ropa al cuerpo desde que Ramiro se fue a Buenos Aires y desapareció. La más chica de cuatro meses y la grande con solo catorce y ya laburando la calle para parar la olla.
Cecilia fue con Alfredo que no quería ir a la casita de los niños sin madre ni padre ni santo que se haga cargo, la mayor se llama Yaqueline y quiere que sus hermanos no terminen en el asilo, que ya no se llama asilo sino iname o algún nombre nuevo de esos para describir a las mismas cárceles de siempre.

La Yaqueline es una morochita linda que apenas terminó la escuela y ya tiene la vida hecha puré, Alfredo la mira con cariño y Cecilia cocina un estofado para los chiquilines, llega la visitadora social y mira con cara de asco el cuadro de Iemanja y las camas cubiertas de frazadas remendadas, hay olor a orines de niños y desesperanza.
__ ¿Algún mayor que se haga cargo?
__ Yo me hago cargo. __Dice enérgica Cecilia mientras le agrega un poco de pimienta al estofado.
__ ¡Vos estás loca!, ¡Son un montón de gurises! __Grita Alfredo mostrando la boca con pocos dientes.
__ Vos cállate cornudo de mierda que ya me tenés harta con tus palizas al pedo.
La visitadora social apreta su carpeta y se retira, Alfredo mira a los niños moquientos que le tiran de la ropa.
__ ¿Cuándo viene mamá?
__ Tu mamá se murió. __Les dice Alfredo y también se va.
Cecilia le pide a Yaqueline que ponga la mesa y los niños se sientan alrededor, sirve lentamente tratando de aguantarse la angustia.
Ningún niño llora por la muerte de su madre, ellos han madurado rápidamente, demasiado rápidamente.

FIN

Mala suerte Cecilia II
Por: Darío Valle Risoto

Debo volver a la terapia, pensó cuando se recuperaba del cachetazo de Alfredo, sabía que en el banco estaban muy estresados por el cambio de firma. Debía ser autocrítica y comprender que era una mujer bastante limitada en los temas empresariales, Alfredo tenía muchas responsabilidades y de alguna forma se descargaba con ella. Ya iba a volver arrepentido con algún regalo como la última excursión a la rivera Francesa después de aquel mal golpe que le costó una pequeña cirugía de nariz. Alfredo tomaba demasiado whisky, los hombres son así.

Debían volver a la terapia grupal con Evaristo, este maravilloso terapeuta había traído desde el corazón de la India los secretos para la convivencia y había solucionado temas muy grossos como aquel suceso de la hija de los Anchorena que mejor ni recordar.
Bueno, Vivian Anchorena había muerto tras un aborto espontáneo en aquel hotel de Praga y fue todo un mambo ir a traer su cuerpo sobretodo porque los Anchorena son gente muy ocupada, pero la vida es así.
Lo peor de todo es que se comentaba que el niño era hijo de su propio padre, pero ya sabemos que hay gente que habla por hablar.

También se comentaba que Vivian estaba en el catálogo del hotel New Royal como dama de compañía, después de todo no hay nada de malo en acompañar a visitantes del extranjero cuando vienen de negocios al país, es una forma d ayudar a la nación y además dejan buenas propinas. Así que quién sabe lo del aborto.

Cecilia fue la que tuvo que darle la mala noticia a la servidumbre de la casa de Carrasco porque de golpe y porrazo se habían quedado sin patrona y eran siete desde el ama de llaves al jardinero.
__ ¿Cómo murió la señorita?
__ Ese es un tema privado, no se preocupen que van a cobrar las indemnizaciones que marca la ley y el señor Anchorena les va a dar recomendaciones a cada uno de ustedes. __Les dijo enérgicamente Alfredo y Cecilia se sintió orgullosa de su marido.

Antes de retirarse ella miró a su marido, se le había ocurrido una idea.
__Podríamos quedarnos con el cocinero, me había contado Vivian que es genial.
__Pero si nunca paraba en la casa.
__ Vos háceme caso, es aquel el de aspecto centro americano.
__ ¿El negrito?
__ No seas cretino Alfredo, es morochito o “moreno” como dicen estas gentes.
__ Vos porque te calienta el moreno y te lo querés levantar.
__ ¿Y que?, acaso vos no te encamás con todas tus secretarias desde que sos edil del partido y te consiguieron un despacho privado en el legislativo.

Ese fin de semana el cocinero sirvió la cena para los invitados en la casa de Cecilia, Alfredo se sintió celoso pero debía reconocer que su esposa había madurado y que de alguna forma ahora que le echaba los cuernos lo hacía sentirse más atraído que de costumbre.

FIN

El arte de Christopher Gilbert

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Christopher Gilbert

Por: Darío Valle Risoto

Antes que nada debo pedirles disculpas por tener el blog un poco abandonado, es que en estos últimos días Montevideo está por demás frío y carezco de calefacción en esta casa y el cuarto donde tengo el ordenador es como una sucursal de la Antártida. Por otro lado ya van más de ocho años de Los Muertevideanos y ando depurando viejos contenidos y tratando de reeditar algunos ya que desde que nos mudamos de Blgospot a WordPress algunos artículos quedaron feos desde el punto de vista estético y soy bastante melindroso con ese tema. Por lo tanto a no preocuparse que siempre vuelvo por aquí y tengo especialmente un enorme agradecimiento por los innumerables lectores de Corea del Sur que no me pregunten por que hace un tiempo que entran de a  miles. Bien, se trata este post de algunos diseños de un publicista como Christopher Gilbert con gran creatividad y humor, a disfrutarlo pues.

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Uruguay no sirve de mucho

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El Uruguay que no sirve de mucho
Por: Darío Valle Risoto
Técnico en Comunicación Social

Suena a absurdo e increíble que en un país con tan poca población como el nuestro quienes desempeñan tareas de servicio en su gran mayoría no tengan interés por cuidar a sus clientes y así asegurarse la continuidad de sus trabajos. Una encuesta realizada hace unos años revelaba que uno de los ítems por los que se quejaban más los turistas era por la mala gestión en servicios de los uruguayos y trataremos de aclarar al respecto.

No es necesario ser extranjeros para darnos cuenta de que somos mal tratados cuando vamos a comprar algo o a hacer uso de algún servicio como usuarios, resulta por demás paradójico porque no hay en el mundo una persona que atienda detrás de un mostrador que en otros momentos de su vida no sea también cliente o consumidor y por ende es casi de plano que esta persona preferirá ser tratada adecuadamente en vez de cómo suele hacerlo cuando está, digamos: del otro lado del mostrador.

Es así y parece que no hay remedio, en el Uruguay no estamos preparados para facilitarle la gestión a nadie, no sabemos informar sobre los productos, no tenemos tiempo para escuchar a los clientes y preferimos mantener una actitud distante, cuando no agresiva, a la hora de atender al público. Probablemente algo de razón tengan los que sostienen que se trata de nuestra ascendencia latina italiana y/o española la explicación de que seamos bastante duros para algo tan sencillo como tratar a los demás como nos gustaría que nos traten. Los ejemplos abundan.

Hace aproximadamente treinta años tuve que llevar una grabadora a la compañía Phillips, en esos años esta prestigiosa marca aún tenía un service original no tercerizado, cuando retiré el aparato reparado unos días después me sorprendió gratamente que junto a la parte que estaba dañada había una boleta con un pequeño informe de las reparaciones efectuadas. Esto nunca más lo volví a ver de allí en adelante. Cuando me compré la Tablet Titán hace unos dos años no tenía idea de que debería ir a resetearla (O lo que sea) cada tres o cuatro meses porque se colgaba, cierta vez me ofrecen cambiarle algo así como la matriz lo que desde luego salía más caro a lo que accedí, cuando la retiré no me dieron la parte quitada lo que despertó en mí la suspicacia de que no le habían hecho nada diferente a lo anterior y esto se confirmó cuando quince días después volvió a colgarse, por supuesto que fue inútil llevarla de nuevo para que se hagan cargo porque ya los tenía catalogados como muy malos a la hora de hacerse cargo de los clientes.

Ponerse frente a un mostrador para esperar ser atendido en el Uruguay significa ser invisible ante empleados que conversan entre sí, teclean en sus teléfonos móviles o simplemente toman el té con cara de pocos amigos y no vamos a referirnos a los empleados del estado porque aquí si cualquier dato está muy lejos de la exageración. He ensayado la pregunta: __ ¿Hay alguien que me atienda? Desde la cara más seria a la actitud más evangélica posible e invariablemente me miran como si fuera una bosta y me contestan cualquier cosa si es que de verdad me llegan a ver porque la mayoría de las veces debo repetirles la pregunta un par de veces y aclaro que soy un hombre grande que mide 1.82 y pesa 95 kilos, así que estoy lejos de pasar fácilmente inadvertido.

Últimamente opto por darme la vuelta e irme y creo notar cierta sensación de alivio porque pueden seguir con sus cosas en vez de atenderme y siempre me queda la duda de la verdadera razón por la que están cometiendo el crimen de perder clientes que ronda desde que ganan unos sueldos miserables a que son agentes de la competencia pero usted estará de acuerdo conmigo de que de esta manera no vamos por buen camino a la hora de llevar adelante una sociedad capitalista (Nos guste o no vivimos en una sociedad así)

Hace unos días me fui a comprar un teléfono inteligente a un local de Movistar, las chicas eran bastante simpáticas aunque tuve que comprar el aparatito en medio de una conversación sobre unas botas que acababa de comparase una de ellas (Espero que la hayan atendido bien) y la completa ineptitud de la chica que me vendía el aparato para decirme cuales eran las características del mismo, así que compré ciegamente y para colmo venía con un prospecto que solamente un chino drogado podría comprender. En el Uruguay la mayoría de los vendedores no saben una santa poronga de lo que venden y uno puede preguntarles por ejemplo si el microondas sirve para congelar y les da lo mismo y a todo contestarán que si mientras miran para otro lado.

Para finalizar este artículo les invito a tomar un taxi, subir a un colectivo, hacer cualquier gestión en la intendencia y por favor no tengan que terminar frente a un mostrador de comisaría o en la emergencia de una asistencia pública porque en estos casos si: El Uruguay es muy parecido al infierno.