Otro lunes en la oficina (Cuento)

Wallpaper Magic Part 265 (24)Otro lunes en la oficina
Por: Darío Valle Risoto

Llegó corriendo a la oficina, sacó el pañuelo del bolsillo de atrás del pantalón y tras constatar que no tuviera mocos se secó nervioso la transpiración de la frente, casi se le caen los lentes. Afuera llovía y no supo como hacer con el paraguas mojando el piso frente a las miradas serias de sus compañeros que ya estaban en sus escritorios. Dijo buen día y colgó el piloto del único perchero libre, luego puso su sombrero sobre un costado de su propio escritorio y se sentó observando que el reloj marcaba las ocho y cuatro minutos.

__ ¿Otra vez tarde Saborido?
__ Lo siento mucho, mi madre anoche se sintió mal y casi no he dormido.

El supervisor se retiró moviendo la cabeza con ese gesto de mierda de tipo que no puede poner en vereda adecuadamente a un subalterno locuaz.
Saborido le quitó la funda a la máquina de escribir y miró a la montaña de carpetas de clientes de la oficina aseguradora y lanzó un bufido, de la lejana ventana se veía un gris día lunes de Junio.

Bolastegui conversaba con la secretaria de su noche en el Rowing club y sobre la orquesta de Combo Venezolano que según él invitaba a bailar hasta a los muertos. Se apoyaba sobre el escritorio de la mina con gesto sobrador y ella lo miraba suspirando como si se tratara de Douglas Fairbanks en calzoncillos.
La chica tenía el pecho casi plano pero buena cola, se levantó y le dio la espalda buscando una carpeta en la estantería metálica y Eugenio Bolastegui señaló su culito y miró a los demás levantando una sonrisa cómplice en casi todos menos en Saborido que sintió asco y un vuelco en el estómago. No supo si era por estar podrido de ese trabajo o porque no había desayunado.

El supervisor salió de su oficina, especie de reducto del poder adornada con bustos de Artigas, escudos nacionales y fotos de su horrenda familia cristiana y felicitó a Bolastegui por conseguir que un viejo cliente vuelva a reafiliarse.
Saborido sacó un sacapuntas del escritorio y afiló uno de los lápices más como un gesto mecánico que para escribir algo y cuando el supervisor reparó en su actitud abrió una carpeta cualquiera al azar.

Carmela López Conrado, le sonaba el nombre así que forzó la vista y comprobó que casualmente se trataba de la misma Carmela vieja compañera del colegio del Sagrado Corazón que les había tocado sufrir desde el preescolar hasta el bachillerato en derecho.
La carpeta hacía notar que era viuda sin hijos y que tenía una pensión que era necesario quitarle sea como sea, la clave era 666 quien sabe ideada por que hijo de puta dentro de la compañía de seguros “Murdock” para tratar de recortarle gastos a la empresa por cualquier subterfugio legal o de los otros a los clientes que recibían un dinero.

__ Eras linda Carmela, ¿Cómo estarás ahora? __Recordó el perfume de los tilos del patio de la escuela y una joven pecosa de pelo castaño o rubio o morocho, no mucho tenía de su pelo pero si de su simpatía. Que tiempos aquellos en que dios existía y su madre aún no era un lastre que comenzaba a odiar.

__ ¿Puede venir a mi despacho Saborido?
La voz de culo roto del supervisor lo sacó del perfume de los tilos y aún mojado por la lluvia del Montevideo gris de afuera siguió al gordo de mierda hasta la oficina llena de fotos de una familia espantosa, símbolos nacionales y un olor agrio a patas o ropa vieja.
__ Estuve reparando en que ya van tres días este mes que me llega tarde, ¿Qué tiene para decirme al respecto?
__ Ya le dije…mi madre.
__ Imaginese que sin trabajo usted y su madre tendrían problemas de verdad, ya me he jugado por usted y sigue sin rendirme.
__ ¡Pero que te vas a jugar hijo de una gran puta si sos un gordo imbécil que se rasca las pelotas mientras yo trabajo y me rompo el culo! __Eso pudo haberle dicho, pero en cambio se limitó a bajar la cabeza y ver que todavía tenía los zapatos empapados y había mojado el parquet de la oficina.
__ Que no se repita o tendré que dar cuenta de usted.
__Muchas gracias, no se va a repetir ya no voy a llegar tarde.
__Retírese y hoy va a tener que quedarse un poco más, venimos atrasados.
__ Pero mi madre no anda bien, ya tiene ochenta y nueve y…
__ ¡Hágame el favor!

Saborido volvió a su escritorio mojando todo el piso hasta que se sentó sintiendo que la silla había quedado húmeda y el reloj apenas marcaba las ocho y veinte minutos.
A las diez de la mañana tuvo que correr al cadete para solicitarle que le traiga una media luna de jamón y queso que tuvo que ir a comer al baño para que no lo vean, mientras estaba sentado en el water comiendo escuchó mear a Bolastegui que conversaba con Gonzalo Pavone.
__ Y anoche conseguí una negrita que ni te imaginas.
__ ¿Te la volteaste?
__ Claro hermano, no sabes como gozaba la perra.
Saborido tosió porque un pedacito de queso se le fue por el otro lado.
__ ¿Sos vos Saborido?, ¿También haciendo sebo?
Salió, se lavó las manos y se retiro tratando de dibujar una sonrisa, los otros se quedaron bromeando sobre esa noche de sexo de Bolastegui que seguro eran puras mentiras y probablemente se lo haya emporrado un marinero ruso al salir del puto Rowing Club.

Saborido llegó al escritorio y decidió lo que iba a hacer, lo que no tenía realmente planificado era el orden de las cosas: Tratar de volver a ver a Carmela López, renunciar tras mandar a la puta madre que lo parió a supervisor y después asesinar a su madre.
Después de todo Saborido tenía derecho a vivir… ¿O no?

FIN.

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