El panóptico Uruguayo existe.

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El Uruguay bajo el control social global.
Por: Darío Valle Risoto
Técnico en Comunicación Social.

Nadie hubiera adivinado hace tan solo unos veinte años, que viviríamos en una especie de sucedáneo de “1984” de George Orwell y como todos los sistemas de control social este que estamos viviendo se va manifestado seguro y lentamente. Lo que es peor cumpliendo con la supuesta necesidad de una población que pide a gritos mayor seguridad.

Paradójicamente los que aparentemente nos gobiernan hoy día en otros tiempos no muy lejanos eran los avatares del socialismo y la libertad, sin embargo les escuchamos pronosticar que viviremos más seguros cuanto más se invierta en una red de vigilancia electrónica que significa indudablemente: miles de ojos y oídos en todas partes para recuperar un país más seguro con una población civil alejada del odio y la violencia. Por socialismo me refiero al verdadero y no a los estados totalitarios aparentemente socialistas que los hay.

Los medios masivos de comunicación se encargan diariamente en repasar delitos de sangre, robos, allanamientos, rapiñas, secuestros, etc. como parte de una política de información que parece digitada para que vivamos con miedo. No se trata de una conspiración sino lisa y llanamente de la mejor forma a través de los siglos de gobernar a la plebe que es por medio de la parálisis mental que produce una población temerosa.

Difícil es discernir si hoy día hay más violencia que antes, yo prefiero pensar que los mismos medios hoy día cuentan con una penetración hacia la información y desde ella como nunca antes se había conocido en la historia humana. Por ende se aprecia más violencia pero quizás más o menos durante toda la historia del hombre esto sigue y lamentablemente se seguirá repitiendo.

Pero si estamos bombardeados con información debemos considerar que necesitamos un mínimo de capacidad cognoscitiva y emocional para decodificar cada uno de los millones de mensajes que recibimos a través de innumerables dispositivos. Si el feedback o retroalimentación también se ha acelerado casi al mismo instante en que la información salta al público, también es cierto que en la mayoría de los casos se trata de impresiones desde lo emocional alejadas de un pensamiento lógico.

Y es en esos miles, millones de dispositivos que un “gran hermano” tiene la facultad de entrar, ver, revisar, sacar conclusiones, elaborar tablas de compartimiento, estadísticas, infiltrar contenidos y también inocular pensamientos en uno u otro sentido, y aquí vuelve a surgir el miedo y por que no también una acelerada compulsión por recuperar un pensamiento religioso inspirado en la superstición, la idolatría y por ende también el temor.

¿Quién puede garantizarme que absolutamente todos los del poder gobernante de turno como cada uno de sus subordinados tendrán la idoneidad necesaria para respetar mi derecho al anonimato? ¿Y cuando ese poder cambia de manos?
Aunque podemos admitir que siempre en las altas esferas económicas son los mismos señores los que saben lo que es mejor o peor para nosotros.

El caso uruguayo es doblemente peligroso, no sé como sucederá en otras tierras pero aquí los grupos de choque, la policía y algunos otros uniformados provienen de las capas más desplazadas de la población y me temo que en lo profundo de sus siquis esconden esa misma comprensible sensación de desprecio por aquellos que nacieron con alguna oportunidad.
Pensemos que durante la dictadura uruguaya 1973-1985 los sistemas de información y contra información con muchísima menos tecnología eran supervisados por el pentágono, ¿Qué pasaría ahora?

Miles de cámaras no aseguran que no se cometan crímenes sino que actúan, pruebas mediante, luego de que estos fueron consumados y por lo tanto poco pueden hacer para reparar los daños económicos y nada ante las muertes o violaciones. Miles de cámaras lo único que aseguran es que las personas que actuamos de acuerdo a cierta obediencia civil sintamos que estamos más seguros cuando en realidad lo que está comprando la sociedad toda es una “sensación” de seguridad falsa frente a la delincuencia civil y adquiriendo un alto grado de “inseguridad verdadera” tratándose de los elementos del estado por medio del poder dominante en un determinado tiempo digamos… electoral. En realidad las cámaras sirven para vigilar a “los buenos” y los otros no importan demasiado si una y otra vez vuelven a salir en libertad por tal o cual razón legal.

Cómo en el caso de los guardias de seguridad privados que asolan la ciudad estamos alquilando una suerte de “desodorante” de ambientes que perfuma pero no limpia, que deja la sensación falsa de que todo está bien cuando en realidad se esconde la verdadera mugre e inmundicia que es una sociedad híper-vigilada.
Cómo en el caso de las mansiones enrejadas nos estamos metiendo presos a nosotros mismos para escapar de aquello que es imposible escapar que es la delincuencia y perdemos en cambio la libertad de desplazarnos, de vivir, de opinar abiertamente porque además de las rejas también estamos observados y/o escuchados hasta desde nuestros propios dispositivos celulares.

Combatir la miseria y la pobreza parece ser el camino cierto, educar, formar en un conocimiento crítico, desistir de una sociedad de consumo materialista, arrogante y destructiva puede ser el camino pero a estas alturas creo que a nadie le interesa y mucho menos a los que venden “seguridad”.

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