Los Fantasmas de Nuevo París

Abandoned Old Victorian House - New York, USALos Fantasmas de Nuevo París
Conclusión
Por: Darío Valle Risoto

Ella comenzó a desaparecer y él se arrojó en el espacio donde antes estaba el fantasma hasta casi chocar con una pared. Luego: la nada.
El celular sin cobertura, ninguna novedad, las novelas sobre la mesa de la cocina y afuera la tormenta, adentro de nuevo el gato que lo mira enigmático y en su estómago un vuelco al vacío.
Cuando la tormenta amainó comenzaba a amanecer, apenas caía una llovizna pero hacía frío, caminó resuelto hasta el pequeño cobertizo y encontró un pico y una pala. Como guiado por manos invisibles comenzó a cavar en el mismo sitio donde ese hombre desquiciado supuestamente había ocultado el cuerpo de su víctima.
Y por supuesto que la encontró.

Cuando llegó la policía su madre y la dueña de casa no tardaron en asistir a la escena en que el joven era interrogado por un agente incrédulo. El pequeño bulto casi era una mezcolanza de raíces y trapos podridos. Entre ellos los huesos de una niña, un medallón y restos de un vestido que alguna vez fueron vida.
Annabel Hermida se desmayó, el shock la hizo recordar algo que su mente de niña había borrado para siempre por simple e inexplicable instinto de conservación.

Dos días después Anselmo acompañó a Nora al sanatorio donde estaban a punto de darle el alta a la señora que los recibió agradecida.
__Gracias mi hijo, me hiciste recuperar los recuerdos, yo había fabricado en mi mente que se había muerto del corazón, pero había un secreto terrible que mi familia ocultaba. __Bajó la cabeza visiblemente avergonzada. Nora le dio un beso.
__De alguna manera siempre tuve la idea de que la otra niña era usted pero viví momentos muy confusos en esa casa… pero, ¿usted no la había alquilado?
__Algo, una fuerza, quizás el fantasma de Samantha que tu citas me hizo volver a vivir donde nos habíamos criado, no lo sé, tampoco fueron en realidad cuarenta años, creo que se te pasó que yo soy mucho más vieja, en realidad todo sucedió algún día de mil novecientos treinta y siete.
Anselmo se cruzó de brazos pensativo, miró a la mujer que sonreía y tenía la mirada de alguien que por primera vez en su vida descansa de recuerdos tristes y reprimidos. Por lo tanto temió hacerle la siguiente pregunta.
__ ¿Y Florián?, ¿Qué fue de él?
__Florián era medio hermano de mi madre, poco tiempo después de que “desapareció” mi hermana y yo me enfermé seriamente desapareció en el Brasil, por la edad ahora no creo que esté vivo, tendría más de cien años.

__ ¿Las violó a las dos?
__ ¡Anselmo! ___Gritó su madre mientras que abrazaba a su amiga, sin embargo los ojos de Annabel se tornaron fríos y miraron hacia la calle por la ventana del consultorio.
__Comenzó con Samantha pero no me pudo tocar, ella se le tiró encima y la mató, después entré en shock, ¿Solo nos viste jugando en el jardín?
__Si, y luego la otra niña siendo. …
__ ¡Por favor! ¡Ya todo terminó! __Suplicó Nora tratando de acabar con una conversación muy molesta.
__Es cierto, ¿Va a seguir viviendo allí?
__Pienso comprar la casa mi querido y le voy a construir algo, un monumento, algo que recuerde a mi salvadora.
En ese momento alguien entró a la sala y Anselmo se dio vuelta para ver quién y para quedarse congelado como en aquella fría mansión de Nuevo París.
__Es mi sobrina Silvana, viene a ayudarme a regresar a casa.
Una chica alta vestida de jeans azules y un largo buzo negro se retiró el largo cabello oscuro de la cara y lo besó en la mejilla.
Era demasiado parecida a la fantasma de Nuevo París.
__Él es Anselmo Fernández, el héroe de mi vida mi querida. __Dijo sonriendo Annabel mientras veía que estos dos jóvenes tenían una especie de halo eléctrico a su alrededor.

FIN

Epílogo
Pasado un mes del extraño suceso en esa vieja casa de Nuevo París Anselmo volvió a su vida cotidiana, es decir, al aburrimiento diario de tratar de ganarse la vida en la agencia de cambios y de contentar su tiempo libre leyendo de nuevo aquellos viejos apuntes sobre ciencias ocultas. Los había dejado un par de años antes porque se estaba volviendo un escéptico, al enfrentarse al caso de Samantha y ese fin de semana tormentoso en la casa de Annabel Hermida, había tenido que volver a ojear sus garabatos, diagramas y dibujos.
La casa de Gnosis en el centro había cerrado y le dijeron que Victoriano Andrade había partido al Perú en el 2008 a una reunión del grupo Rama liderado por el controvertido Sixto Paz. Así que descansando en un sucio bar de la calle San José se puso nuevamente a recordar los detalles de esos casi dos días donde descubrió un doloroso secreto que involucraba fantasmas, asesinatos y especialmente su duelo personal con el miedo.
El capuchino estaba bueno y afuera había salido un sol invernal que le daba al centro un poco de color a pesar del frío, hubiera querido pedirle disculpas a Victoriano por no haber tomado en cuenta tantas enseñanzas, pese a todo sabía que no podía involucrarse como esas viejas que se pasan leyendo a Coelho, yendo a Reiki, leyendo el horóscopo y se pierden…
La vida, dos chicas que pasaron frente a la vidriera y le sonrieron, el cuicacoches que se empinaba la botella de plástico con vino y un auto que frenó casi sobre la cebra pintada en la agrietada calle céntrica.
Pero: ¿Por qué no puede dejar de pensar en ella? Demasiado sólida para ser imaginación, nunca olvidó el contacto de su fría mano ni el insondable y profundo mar oscuro y triste de sus ojos negros, tampoco la esbelta y delgada figura graciosamente sinuosa que era ese joven espíritu tomado de la tierra en forma criminal.

¿Se puede amar a un fantasma?, Acaso Anselmo estaba demasiado solo en una ciudad que no le había dado mucho, de todas maneras fue muy elocuente fue abrazar a Nora y decirle que lo perdone porque aunque madre adoptiva era su madre y que reconocía que había sido muy frío cuando murió su marido… es decir, su padre.
Nora estaba feliz porque desde el suceso la casa de su gran amiga había recobrado la vida, de todas maneras Anselmo tenía algo de reparos en volver a pisar esas habitaciones oscuras y húmedas.
Cuando terminó su capuchino se quedó mirando a una joven rubia que había entrado al bar, ella pidió un café pero se quedó mirando la televisión haciéndolo a su vez salir de su abstracción y enfocarse en las noticias.
Montevideo asistía a hechos extraños desde hacía unos seis años, crímenes sin resolver y situaciones que no eran del todo bien explicadas, no solo por las autoridades sino también por los medios de comunicación. Anselmo se sintió culpable porque había vivido en su propia burbuja tratando de trabajar, ir a casa, dormir, ver películas y nada más. Las pocas y raras relaciones que había tenido con el sexo opuesto siempre terminaban sin una explicación. Tal ves su obsesión por el fantasma de Samantha era producto de su soledad.
La chica rubia terminó su café y recogió su bolso, antes de salir compró cigarrillos y en la puerta encendió uno y se puso a toser inmediatamente para luego estallar en una risa histérica.
__ ¿Te puedo ayudar en algo? __Le preguntó él tratando de socorrerla pero sin saber que realmente hacer.
__En realidad no fumo, ¿Se nota?
__Creo que bastante, será mejor que tomes un refresco yo invito si no supera los cincuenta pesos, digo.
__Gracias.
__Me llamo Anselmo
__Paula, mucho gusto.

FIN

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