Neo Vampiros 43: Muerte y soledd

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Neo Vampiros 43
Muerte y Soledad
Por: Darío Valle Risoto

Paula había perdido la noción del tiempo, las horas le parecían eternas y para colmo sabía que era una carnada, que estaba viva solo para atraer a Lorena a su final, la idea de que la vida de su amiga era más importante que propia vida la sorprendió, se había convencido hacía años de que nada ni nadie importaba más que ella misma, pero al conocer a esta extraña amiga todo, absolutamente todo, había cambiado.

Dante miraba dibujos animados en la televisión, era un negro enorme de brazos gruesos producto de meses haciendo aparatos y del duro trabajo en las fuerzas de elite del Brasil hasta que esta mujer de curvas torneadas y cabello endiabladamente rubio lo contrató como guardaespaldas. Dante no comprendía la mente lujuriosa y extraña de su patrona, sabía que podía encontrarse con esta muchacha en el momento que quisiera sin embargo había esperado y jugado con los acontecimientos en torno suyo como el gato que acorrala al ratón y espera con paciencia hasta darle la mordida final.

Alex era el otro secuaz de Morrigan, era tan enorme como el negro pero blanco como la leche, era un compatriota de Felicia nacido en Munich, leía una revista de Spiderman fumando un cigarrillo y de vez en cuando le miraba las piernas a la cautiva que estaba amordazada, vendada y atada a una vieja cama de hierro. Paula había pataleado al principio y por lo tanto el vestido se le había subido dejando ver su ropa interior.
__Ni lo pienses amigo.
__Vamos estimado, ¿Acaso no te calientan esas piernas?

Dante miró en dirección a la cama, se puso enorme y musculoso de pie y caminó hasta Paula, su amigo dejó la revista sobre la mesa y sonrió, en cambio contra toda predicción este le acomodó el vestido y le revisó las vendas, Paula volvió a contonearse y a lanzar bufidos con ya pocas fuerzas.

Volvió a sentarse a mirar la televisión donde el Correcaminos hacía nuevamente caer en su propia trampa al Coyote.
Alex lanzó una puteada y salió afuera, estaban en un chalet de Solymar, una de las tantas propiedades que Morrigan había alquilado en Montevideo, ella misma en ese momento dormía en la profundidad de la bodega de la casa dentro de una caja hermética.

Dante consultó su reloj, eran las seis y media de la tarde, pronto comenzaría a anochecer, tenían instrucciones para esperar lo inesperado, por primera vez iban a conocer a otra vampira de cerca. Alex lo miró desde la puerta como midiéndolo para pelear, no le gustaban los negros y poco sabía disimularlo.
__ ¿Y después que mate a esa perra?, ¿Nos dejará quedárnosla? __Dijo señalando con su cigarro al fondo donde se encontraba la cama con Paula.
__Yo que vos solo me preocuparía por el dinero que vamos a cobrar y por nada más.

Lorena pasó el día en su ataúd contando los minutos para salir a rescatar a su amiga, había pasado la noche anterior tratando de encontrar la dirección que le dejara Morrigan y cuando llegó a las inmediaciones de la casa comprendió que debería actuar con la cabeza fría, en esos momentos había superado una difícil etapa reconstruyéndose un tiempo en un inmundo agujero y se sentía débil aunque la sangre le hervía solo de pensar en perderla.

Había sentido las conversaciones de los secuaces de Morrigan pero no a ella, tal vez estaba en Montevideo, no lo podía adivinar pero felizmente olía a Paula y sentía que estaba bien físicamente aunque aterrada, se sintió culpable por involucrarla. Por su mente desfilaron todos los milicos e hijos de puta que había matado por su participación en la dictadura, no se arrepentía de nada, solo de haber dejado escapar a un par.
Pero esto era diferente, de alguna manera su conexión con Henrich Funke volvía a poner en peligro a su amiga y no podría permitirse la idea de que Paula fuera a morir por su culpa, acaso todo comenzaba a volver a cerrarse en torno a la idea de que había nacido maldita, como si desde que sus padres le fueron arrebatados a los cuatro años todo termina siempre en muerte y soledad.

La segunda noche sintió una fuerte presencia vampírica en la casa algo apartada del balneario y supo que la gran amante y enemiga de Henrich: Felicia Morrigan Westenra la estaba esperando. Parada junto a un grupo de pinos, desde la cuadra del frente pensó en que era una noche hermosa y demasiado clara como para pasar desapercibida, de todas maneras dentro de la casa la otra vampira de alguna manera le enviaba un mensaje, este decía:
__Atrévete a venir mi niña.

Con un salto felino el diminuto cuerpo de la chica de diecisiete eternos años se elevó por encima de la calle y destrozó la puerta penetrando en la casa, Dante y Alex saltaron sobre sus armas.

Juicio y Castigo.

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