Juan no quiere ir al cine

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Juan no quiere ir al cine
Por: Darío Valle Risoto

Pensó que había dormido mucho más de la cuenta, alargó el brazo tanteando sobre la mesa de luz buscando su reloj de pulsera pero terminó con este sobre el piso y tuvo que prender la lámpara para buscarlo sobre las baldosas esperando que no se haya roto. Apenas eran las cuatro de la tarde pero estaba endiabladamente oscuro, como si fuera de noche.
Por suerte su viejo reloj “Admiral” parecía seguir bien, sacó uno de sus últimos tres cigarrillos “Jazz” del paquete y lo encendió, el yesquero largó un leve olor a Disán que el aroma del tabaco negro eliminó sin clemencia.
Se sentó en la cama, no le gustaba fumar acostado del todo, el piso estaba frío, volvió a mirar la hora: las cuatro y siete minutos. Se sentía cansado, había cargado cajones casi hasta el medio día y apenas si había almorzado una milanesa al pan enchumbada en aceite.
Fue hasta el baño, tenía la barba algo crecida y calentó agua en la cocina para afeitarse, mientras tanto trató de ponerle alcohol al calentador de la ducha, luego recordó el cigarro que había dejado sobre el lavabo, también prendió la radio para combatir una fuerte sensación de desasosiego que le subía desde el estómago.
Estaban pasando la media hora de Carlos Gardel en radio Clarín, la dejó a medio volumen y volvió pitar su cigarrillo que como buen compañero le guiñó su único ojo de fuego.
No le gustaba verse al espejo, era un tipo extraño ese hombre con la barba crecida y los ojos tristes que le imitaba la imagen desde otra dimensión atrás del espejo donde todo era exactamente al revés. Sin embargo si así fuera, ese otro tipo podría sonreírle un poco y tal vez pasarse a este lado para tomarse unos vinos juntos.
Se arrepintió de haber quedado de ir al cine con los muchachos del club, estrenaban la última de John Wayne y daban en doble programa con “Centauros del desierto” que ya había visto en el Mogador el mes pasado, pero no había nada mejor que elegir en los cines del barrio.
Se quitó la camiseta y reparó en que el cuello estaba negro, la tiró dentro del canasto de la ropa sucia junto a unos calzoncillos y unos pares de medias agujereadas que siempre pensaba coser pero nunca cosía. Metió la brocha húmeda dentro del jabón, tenía perfume a Lavandas, luego se la pasó sobre la cara sintiendo que de alguna manera podría hasta quizás sonreír un poco, pero mejor era estirar la trucha para pasarse la gillette y que no corra demasiada sangre.
Se pasó una pequeña toalla húmeda de agua tibia sobre la cara y se dio un par de palmadas sobre la piel ahora limpia y tensa, luego terminó el cigarro y se desnudó para ducharse, afuera cantaba Carlitos y seguía pareciendo de noche.
Se bañaba rápidamente, medio a lo bestia hasta que le dolía la piel bajo la esponja áspera y el jabón Palmolive. Se secó y caminó desnudo hasta el ropero para sacar un calzoncillo, le quedaban solo tres limpios así que eligió el más nuevo y una camisa blanca que estaba colgada debajo del saco.
Prendió el penúltimo cigarro y fue a prepararse unos mates antes de volver al cuarto y terminar de vestirse, seguía sin ganas de ir al cine pero no había muchas alternativas en esa vida solitaria que le había tocado vivir.
Quedaba poca yerba en la lata vieja de galletitas inglesas que alguna vez fue un regalo para su madre, en otra época en que solía sonreír y hasta arriesgar alguna carcajada porque la vida parecía aún tener promesas que podrían cumplirse.
Sentado en la pequeña mesa de la cocina se cebó contra la bombilla el agua caliente y sintió el aroma de la yerba mientras terminaba la media hora de Carlos Gardel y comenzaban a pasar algunas canciones de Jorge Cafrune.
No soy de aquí ni soy de allá, era la cosa, no pertenecer a ninguna parte y ser esclavo de todas, servirse de la imaginación para combatir la pobreza y la solitude de no haber entrado en la rosca de la familia, dios, la propiedad o el fabuloso don de cagarse de risa en medio de esa noche de las cuatro y media pasadas de la tarde que le volvían a acongojar.
Golpearon la puerta y les conocía el golpe, eran Flavio y Esteban para ir al cine, la película comenzaba a las ocho, las películas pensándolo bien, aunque claro, primero la más vieja y a eso de las diez el estreno.

__ ¿El mate es de ahora?
__ No, de hace un par de meses.
__ ¿Cómo anda la cosa?, cebá uno che.
__ Acá me ven derrochando alegría, recién afeitado y bañado para salir con un par de rompe huevos.
El primer mate fue para Flavio mientras Estevan fue hasta la radio a sintonizar el partido.
__ ¡No toques!
__ Juega el manya contra Rentistas ahora en el centenario.
__ ¿Pero vos no sos de nacional?
__ A muerte, por eso quiero escuchar como los embatatan a ustedes los carboneros.

Flavio terminó el mate y le dio el mismo al dueño de casa agradeciendo mientras miraba a Esteban con cara de pocos amigos y luego movía la cabeza como desechando una frase luminosa o un insulto grosero.
El partido había terminado, el locutor informaba que Peñarol había ganado uno a cero sobre la hora.
__ ¡Que lástima, no nos embatataron! __ Dijo: Flavio mirando al negro Esteban que se sentó y aceptó el amargo.
__ ¿Cuál es la película que estrenan?
__ No recuerdo bien el nombre, es una de Cowboy con John Wayne pero no me acuerdo.
__ Si es de John Wayne es de cowboy, vos siempre el mismo. __ Amonestó Flavio mientras se acariciaba su fino bigotito de policía.
__ No, creo que hizo un par de guerra, de la segunda guerra mundial. __ Agregó el dueño de casa que se seguía sintiendo triste pero al menos ahora estaban estos dos.
__ Decime Juan: ¿Volviste a ver a Laura?
Juan, el dueño de casa aceptó el mate y se cebó uno mientras miraba enseriado a Flavio que carraspeó nervioso.
__ Es que la vi ayer en el centro, andaba sola como perdida en la distancia cuando la saludé y me preguntó por vos.
__ ¿Y que le dijiste?, si se puede saber, ya que te andás metiendo donde no te llaman.
__ No te calentés che, vos sabes que es prima de Aurelia y que con la gorda nos seguimos llevando bien aunque no separamos hace tiempo. Le dije que andas bien pero que seguís solo y me dijo que porque vos querés y que sos un resentido de la vida y ella te aguantó todo lo que pudo.
__ Bárbaro: ¿Saben una cosa?: No voy nada al cine y se van a la misma mierda.
__ ¡Te dije che que no le dijeras nada de la Laura!
__ No es: “La Laura”, es Laura a secas par de ignorantes de mierda y ya saben, hoy no voy al cine y se pueden meter a John Wayne por el culo con Winchester y todo.

Al rato estaba solo de nuevo, prendió el último cigarrillo y se cebó otro mate, la tarde se iba haciendo noche y por dentro ya estaba el desasosiego haciendo una presión ahogada sobre la soledad de Juan.

FIN

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