La mujer paralela (Cuento homenaje)

Wallpaper Magic 310 (27)La Mujer paralela
Por: Darío Valle Risoto

Cuando la vio recordó inmediatamente las largas charlas, apasionantes debates, tertulias familiares sobre un tema demasiado original para gente humilde y de educación pobre. Y sin embargo “ella” al subir al colectivo en la parada de “Tres Cruces” lo avalaba todo, lo probaba sencilla pero rotundamente.

Daniel esta vez no viajaba del todo dormido, el calor y estar sentado del lado del sol lo habían hecho caer en esa modorra que ni el pésimo candombe cantado por dos pibes que jodieron de lo lindo sobre el rodado lo habían despertado, pero despierto debió agradecer al don de la suerte el que ella subiera primero seguida de un grupo de gente variopinta de las que suelen ascender en la terminal ya nombrada.

Ella no podía ser, era la prueba evidente de aquello referido sobre lo que indefectiblemente caían con su padre y el tío “Tito” sobre las diferentes posibilidades de esta vida, debería decir: “a esta vida” si es posible hablar de otros mundos paralelos, el multiverso de las historietas de DC todavía no había nacido y sin embargo con su viejo y su tío lo habían hecho nacer a fuerza de puras conjeturas vino en mano o tomando mate en aquel añorado patio de conventillo.

No bastaba la imaginación, había pequeños trazos de que una sola realidad no es posible y mucho menos solo este mundo triste e inadecuado para tres soñadores, dos veteranos y un Daniel casi niño mamando de tanta conversación inadecuada para un patio de inquilinato donde sonaba radio “Clarín” y se escuchaban ininterrumpidamente los ladridos de los perros.

Sentado calculó que era casi tan alta como él, por sobre el metro setenta, shorts de tela jean, no recordó luego su calzado ni su jersey que era blanco o celeste, pero si el cabello corto negro y el cruce de miradas como si ambos dijeran: “A vos te conozco pero no de esta vida”.
Daniel miró de reojo al asiento vacío a su lado completamente convencido de que ella elegiría otro y así fue pero no bien se sentó más adelante miró para atrás y se cambió a su lado y sus brazos de mangas cortas se rozaron.

Electricidad mediante, el roce subrepticio de la vida recorriendo los leves cabellos de la piel de los brazos y algo aparentemente anormal subiéndole por la garganta con un dejo amargo de tristeza inicua al presagiar la despedida anónima y hostil.

__ Perdóname, se que te debo que conocer de alguna parte.
Podía haberle dicho pero era un irreverendo cobarde, un cagón de primera línea sobretodo al tratarse de ese tipo, un tipo de mujeres absolutamente sobrenaturales.

Su rostro era hermosamente diferente, blanca piel, ojos negros o castaño oscuros, labios casi carnosos, nariz un poco despareja, lo justamente asimétrica para engalanar mejor una cara de puta madre y quizás de una joven de no más de veintidós años.
__ ¿Sos de verdad?
__ ¿Qué?
__ Discúlpame, a riesgo de parecer un imbécil, no puedo creer que seas de verdad.

Un eterno y largo silencio de quizás tres o cuatro segundos y una sonrisa totalmente radioactiva, ella sabía sonreír como ninguna y Daniel supo de inmediato que no hacía falta una respuesta y mucho menos tratar de explicarle lo inexplicable.

__ Se que parece una triste forma de tratar de seducirla pero es que realmente si no le digo algo, luego voy a querer suicidarme de una forma lenta y cruel. __ No sabía por que del tuteo pasó al usted.
__ Tengo novio.
__ Por supuesto, debe ser el hombre más afortunado del mundo y estoy seguro de que no te merece. __ Volvió a tutearla. __ No digo que sea un mal tipo, pero ningún ser humano de este mundo puede merecerte, estoy seguro.

Otra pausa quizás de cuatro segundos y medio y la mirada casi a tiro de un beso y otra sonrisa, Daniel sintió que había ganado un millón de dólares en afecto.
__ Estamos por dejar.
__ Me alegro… para que mentirte, no es buena manera empezar mintiéndonos.
__ ¿Empezar?… ¿Vos como te llamás?
__ Daniel Gorriti, dibujante de historietas e interlocutor aburrido a tus órdenes.
__ Estella Gómez, María Estella Gómez, estudiante de medicina fracasada y a punto de quedar soltera.
__ No te veo como doctora, quizás como una educadora, maestra, profesora, catedrática de la Sorbona de París, de algo extranjero, de otro planeta mejor, de una tierra paralela si se me permite.

Ella pensativa entrecerró sus cejas, sonrió un poco menos, mientras el sentado a su lado no sin cierta dificultad le estrechó la mano y sintió sus dedos perfectos pintadas las uñas de azul.
__ Si te invito a tomar algo puedo parecer ansioso pero: ¿Para que ocultar mi ansiedad si temo que si te dejo de mirar desaparezcas?
__ Me puedo hacer humo, es verdad.

Bajaron en Colonia y caminaron a un bar de dieciocho, ella eligió el sitio, el pensó en que ya no le quedaba saliva para tragar, hacía calor y pidieron dos refrescos.
Pidió permiso para sacar su celular, buena señal, luego intercambiaron números y sonrisas y miradas extrañadas de dos solitarios de mundos diferentes que subrepticiamente colisionan para armar una nueva entidad llamada: “Relación”, el amor es un valor agregado que probablemente nunca desplazaría la sensación de ambas partes de estar conviviendo con un ser de un mundo extraordinario.

Y Daniel regresó a su casa con novia, una reciente novia perteneciente al mundo donde todo lo imposible sucede como no dormirse y conversar con una desconocida absolutamente fabulosa sintiendo que se conocen desde siempre.

Otra forma de comienzo siempre estará condenada al fracaso.
FIN

(Un pequeño homenaje a esa chica que subió en Tres Cruces)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s