El día que los ricos bailaron reggaeton

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Por: Darío Valle Risoto
Técnico en comunicación social

Resulta inobjetable asegurar que durante la mayor parte de la historia humana las clases dominantes eran las que marcaban las pautas culturales de los más desfavorecidos; es decir que aquellos que eran “propietarios” de los medios de producción marcaban el rumbo cultural de todos los extractos de la sociedad, aún de aquellos en el fondo de la pirámide cultural.

Las minorías dirigentes mejor preparadas gracias al indudable acceso a medios de aprendizaje, posibilidad de viajar y desde luego más tiempo de ocio, poseían la capacidad de ilustrarse mientras que aquellos que eran los que suministraban la mano de obra asalariada quedaban relegados a alguna forma insipiente de cultura y en el mejor de los casos a una educación religiosa y por ende doctrinaria donde se mantenga el sistema imperante.

Con el advenimiento de la revolución industrial fue necesario preparar a las masas obreras para nuevas formas de producción lo que trajo como agregado que deberían recibir mejor educación tanto como las generaciones venideras para prepararse a un futuro productivo más complicado que las anteriores formas de producción generalmente agrarias. Aún así las pautas de cultura eran todavía menester de aquellos que regenteaban el poder y desde abajo eran vistos con admiración por sus modales, su arte, sus formas de manejarse tanto entre el vulgo como entre la aristocracia en extinción.
No era raro que aquel pobre que pretendía escalar en lo social copiara los rasgos de sus señores para sentir al menos que su vida tenía sentido.

Es así que en el siglo XX al menos hasta poco más de terminada la segunda guerra mundial las masas obreras que comenzaban a sacudirse el yugo tanto en revoluciones como en cambios sustanciales en cuanto a sus derechos, aún veían a los ricos y poderosos como los propietarios de un concepto de cultura que era la marca, el destino a donde quisieran que llegaran sus hijos sino era como poseedores de riqueza, al menos como compartidores de un modo de cultura superior.

Aquel pobre que pretendía escalar en lo social pretendía si no le era posible aprender, al menos imitar la forma de vida de los ricos, vestirse y hasta hablar como aquellos que eran el espejo de a donde debería ir una sociedad ideal. Ser como los que mandan era un sueño desde luego que realizable al menos en lo estético porque sabemos que la movilidad social es imposible por una simple razón matemática donde los estamentos superiores deben mantenerse como una minoría para que las mayorías trabajen asegurándoles su sustento.

Esto que acabo de sostener se mantiene aún en las supuestas sociedades comunistas y/o socialistas donde indefectiblemente un grupo de dirigentes mantiene ciertos “privilegios” frente a las mayorías por más que algunos consideren más justos estos sistemas.

Es así que este escueto artículo pretende ahondar al menos superficialmente en un cambio que se ha sostenido al menos desde la década de los años ochenta donde ya no son los ricos y poderosos los espejos de las clases inferiores sino que se da vuelta absolutamente esta realidad y los que sustentan la propiedad de los medios de producción, los intelectuales, políticos, doctores, catedráticos, etc., comienzan a impregnarse de la cultura de los que desde abajo mantienen opciones culturales propias nacidas de su propia factura o adulteradas de aquellas que antes copiaban y venían desde arriba, es decir que lo que tenía cierto nivel baja para transformarse y volver a subir ya echo otra cosa. El ejemplo más claro es la música pero esto es también una realidad en diversas manifestaciones tanto estéticas como idiomáticas.

Algo sucedió que quién suscribe aún trata de explicarse, de alguna manera los poderosos dejaron de fabricar sus opciones para comenzar a copiar aquellas que vienen desde el pueblo, es decir: “desde el vulgo” o sea desde lo vulgar y lejos de resultar peyorativo, me atrevo a manifestar que aquellos valores remanentes desde lo instintivo y por ende primitivo adolecen de perfeccionamiento y/o complicaciones y están condenados a una sucesión de pautas que raramente podrán perfeccionarse o crecer para formularse como un extracto plano y casi decadente de aquello que pocas décadas antes los que “mandaban” aborrecían y discriminaban.

Una suerte de justicia social peligrosa se manifiesta hoy día cuando en las fiestas y recepciones de los ricos se baila y disfruta exactamente de la misma música que los extractos tanto obreros como marginales, esto se traslada a la forma de vestir, hablar y lo que es más peligroso a una concepción nueva del mundo y la cultura donde lo vulgar pasa a ser moda y lo que implique algo de clase y hasta cierta retórica profesional será vista como un objeto desechable.

Pero ellos podrán cambiar y hasta de alguna manera “descender” culturalmente más los medios de dominio siguen intocables porque no son tan tontos aunque lo parezcan, sin embargo lo poco que al menos era digno de ver como un camino a seguir en cuanto a cultura ya no existe y juntos compartimos un triste panorama de una cultura achatada donde todos bailamos “salsa” y caminamos por la vida vestidos como agentes del Hip Hop y hablamos la jerga carcelaria o el argot de la calle que vienen a ser más o menos lo mismo.

Hay cierto peligro evidente, peligro en un mundo donde todas las manifestaciones culturales dependan de un sentido “democrático” donde las mayorías dicten lo que es correcto y bueno de imitar y seguir porque desaparece aquel “techo” que si bien era dictado por las minorías opresoras, al menos eran indiscutiblemente formas de aprender y conceptualizar el mundo a través de un enriquecimiento intelectual donde la filosofía y la ciencia son herramientas indispensables.

Cuando los reyes, gobernadores, presidentes, políticos, parecen ser parte del pueblo resulta bueno y hasta justo pero si estos mismos “señores” manejan los cambios sociales con una vara muy baja en cuanto a aspiraciones culturales estamos en un verdadero problema.

Una sociedad libertaria, anarquista será posible siempre y cuando la mayor cantidad de personas tenga acceso a una educación real, constitutiva de un ser libre pero con una carga intelectual poderosa y valores éticos que solo son posibles desde el crecimiento personal y no desde una absoluta carencia de estos. Un ser crítico es necesario, pero para tener una conciencia critica hacia adentro y hacia afuera es menester poseer formación intelectual.anti intelectualismo

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