Neo Vampiros 44: Frente a frente

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Neo Vampiros 44
Frente a frente
Por: Darío Valle Risoto

Paula que se estaba debatiendo atada, amordazada y con los ojos vendados a la cama de pronto sintió como una explosión y el ruido de tablones de madera que golpeaban contra todo el lugar, parte de los escombros cayeron sobre ella e inmediatamente una sola palabra le llenó el corazón de esperanza: Lorena.

Dante tomó una escopeta recortada pero su mano calló aferrada a la culata, Lorena con sus uñas como navajas le cercenó el brazo y un charco de sangre cubrió el contorno del hombre que calló gritando arrodillado y tratando de contener el shock de haber perdido un miembro en milésimas de segundos. Alex creyó tener algo más de suerte porque se tiró al piso mientras una ráfaga vestida de negro y goteando hemoglobina saltó sobre su cabeza quedando parada sobre la pared en una posición que contravenía todas las normas de la gravedad.

__ ¡Tírale con todo! __Gritó Dante antes de caer desmayado por la enorme pérdida de sangre. Alex que había sacado dos pistolas automáticas de sus respectivas sobaqueras comenzó a disparar sobre la chica que se había detenido y le observaba mostrando dos enormes colmillos blancos como la luna mientras sus ojos eran como los de un Lobo.

Pero la joven ya no estaba en la pared cuando Alex descargó dieciocho tiros abriendo huecos en la mampostería y llenando aún más la habitación de polvo, Paula permanecía en la cama totalmente inmóvil tratando de imaginar lo que pasaba.

Lorena caminó en cuatro patas sobre la pared y luego llegó al techo de dos aguas del chalet, desde allí observaba desde una perspectiva perturbadora la escena que había pintado en solo un minuto: El enorme negro desangrado sobre piso con su propia mano aún aferrada a la escopeta, Paula en la cama, atada e inmóvil como una estatua y el pobre tipo rubio intentando cambiarle los cargadores a sus pistolas a ciegas y sin poder verla desde allá abajo.

Calló sobre el hombre, sus tacos se le hundieron en el pecho, era un enorme alemán de unos treinta años, rubio y quizás bien parecido hasta el momento en que con un revés de su mano le arrancó la cabeza que se estrelló contra un mueble de cedro cargado de adornos.
Resuelta agudizó sus oídos cuando sintió que una helada y fuerte presencia vampírica comenzaba a agazaparse sobre la habitación desde todas partes y ninguna, luchó contra el creciente miedo cuando saltó hasta la cama y cortó las ataduras de su querida amiga con sus propias uñas y dientes.

__Salí inmediatamente, tomate un taxi hasta tu casa, en cuestión de minutos esto se va a poner muy pero muy feo. __Le dijo mirándola a los ojos, poco a poco la enorme confusión en la cabeza de Paula se disipaba para regresar vestida de terror porque una mujer extremadamente alta que ella conocía estaba parada a unos tres metros de su amiga, su hermana.
__ ¡Morrigan! __Gritó y Lorena sin mirar atrás la tomó de la cintura y por el mismo hueco donde había volado la puerta la tiró al jardín, elevada como si fuera un papel calló sobre el césped y casi sin fuerzas observó la escena dentro de la casa: a su amiga y esa enigmática mujer que había conocido en una galería del centro y que la había secuestrado frente a frente.

Morrigan tomó la mano de Dante del piso y saboreó con su lengua la sangre que le chorreaba, la escopeta calló con un ruido seco sobre las maderas laqueadas del mismo.
__Era un buen guardaespaldas y también un amante bien dotado, lo voy a extrañar.
__ ¡Secuestraste a mi amiga, estuviste en mi casa, te metiste en mi vida!

Morrigan llevaba un vestido negro de seda que se le pegaba a la piel como si estuviera desnuda, estaba descalza, había subido raudamente no bien había caído el día pero contra sus instintos había esperado para ver realmente como se desenvolvía su pequeña enemiga. Y el espectáculo le había producido una gran excitación sexual.

__Henrich te habrá hablado de mí en algún momento y supongo que te dijo que no tienen oportunidad, ustedes, los vampiros humanos con nosotros los antidiluvianos.

Lorena miraba el entorno, había suficientes restos de madera de la puerta como para improvisar un sinnúmero de estacas, también podía utilizar las patas de la mesa o intentar meterla en la chimenea y prenderle fuego rociándola con el líquido inflamable que descansaba cerca en un bidón.

Morrigan se sintió atraída por la chica de baja estatura pero formas sensuales, le gustó su cabello cortado muy corto y negro como la más hermosa noche de los tiempos, también esos labios carnosos y tan latinos, la piel de Lorena era como una superficie de porcelana china.

Afuera sonaron con estruendo las sirenas policiales, los vecinos alertados llamaron como locos a todas las emergencias posibles luego de los ruidos de pelea y los disparos. Paula volvió en sí y corrió hasta una calle lateral, se escondió agitada en un jardín mientras tres patrullas doblaron casi atropellándola hacia el chalet.

Se sentía inmensamente confusa, por una parte quería ayudar a Lorena pero sabía que no era posible, que estaba enfrentada a poderes sobrenaturales superiores a cualquier imaginación, además sabía que su amiga era de temer, sin embargo corrió sin mirar atrás y en la Avenida tomó un taxi, solo cuando se sentó se dio cuenta de que iba descalza y tenía los pies totalmente cubiertos de la sangre que había pisado antes de ser elevada y tirada hasta el jardín.
La policía rodeó la casa, en ese momento Morrigan comenzó a metamorfosearse en un enorme lobo de piel gris azulada.

Juicio y Castigo

Neo Vampiros 43: Muerte y soledd

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Neo Vampiros 43
Muerte y Soledad
Por: Darío Valle Risoto

Paula había perdido la noción del tiempo, las horas le parecían eternas y para colmo sabía que era una carnada, que estaba viva solo para atraer a Lorena a su final, la idea de que la vida de su amiga era más importante que propia vida la sorprendió, se había convencido hacía años de que nada ni nadie importaba más que ella misma, pero al conocer a esta extraña amiga todo, absolutamente todo, había cambiado.

Dante miraba dibujos animados en la televisión, era un negro enorme de brazos gruesos producto de meses haciendo aparatos y del duro trabajo en las fuerzas de elite del Brasil hasta que esta mujer de curvas torneadas y cabello endiabladamente rubio lo contrató como guardaespaldas. Dante no comprendía la mente lujuriosa y extraña de su patrona, sabía que podía encontrarse con esta muchacha en el momento que quisiera sin embargo había esperado y jugado con los acontecimientos en torno suyo como el gato que acorrala al ratón y espera con paciencia hasta darle la mordida final.

Alex era el otro secuaz de Morrigan, era tan enorme como el negro pero blanco como la leche, era un compatriota de Felicia nacido en Munich, leía una revista de Spiderman fumando un cigarrillo y de vez en cuando le miraba las piernas a la cautiva que estaba amordazada, vendada y atada a una vieja cama de hierro. Paula había pataleado al principio y por lo tanto el vestido se le había subido dejando ver su ropa interior.
__Ni lo pienses amigo.
__Vamos estimado, ¿Acaso no te calientan esas piernas?

Dante miró en dirección a la cama, se puso enorme y musculoso de pie y caminó hasta Paula, su amigo dejó la revista sobre la mesa y sonrió, en cambio contra toda predicción este le acomodó el vestido y le revisó las vendas, Paula volvió a contonearse y a lanzar bufidos con ya pocas fuerzas.

Volvió a sentarse a mirar la televisión donde el Correcaminos hacía nuevamente caer en su propia trampa al Coyote.
Alex lanzó una puteada y salió afuera, estaban en un chalet de Solymar, una de las tantas propiedades que Morrigan había alquilado en Montevideo, ella misma en ese momento dormía en la profundidad de la bodega de la casa dentro de una caja hermética.

Dante consultó su reloj, eran las seis y media de la tarde, pronto comenzaría a anochecer, tenían instrucciones para esperar lo inesperado, por primera vez iban a conocer a otra vampira de cerca. Alex lo miró desde la puerta como midiéndolo para pelear, no le gustaban los negros y poco sabía disimularlo.
__ ¿Y después que mate a esa perra?, ¿Nos dejará quedárnosla? __Dijo señalando con su cigarro al fondo donde se encontraba la cama con Paula.
__Yo que vos solo me preocuparía por el dinero que vamos a cobrar y por nada más.

Lorena pasó el día en su ataúd contando los minutos para salir a rescatar a su amiga, había pasado la noche anterior tratando de encontrar la dirección que le dejara Morrigan y cuando llegó a las inmediaciones de la casa comprendió que debería actuar con la cabeza fría, en esos momentos había superado una difícil etapa reconstruyéndose un tiempo en un inmundo agujero y se sentía débil aunque la sangre le hervía solo de pensar en perderla.

Había sentido las conversaciones de los secuaces de Morrigan pero no a ella, tal vez estaba en Montevideo, no lo podía adivinar pero felizmente olía a Paula y sentía que estaba bien físicamente aunque aterrada, se sintió culpable por involucrarla. Por su mente desfilaron todos los milicos e hijos de puta que había matado por su participación en la dictadura, no se arrepentía de nada, solo de haber dejado escapar a un par.
Pero esto era diferente, de alguna manera su conexión con Henrich Funke volvía a poner en peligro a su amiga y no podría permitirse la idea de que Paula fuera a morir por su culpa, acaso todo comenzaba a volver a cerrarse en torno a la idea de que había nacido maldita, como si desde que sus padres le fueron arrebatados a los cuatro años todo termina siempre en muerte y soledad.

La segunda noche sintió una fuerte presencia vampírica en la casa algo apartada del balneario y supo que la gran amante y enemiga de Henrich: Felicia Morrigan Westenra la estaba esperando. Parada junto a un grupo de pinos, desde la cuadra del frente pensó en que era una noche hermosa y demasiado clara como para pasar desapercibida, de todas maneras dentro de la casa la otra vampira de alguna manera le enviaba un mensaje, este decía:
__Atrévete a venir mi niña.

Con un salto felino el diminuto cuerpo de la chica de diecisiete eternos años se elevó por encima de la calle y destrozó la puerta penetrando en la casa, Dante y Alex saltaron sobre sus armas.

Juicio y Castigo.