La Meritocracia de Chevrolet apesta

el-gran-fraude-que-es-la-meritocraciaLa Meritocracia y un aviso nazi de Chevrolet
Por: Darío Valle Risoto
Técnico en comunicación social.

Me suena a Goebbels, a nazis a soretes fascistas produciendo un aviso donde se ensalza en la escala social a aquellos que saltan sobre nuestras cabezas y logran una vida confortable, linda, exitosa.
Viene de Chevrolet Argentina un aviso que afortunadamente ha generado contra-avisos y diversas opiniones opuestas sobre una ideología que ya debería estar acabada y sin embargo subsiste más fuerte que nunca Ese es el liberalismo capitalista tenaz y materialista evidenciado en una propaganda política disfrazada de venta de autos. No es casualidad que provenga de un país que eligió a un “técnico” como presidente pretendiendo que estos son diferentes a los políticos o que serán menos corruptos que aquellos.

Veremos en él y lo pueden encontrar fácilmente en You Tube, a nenes bien, a productivos capitalistas, yuppies y degeneraditos del dinero que viven bien así como niñas lindas que se superan y alcanzan la cima del sueño americano de todos evangélicos oficinistas blancos y sanos.

Todo bien porque Chevrolet logró que mucha gente hablara de su spot asqueroso y casi bestial justo cuando el planeta quizás comience a pasar de aquello políticamente correcto a hacerse cargo de los errores de estas clases dirigentes que nos están matando a todos.
El auto para las clases medias y altas como los celulares para nosotros lo pobres y marginados son importantes símbolos de status pero el estatus es un valor agregado falso y mentiroso cuando el estómago te chifla de hambre y los ves pasar sonrientes y magníficos conduciendo sus mierdas.

Faltaron el pastor evangélico, el ídolo del fútbol vendiendo su cara espantosa para varias marcas, la prostituta fina que llega con las rodillas peladas de hacerle fellatios al sistema, el pertinaz alcahuete, el testigo presencial arrepentido que transa con nuevos mafiosos la libertad vigilada dentro de una villa de lujo, el estudiante de una universidad paqueta que compra coca los lunes y los fines de semana mariguana, faltaron muchas escorias que nos van edificando esta sociedad donde un aviso de autos en vez de ensalzar las capacidades del “carro” parece decirnos que seamos nazis sino… no sirve.De_que_meritocracia_me_hablanMeritocracia 1

Meritocracia 2

Neo Vampiros 53: Pecados del pasado

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Pecados del Pasado
Por: Darío Valle Risoto

Ya era de noche y las luces internas del Palacio Legislativo iluminaban los amplios corredores que poco a poco se iban despoblando. Lorena vio a su objetivo entrar a un despacho y leyó el nombre en la chapa de afuera, no era el suyo sino el de un conocido dirigente ex-tupamaro.
Un policía comenzó a observarla desde el otro lado del hall central y habló discretamente por su walkie, en ese momento se dio cuenta que a pesar de vestirse enteramente de negro; sus guantes sin dedos, su peinado algo punk y su piel absolutamente blanca destacaban de los que en su mayoría se dirigían hacia la calle.
Antes de que el policía se le acerque tomó el camino a la puerta exterior más cercana, afuera una noche oscura y fría comenzaba y eso le ayudaba mucho si debía de hacer lo que había decidido. Se aglomeraron unas nubes aún más oscuras en el cielo y un rayo pareció partir la torre del viejo edificio de las tiendas Soler. Lorena se levantó el cuello del saco en un acto reflejo ya que los vampiros raramente sienten frío, a su alrededor una fina cortina de agua se fue transformando en un chaparrón pero ella se encontraba suficientemente a cubierto en el alero de la plaza Primero de Mayo.

Cuando iba a optar por dejarlo, lo vio salir, cruzar la calle rápidamente cubierto por un paraguas y subir a su propio auto estacionado en una de los amplios jardines del Palacio.
Llamó un taxi y le pidió que lo siga, cuando la lluvia era la dueña de una noche por demás helada, calientes venían sus recuerdos enumerando las anécdotas sobre ese tipo durante la génesis de los grupos de presión paramilitares, cuando la coalición de izquierdas del Uruguay comenzaba a tomar forma. Sonrió para sí misma al recordar que Paula le había dicho que no solo había fascistas en la derecha de su país, ahora parecía estar a punto de constatarlo.

Carlos Ocaña estacionó en dieciocho de Julio, la principal avenida y entró a buen cubierto de un Bar medianamente lujoso. Lorena hizo lo propio no muy lejos, como para escucharlo presentarse con otros tipos con aspecto natural.
__ ¿Y compañero?
__Bien, mañana firmamos el préstamo del banco para la construcción de las viviendas en Manga, la prensa ya está avisada, el presidente no va a poder ir pero el ministro Aguerrí estará en su nombre. __Carlos se quitó el saco mojado y lo puso sobre una silla vacía, estaba mucho más gordo y cubierto de canas pero era el mismo de la foto que le había mostrado Jacqueline. Los que lo esperaban en el bar le eran también conocidos pero por haberlos visto en la televisión. Eran ediles de la coalición de izquierda.
__Un café negro por favor. __Pidió Lorena mientras buscaba su celular, afuera se había desencadenado una furiosa tormenta por lo que optó por enviarle un mensaje de texto a la abogada.
No recibió respuesta.

Sus oídos sobrehumanos captaron la conversación que derivó en cotidianeidades de la vida política, lo trataban como a un viejo compañero de izquierda y al parecer no había ningún trazo de que Ocaña fuera un traidor o algo parecido. Los latidos de su corazón no se habían acelerado como lo suelen hacer los que mienten pero tampoco era una señal universal.

__Al final se confirmó, el hijo del dictador se va a presentar como candidato en las elecciones próximas.__ Uno de ellos sonrió con gesto superado.
__Bueno, era de esperarse, el partido colorado casi está extinto ¿y vos?
__ ¿Qué? __Preguntó Ocaña mientras recibía un capuchino caliente de parte del mozo.
__ ¿Vos no trabajaste para el padre durante la década del setenta?__ Le interrogó su amigo, mientras el otro frunció el ceño.

Ocaña se rascó la frente arrugada y miró a las luces del bar y luego a la calle, Lorena a unos diez metros escuchaba perfectamente hasta el suspiro leve de su boca.
__Nunca conocí al padre, yo tenía diecisiete años cuando entré en la J.U.P, era joven, idiota, estúpido y un ciego absoluto en política, pero pese a todo crecí como persona y creo que he cambiado, ahora, me pregunto: ¿Podemos culpar al hijo por los pecados del padre?

Lorena recibió el mensaje de texto de Jacqueline pidiéndole que por favor no intente nada hasta que hablen personalmente.

Juicio y Castigo

La pared de los pájaros (Cuento auto biográfico)

Wallpaper Magic 129 (27)Aquella pared de los pájaros
(Las malas palabras)
Por: Darío Valle Risoto

No se por que recordé aquella vieja pared que ya era vieja cuando todos éramos jóvenes, nosotros y el mundo, hasta el cielo tenía un celeste que era verdadero, el sol…el sol era como un enorme y cálido dios madre que nos acunaba los veranos y nos despertaba pletórico especialmente los domingos de vacaciones.
Yo estaba de visita en la ciudad de Pando que no era tan ciudad y desde luego que estaba más lejos que hoy día. Todo en aquellos tiempos estaba afortunadamente más lejos que ahora, hasta los miedos de monstruos y perros rabiosos que sin embargo ya nos acechaban.

La pared me resultaba familiar porque era la hermana de aquella pared de mi patio en el conventillo, ambas de ladrillos con las juntas de material aglomerante entre los mismos por supuesto que muy desgastadas y que en la otra pared, en la de Pando albergaban en algunos huecos a lo alto, lejos de niños traviesos: nidos de ratoneras.
Y yo andaba entre mis primos con miedo porque eran como siete hermanos casi todos más grandes que yo y eran canaritos fuertes, ágiles y endemoniadamente maliciosos para buscar el disfrute de un día veraniego.

Yo me llevaba mejor con uno de ellos, creo recordar que se llamaba Sergio pero pasaron algo más de cuarenta años y puedo equivocarme, con Sergio jugábamos a los indios en una choza construída con cañas en el fondo de la casa del tío Fulgencio su padre y su madre la tía Mirtha y que seguramente habían construido los más grandes.

Pero aquella tarde después de comer fuimos todos a aquel campo que tenía aquella larga interminable pared de más de dos metros de alto que nos separaba de otro mundo, un mundo de chacras frutales con manzanas, duraznos y naranjas frescas y gratis.

Los grandes hacían bromas de niñas y mujeres, se mentían sobre quien había tocado una teta o se había pajeado más veces seguidas y yo no entendía en mi inocencia absolutamente nada pero me reía para acompañar y no ser discriminado más de lo que podía ser un primo de Montevideo vestido pulcramente de shorts azules y camisa celeste que destacaba de esa turba de rotosos primos casi todos rubios y llenos de cicatrices y malas palabras.

Allí escuché por primera vez la palabra: “Culear” y fue gracioso porque nos trepamos a la pared sobre las manos del más alto del grupo y teníamos que ir sentados sobre el muro hasta llegar al alero de una casucha a un costado junto a unos sauces llorones y yo dije: __Tenemos que ir culeando.
Y sin entender nada desperté la risa de todos y me explicaron que eso era coger y desde ese momento me desagradó el término porque siempre me resultará grosero como aquella otra vez unos diez años después en que un supervisor de la imprenta Barreiro al enterarse de que tenía novia me dijo: __”No se la vaya a garchar sin condón”. Lo que a mi me resultó absolutamente desubicado y producto de que estaba trabajando junto a un nido de ignorantes.

Luego de trasponer la pared, me quedé realmente asombrado de la enormidad de esos campos plantados con árboles frutales y lejanos surcos con viñedos y tomates y otras hortalizas. Había una casa blanca y enorme a nuestra derecha a unos doscientos metros y esa casa debíamos evitar así como salir “rajando” si escuchábamos a los perros pero solo se podía escuchar el absolutamente ensordecedor canto de los pájaros y el silbido de las chicharras y disfrutar del sol entre las hojas.

Mis primos conocían cada palmo del lugar, sacaban las mejores manzanas que probé y parecían tener otro sabor muy diferente a las que mi padre traía del Mercado Modelo., Estas sabían a prohibición, a robo, a invasión de la propiedad ajena aunque en esos tiempos no tenía idea de lo que era la propiedad.

Un camino empedrado muy agrietado conducía a una especie de molino abandonado que según uno de mis parientes solía ser un molino para extraer aceite de oliva pero y yo tampoco entendía que cuernos era eso.
Había evidencia de que no era la primera vez que venían porque debajo de unos tablones peligrosamente cerca de una cañada que cruzaba el viejo molino guardaban un cofrecito de herrumbrado hierro donde conservaban algunas revistas con pornografía de origen nórdico. Allí vi por primera vez una mujer desnuda y comprendí lo que significaba aquello de: “Culear” sobretodo cuando me chocó la imagen de dos tipos a la vez con esa rubia que era tan linda.

Me parece que comprendieron desde el principio que yo era ajeno al mundo del sexo porque el más grande casi no me dejó ojear la manoseada revistita y volvió a guardarla, también guardaban un trompo, una vieja honda y una bolsa de bolitas pero poco me interesaba aquello cuando acababa de despertar al sexo o al menos a buena información sobre el, sobretodo porque apenas sabía alguna cosa que me había explicado escuetamente mi madre y me habían mal informado mis compañeros de la escuela Sanguinetti.

Así que luego de comer frutas como casi una decena de náufragos debimos irnos porque escuchamos a lo lejos algunos ladridos de perros y no era para “regalarse”, por lo que volvimos sobre nuestros pasos y encontramos de nuevo aquel muro enorme con sus pequeños niditos de ratoneras y sus ladrillos castigados por el tiempo.

Aquellos días en Pando terminaron cuando mis padres pasaron a buscarme una semana después, todo aquello cooperó a que me fuera haciendo: “hombrecito” sobretodo porque mis primos me obligaron a ennoviarme con la hija de la almacenera que se llamaba Mary y me quitó la respiración apenas la vi y me hicieron “cuña” para que la invite a un helado, por supuesto que comprado en su propio almacén y sentados afuera temblando le dije: __”Sos linda” y ella me dio un beso en la mejilla que todavía sigo sintiendo cuando tirado en la cama miro a la pared de mi cuarto.

FIN