Neo Vampiros 47: Tiempo de Espera

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Neo Vampiros 47
Tiempo de espera
Por: Darío Valle Risoto

El Lobo se puso en pie sobre sus patas traseras y comenzó a temblar mientras la piel se le caía y sufría la transformación. Dolorosa metamorfosis de animal a mujer delante de tres hombres que no lo podían creer, uno de ellos dejó caer su botella al piso y el envase se hizo añicos.
El largo cabello rubio manchado de sangre se abrió paso entre la pelambre mientras las orejas se le empequeñecían y sus ojos adquirían forma humana, una mujer hermosa y absolutamente desnuda se quedó agachada casi encorvada delante del inesperado público, mientras tanto el sol se abría paso sobre los techos vecinos.
__ ¡Dios mío! __Dijo el más viejo de los hombres, de adentro de la casa seguía la ensordecedora música de Cumbias. Alguien les llamó desde adentro.
__ ¡Pancho!, ¿Y la carne?
Rápida, veloz y letal Morrigan terminó con la vida de los hombres, como un rayo rompió sus cuellos y luego bebió un largo trago de sangre de la garganta abierta del más joven, luego desnuda saltó sobre un muro de dos metros y se metió por una pequeña ventana que daba a un sótano de la casa que había alquilado igual que otras seis en distintas partes de Montevideo y Canelones.
Una mujer salió al patio y sus gritos se sobrepusieron a la música, el espectáculo era dantesco.

Paula levantó su colchón y lo apoyó contra el ropero, cerró las persianas de su cuarto y en la oscuridad le preguntó a Lorena si estaba bien, ningún sonido se escuchaba desde el improvisado ataúd. La empleada entró a su cuarto y quiso saber que carajo estaba pasando.
__ ¡Nada, después te explico!, ¡Salí! __Le gritó histérica, comenzaba a sentirse invadida con la sensación de que en cualquier momento esa temible mujer del chalet donde la habían tenido secuestrada iba a entrar pero ya eran las seis de la mañana y por lo tanto de día.
Llamó frenéticamente a Emilio Orestes con su celular, era el empleado que le suministraba sangre a su amiga, felizmente lo encontró y le pidió dos litros, no se sentía con ganas de ir al Prado a buscarle alimento y menos de dejarla sola.
Luego del mediodía un taxi dejó a un hombre bajo y calvo que con movimientos temblorosos caminó hasta la puerta de la casa de Paula, por el comunicador electrónico le indicaron que podía entrar.
__La señorita ya viene, si quiere puede dejar el maletín sobre…
__No, gracias, lo llevo conmigo. __Emilio, se sentó en el enorme living con un manoseado maletín de cuero descascarado entre las manos, llevaba lentes de pesado aumento y tenía un desagradable tufo a transpiración nerviosa cuando Paula se acercó a saludarlo.
__ ¿Me recuerda?
__Sí, usted es la amiga de Lorena… lamento lo de su enfermedad.
__ ¿Cuanto?
__Dos mil pesos cada litro.
Paula salió un momento y volvió con los billetes, el hombre sacó dos bolsas con sangre del maletín y se las dio con extrema precaución como si se tratara de nitroglicerina. Transpiraba como una fuente surgente.
__Hay muchos policías patrullando la ciudad, parece que un grupo terrorista mató a una gente extranjera, me fue muy difícil dejar el hospital sin levantar sospechas.
__Gracias Orestes, que la empleada le llame un taxi, tome más dinero.

Y volvió a quedarse sola esperando que transcurra el día, sobre la mesa de cristal, junto a una vieja pieza decorativa que trajo de México, descansaban las bolsas de sangre humana.
Supo en ese momento que más tarde o más temprano, el cerco policial se iba a cerrar en torno a Lorena y que iba a ser indefectiblemente tragada en su vorágine de venganzas y muertes.
Pero ya había sido advertida, largas noches junto a su amiga hablando sobre la dictadura, los desaparecidos y la impunidad de un país que aún con un gobierno de izquierda protege a decenas de torturadores y sus cómplices.
Tomó los envases con la sangre y subió la escalera hasta su habitación, se tiró en un sillón en la penumbra pensando en muchas cosas, muy pocas de ellas eran agradables.

Juicio y Castigo.

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