Neo Vampiros 35: Relaciones Místicas

El arte de Toon Hertz (34)

Neo vampiros 35
“Relaciones místicas”
Por: Darío Valle Risoto

Lorena lamió la sangre que le cubría el mentón, no bien se limpió las manos miró a los tres policías. Acabar con ellos le había producido mayor placer del esperado, después de todo eran parte del mismo sistema que muchos años antes se había llevado a sus padres.
A la mañana siguiente la ciudad se convulsionaba con las muertes. Morrigan en su casa de Solymar recibió el periódico por una pequeña trampilla que daba al sótano donde tenía su ataúd.
__Esto no fue para alimentarse… interesante. __Pensó.
Morrigan era más fuerte en comparación con las nuevas generaciones y aunque la acuciara el deseo de dormir durante el día como a cualquier otro de su especie podía darse el lujo de leer en la profunda oscuridad que la rodeaba lejos del sol. Sus esclavos humanos le habían bajado el periódico porque sabían que ella exigía cualquier dato que tuviera que ver con su raza.

Paula ya no solo se estremecía al recibir noticias sobre muertos vaciados de sangre temía por Lorena y por su propia cordura mental al respecto.
No quiso desayunar y la empleada la rezongó como si fuera una niña, simplemente la mandó a pasear y salió al sol de la mañana, su perro pastor casi la tira al piso haciéndole fiestas.
__ ¡Antón!, ¡déjate de joder!
Tenían un jardín japonés al fondo de la casa de Carrasco. Era la envidia de toda la burguesía, su padre se había gastado todo el dinero de una “cometa” ganada por el “negocio” del Parque de contenedores del puerto de Montevideo. Por lo menos ella si podía disfrutar del delicado paisaje de la laguna artificial, las flores de Loto y los peces enormes y festivos porque sus progenitores habían tenido que irse de apuro del país.
Aún así temía por su querida amiga, ¿qué estaría pensando en la profundidad de ese frio cajón en esa casa tan fría?: ¿En Henrich?
Ese hombre que era casi una leyenda, solo al mencionarlo era la única ocasión en que los ojos de Lorena adquirían un brillo de vida y parecía olvidar aunque sea por un leve lapso, su condición de hija de desaparecidos durante la dictadura uruguaya.
__ ¿Y yo que soy? __ Se preguntaba Paula que con veinticuatro años seguía dependiendo de una vida vacía y casi ilógica.
Dejó el jardín con su puentecillo de madera y los perfectos contornos de rocas musgosas por donde corría una pequeña caída de agua, miró a los camalotes y luego por sobre las vayas de mimbre los techos de las casas vecinas y recordó que estaba en el maldito Montevideo.

Eran las cuatro de la tarde cuando comenzó a oscurecer extrañamente sobre la ciudad, una nube helada cubrió la capital y la gente volvió a meterse en sus casas o a subir el cuello de sus abrigos. Era Mayo y el invierno parecía adelantarse haciéndole trampas a un día que había sido de sol. En la enorme casa del Prado, Lorena se despertó antes de tiempo, se sintió extrañamente nerviosa y no pudo quitar de su mente la idea de que a Henrich le había pasado algo.

Sintió una opresión nueva en el pecho, era como si algo se le hubiera roto por dentro y su cabeza estalló en miles de imágenes superpuestas como si se desparramaran fotografías sobre un lago de sangre donde poco a poco cada imagen es absorbida a una profundidad misteriosamente oscura. Lo veía cayendo con sus ojos blancos y el atronador sonido de un arma de fuego que se llevaba por el aire pedazos de cráneo, maza encefálica y parte de la cara de su creador.
__ ¡No! __Gritó y la tomó a golpes de puño contra el ataúd que se quebró como si fuera de papel, las astillas llenaron el piso y la plataforma del sótano donde estaba apoyado, luego destrozó la puerta y en dos saltos utilizando pies y manos sorteó la escalera hasta la planta baja de la mansión.

Respiró una, dos, tres, cuatro veces, recuperó el aliento y sintió que su gris corazón comenzaba a recordar la costumbre de latir, Lorena lloró lágrimas espesas y grises y nunca como aquella noche la soledad la oprimió tanto y la ausencia de sus padres le laceró el alma agrietada.

Juicio y Castigo.

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