Neo Vampiros 39: Confortable

El arte de Toon Hertz (40)

Neo vampiros 39
Confortable
Por: Darío Valle Risoto

No era fácil ser amiga de esas mujeres, ¿Mujeres?, Tal vez no lo eran en la justa acepción del término y para colmo Lorena había desaparecido hacía una semana. Nada ni en la casa ni en Montevideo, solo sus llaves y la posibilidad de ir a esa mansión enorme y desierta para escapar de estas…
__ ¿Te compraste el Dior?
__ Me lo regaló papá, no saben lo que se enojó su mujer, ni me imagino como estará esa puta cuando yo le pase cerca con la última fragancia traída de Paris.
Absorta Paula miraba hacia la calle dieciocho de Julio mientras las otras conversaban sobre sus últimas adquisiciones en el ramo de la plastiquería.
Repasaba su historia, sobretodo la muerte del hijo de puta de Lecuore, sabía que Lorena fue a cerciorarse de que de verdad había palmado, el tipo se había suicidado y sufrió la rabia de no haberlo matado ella, pasó dos días abajo en su ataúd gritando.
__ ¡Henrich!, ¿Mamá….papá?

__ A vos te pasa algo.
__ ¿Qué…?
Rossana la miró, tiene esa gracia propia de las nenitas grandes de alto nivel económico para meterse en la vida de sus amigas…. o sea: ninguna.
María Noel las observó socarrona, había momentos en que Paula maldecía cualquier idea de juntarse con ellas, era como estar comiendo con buitres dedicados a masticarse la carne sin consideración, esa eterna rivalidad por cosas, tipos, pedazos de materiales inertes y sobre todo reírse de las desgracias ajenas. Pero volvía a esa droga social de rozarse con las de su clase, entonces la pregunta en su cabeza, punzante, insultante, era: ¿Quiénes son los verdaderos vampiros?

Esa fue su vida y la de sus padres y de los padres de sus padres, el interruptor fue Lorena, ¿Cuándo se cruzaron?, no lo recordará precisamente o prefiere pensar que siempre estuvieron juntas. Aún antes de conocerse.

__ ¿Qué te pasa che?, ¿Estas drogada?
__ ¿Qué?
Se dio vuelta justo en el momento en que un bocinazo cuatro calles más abajo le tapaba los comentarios a María José Menchaca, hija de estancieros y lesbiana, pero era torta solo cuando viajaba a Europa, bastante seguido, por cierto. Rossana Ryus era más sofisticada, lo hacía con todos los amigos de su padre, también con los hijos de estos y con cualquier pene que esté suficientemente cerca.
Pamela Gross era un caso diferente, era una rica, muy rica pero inmensamente gorda y por lo tanto relegada a ser fea de ocasión en todas las reuniones, asombrosamente parecía llevar bien sus kilos siempre y cuando la merca no le falte.

Paula sintió angustia y salió rápidamente de la lujosa sala y se metió al baño, el espejo le devolvió a una joven que dejaba de serlo rápidamente. ¿Cuántas veces le había pedido a su amiga que la vampirice?
Desde el primer momento que develado el secreto increíble comenzó a convivir con esta hija de desaparecidos e inmediatamente a comprender tantas cosas de su vida engañada en esa pulida realidad social y confortable con padres llenos de guita y el futuro debidamente asegurado. ¿Cuántas cosas había asumido como reales y sin embargo eran puras mierdas?, ¿Cuántas veces se rió y burló de duras realidades como lo continuaban haciendo esas tres hijas de puta de la sala y ahora…?

__ Nunca debiste conocerme. __ Le dijo cierta noche y Paula se quedó con esa frase de iluminación arrepentida golpeándole en la cabeza, sin embargo amaba a su amiga y sentía solo cobijo en estar junto a ella en el salón, mirando tele o escuchando música, nunca antes se había sentido realmente bien con nadie hasta que la conoció.

Se arregló el pelo y regresó por el amplio corredor interior entre cuadros y adornos de fineza increíble hasta que las encontró riéndose y jalando coca de la mesa de espejo, parecían tres aspiradoras humanas intentando sacarle la última molécula de Polvo de Ángel al vidrio.
__ ¡Dale che que estas no dejan nada! __ Gritó la gorda Pamela apretándose la nariz, mientras que Rossana le daba un beso corto en la boca a María Noel.
__ Ya me voy. __ Dijo sombría y continuó caminando hasta el perchero para quitar su saco francés, las otras continuaron con lo suyo. Solo sintió el saludo de la empleada que pasó junto a ella con otros cinco gramos de repuesto para la fiesta.

La noche caía rápidamente sobre la ciudad y no podía reparar en la mujer alta y rubia que la seguía mientras caminaba sin rumbo hasta la galería De London. Entró a mirar vidrieras aunque su mente seguía con Lorena y la sospecha de que se había ido para siempre, pero chocó contra alguien al querer retornar sus pasos para volver a casa.
__ Discúlpeme.
__ No es nada… ¿No nos conocemos?
Era más alta que ella, casi una cabeza, le recordó a Uma Turman la de “Kill Bill” y sonrió, la mujer hizo lo propio y la aferró del hombro con firmeza pero transfiriéndole cierta energía que por momentos la cautivó.
__ Creo que se equivoca.
__ Tal vez. __ Dijo y miró al techo pensativa, llevaba un vestido verde oscuro realmente hermoso, sus ojos azules e intensos parecían penetrar los suyos como leyéndole sus pensamientos. Paula comenzó a dudar de si no la conocía realmente de alguna fiesta en las embajadas cuando venían sus padres a Montevideo o de alguna otra recepción.
__ Me llamo Mercy Van Hausen y vine hace dos meses del extranjero, la verdad que estoy medio perdida, la invito a un café si no es impropio. __ Le dijo tomando un poco de distancia, tenía un saco negro sobre los hombros y una hermosa cartera Gucci que hacía juego con unos zapatos espléndidos de punta.

Unos minutos luego, conversaban animadamente en la confitería del Sorocabana.

Juicio y Castigo

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