Neo Vampiros: Orígenes secretos

El arte de Toon Hertz (33)

Neo Vampiros: Orígenes Secretos
Por: Darío Valle Risoto

Aclaración: Este capítulo sin número fue publicado por primera vez en Octubre del 2006, no tiene número porque narra el origen de Lorena, es una precuela de toda la historia de Neo Vampiros. Con motivo de la posible creación de un cómic sobre estas historias el dibujante me pidió un origen que no tenía pensado hacer sino ir deslizando pistas sobre la génesis de Lorena en la obra, de todas formas apareció entre los capítulos 16 y 17 en aquellos años.

Las cosas volvían a su sitio, la democracia que comenzó como una promesa de libertad se aletargaba sin remedio. La primavera del ochenta y cinco iba quedando atrás, dos años después Lorena caminaba sin rumbo soportando el invierno que aportaba su cuota de gris decepción, se sentía muy mal desde que el pueblo había elegido el continuismo votando al partido que invocó a los militares.

Había un hombre difuso, era algo extraño parado en medio de la ciudad vieja, como si fuera un fantasma.
__ ¿Tenés un cigarro? __Le preguntó, solo por hablar.__ El no le respondió.
Sintió su perfume, su aliento extraño, cuando la miró a los ojos fue como si le penetrara el alma, hubiera querido recordar como terminaron tomando un café en un bar de la calle Sarandí, pero cuando reparó en ello, ya habían entrado.
__ ¿Sós extranjero?
__ Austriaco, pero vivo aquí.
Sacó unos cigarrillos finos, delgados y de color marrón, al encender uno, se disparó un aroma ocre que la hacía rememorar oscuros y viejos tiempos que nunca había vivido.
__Solo a veces fumo. __ Le dijo sonriendo imperceptiblemente, sus dientes blanquísimos y perfectos la inquietaron, eran como los de un lobo, perfectos, blancos y puntiagudos. Ella no sabía en ese momento que cerca estaba de la verdad de ese hombre.

La madrugada levantó una helada, y cuando salieron tuvo que acurrucarse debajo del enorme saco de cuero negro del extraño. Caminaron varias cuadras hacia dieciocho de Julio, le preguntó su nombre recién cuando entraron al hotel.
__Henrich Funke.
__ Yo soy Lorena
La habitación olía a desinfectante y naftalina, él se quitó el saco, lo colgó dentro del ropero vacío, sus manos eran delgadas pero fuertes. Dentro del ropero algunos visitantes habían escrito diferentes frases, nombres, corazones.
Había una mesa de luz con preservativos junto a un cenicero que no habían limpiado, Henrich tomó dos pequeñas botellas de una mini heladera. En ningún momento hacía ruido, era como si se deslizara al caminar, como si flotara.

__ Discúlpeme. __ Olvidó tutearlo y lo apartó de ella cuando se le acercó demasiado, él se dejó rechazar, pero ella comprendía que era más fuerte.
__ Henrich bebió de una de las botellas hasta vaciarla, sus ojos tenían un tono carmesí, pero bien pudo ser el reflejo de la lámpara del hotel. Notó que él también tenía la sensación de que algo no andaba bien, al verlo lo reparó tan desolado como ella. No supo que era una víctima hasta que dejó de serlo.
__Somos huérfanos. __Le dijo la chica y él pareció leerla como a un libro.
__ ¿Tus padres? __Le preguntó al adelantarse, ella comprobó que sus colmillos eran anormalmente largos.
__Asesinados en la dictadura, casi no los conocí, tenía apenas cuatro años cuando los milicos hijos de puta se los llevaron. ¿Vos no serás cana?
Lo vio sonreír amargamente, le habló de “los campos”, era uno de esos recuerdos que por más que se entierren, siempre subyacen, siempre asoman y vuelven a atravesar con sus gritos enmudecidos, los huesos, los hornos, el infierno.

La segunda guerra mundial cambió al mundo, cambió su vida, Henrich Funke que creía que lo había visto todo cuando de pronto de abrieron los sellos que custodiaban la tragedia más grande del hombre, la caída de la especie, el fin de la luz.
__Yo estuve preso, hace mucho tiempo, en Auschwitz…
__No era necesario explicarle, ella lo había estudiado, pero él era demasiado joven y por lo tanto un mentiroso.
__Soy un muerto que camina. __Le comentó como si se tratara de algo nimio mientras sentado en la cama se terminaba la tercer botellita de Whisky.
__Me quiero ir.__ Le dijo temblando, había algo que la instaba a creerle y eso era lo más aterrador, él lo notó y luego todo saltó como escenas de vídeo clips, ya no estaba sentado, le mordía el cuello, un estallido de hemoglobina y semen los dejó temblando, ni siquiera recordaba haberse sacado la ropa pero estaba desnuda.

Al sobrevenir la mañana, él puso una frazada oscura contra la ventana, la habitación continuaba oliendo a naftalina, ella se sentía mucho mejor ahora mirándolo sentado fumando junto a la ventana cerrada.
__ ¿Por qué no me mató? __ Se tocó el cuello y su herida se secaba rápidamente, se sentía como quemada por sus colmillos, a la vez en su sangre notaba algo nuevo, era como si le hubieran inyectado una desconocida sensación de bienestar, estaba como drogada.
__ Tengo un regalo, una oportunidad única para vos, la venganza por tus padres, la justicia para que encuentres tu rumbo en los próximos años.
__ ¿Por qué?
__Porque en este mundo una vida normal no alcanza para que los hijos de puta paguen, yo sé de impunidades, yo fui prisionero de los mismos nazis que luego terminaron trabajando en grandes compañías norteamericanas y fabricando bombas atómicas.
__ ¿Por qué a mí?
__ No lo sé, empatía quizás.

Henrich Funke se abrió una herida en diagonal en su pecho y la hizo beber de su sangre nueva y tibia, Lorena aún no había cumplido los dieciocho y nunca más los cumpliría.
Pasaron tres noches en ese hotel, ella le contó de su familia, del arresto y desaparición de sus padres: Antonio y Esther, la lucha de su abuela que la crió hasta su muerte y luego la sobrevivencia defraudada.

Entre sus recuerdos afloró la imagen de una niña flaquita llevada por un largo camino de pedregullo hasta unos celdarios donde pudo ver a un extraño que llorando desde atrás de unas rejas le gritaba.
__ ¡Coraje mi niña, que papá pronto estará contigo!
__En ese momento recordó una vieja angustia, luego comprendió que es algo que muchos “hijos” han sufrido.
__ ¡Me mintió!, Mi padre me mintió.
__Antes de terminar la tercera noche él se fue.
Desde ese momento Lorena renació para hacer justicia… su propia justicia personal.
Juicio y castigo

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