Un ruso en el cantegril (Cuento)

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Un ruso en el cantegril
Por: Darío Valle Risoto

En el verano del año 2001 llegaron tres mexicanos a Montevideo, cada uno además de un bolso con sus objetos personales traía una valija metálica con cien mil dólares en billetes de a cien. Ninguna valija fue revisada en el aeropuerto internacional de Carrasco.
El diecisiete de diciembre del año 2003 un narcotraficante fue asesinado al mediodía en plena Avenida de las Instrucciones por dos individuos en una moto, le pegaron siete tiros, su mujer huyó ilesa pero con un disparo en la ingle.
Al promediar el año 2014 trescientas catorce personas fueron muertas por asuntos relacionados con la droga, la policía y los medios gustan de llamarle a esto: “Ajustes de cuentas”.

Alexandra entrecruzó sus piernas con las de su cliente. Dimitri Vasiliev Tascherov estiró su brazo hasta la meza de luz y no sin cierta incomodidad pudo servirse Vodka, un Vodka nacional bastante malo pero es de lo mejor que se consigue en el Uruguay.
La puta se descruzó de sus piernas y le quitó el vaso para tomar un largo trago, después lo besó. Era una buena forma de saborear el alcohol. Pensó Dimitri.
__ ¿Así que sos Ruso?
__ Ucraniano, pero Ruso da lo mismo, a estas alturas. __Le dijo mientras le acariciaba los pezones negros y duros.
__ Dice mi fiolo que paso mucho tiempo contigo, está sospechando que me enamoré. __La mujer delgada y negra como la noche lanzó una carcajada mientras Dimitri Vasiliev sentía que alguien se aproximaba lentamente por el corredor del hotel, demasiado lentamente como para ser alguien normal.

La empujó fuera de la cama, ella lanzó un gemido mientras el ruso enorme y rubio se levantó con su Tokarev en la mano izquierda y se paro junto a la puerta. Alguien estaba del otro lado, su respiración se notaba entrecortada, escuchó algo que se movía desde un bolsillo, el roce del metal fácilmente reconocible para sus oídos de lobo estepario.
Puso su mano izquierda sobre el pestillo y abrió rápidamente, tomó del cuello a alguien en el corredor oscuro y lo tiró al piso, al mismo momento se paró sobre el brazo que sostenía una pistola y con la rodilla cayó sobre los genitales del hombre negro y grueso que escupió de dolor.
__ ¡No lo mates, es mi hombre! __Exclamó la prostituta. Dimitri ya le había puesto la Tokarev entre los ojos, el tipo se meó encima.
__ Soltá el arma y puede ser que te deje vivir. __ Soltó la pistola. Alexandra comenzó a llorar pero se abstuvo de gritar cuando el ruso puso su índice sobre los labios y se dio vuelta para cerrar la puerta con su brazo libre sin dejar de apuntar el arma.
__ Ella me pertenece, como demoraba vine a ver que pasaba, todo bien, me voy, ¿Me puedo ir?
__ El ruso dejó que el tipo se recupere no sin antes guardar el arma que había traído en su mesa de luz y sin soltar su Tokarev se sirvió más Vodka, la mujer se sentó al lado de su pareja limpiándole la cara transpirada con su pañuelo.
__ ¿Ella labura para vos?
__ Si. __Contestó tembloroso, era un negro gordo casi tan alto como el Ruso, tenía ropa sencilla pero llevaba un reloj de oro y una cadena con una cruz del mismo metal.
__ ¿Cuántas tenes a tu…cuidado?
__ ¿Qué?
Dimitri Vasiliev apuntó más cerca al tipo, después corrió la mira hasta la enorme media luna de orín en sus pantalones.
__ Tengo cuatro perras que trabajan para mi, buena plata, pronto tendremos otra más que viene del interior.
El vodka estaba cayéndole mejor, entre medio de la conversación recordó como había llegado al Uruguay. Todo gracias a aquella entrevista en Bogotá donde le pagaron para que arregle las cosas al sur.
__ Desde ahora ellas y vos trabajan para mi. ¿Cuánto te dejaban a la semana?
__ Trenita, treinta y cinco mil, más o menos, pero…
__ Sigan igual pero quiero que todos los días a la noche vengas a traerme información a esta habitación sobre los que venden pasta base, coca, heroína, mariguana en todos los barrios de Montevideo.
El hombre abrió los ojos como dos platos. Su puta comenzó a vestirse, recogiendo la ropa desperdigada por todo el cuarto. Habían sido dos polvos monumentales pero ahora las cosas comenzaban a ponerse raras. Miró a su cartera, guardaba un artefacto de gas por las dudas en ella, cuando miró al ruso a los ojos comprendió que sería inútil hacer algo.
__ ¿No serás tira, policía digo?
__ No pelotudo, soy civil pero fui militar si eso te interesa, en Rusia hace mucho tiempo y es cosa mía. ¿Vas a hacer lo que te dije o querés terminar viendo crecer las flores desde abajo?
__ ¿Cuanto me vas a pagar? __Preguntó sintiendo que ahora podía hacerse el dueño de la situación.
__ Por lo pronto agradécele a cualquier puto dios que salen vivos y de números hablamos después que me traigas información contundente. ¿Entendido?

Ambos se fueron. Dimitri miró por la ventana como salían a la calle, hacía frío, ella estaba bastante mal vestida para el invierno debajo de su saco largo pero eran cosas del oficio. Todas las putas del mundo son iguales.
Hacía dos meses que había llegado al país, había conocido uruguayos en Marsella así que sabía los códigos y la particular forma de hablar de los rioplatenses. Volvió a preguntarse sobre ese asunto de mudar parte de los carteles desde México a Montevideo. Una mala decisión si alguien le hubiera preguntado, pero los hombres del general Pintos no daban demasiadas instrucciones, solo la misión importaba.

Debía reconocer cuantos puestos mexicanos y/o Colombianos había en el país y deshacerse de ellos para que Pintos regenteara la distribución y venta sin problemas. Unos locos de mierda habían traído de mala racha la droga al país, no es bueno que se consuma y se venda a la vez, a los tres días de llegar aquellos mexicanos para abrir un nuevo cartel fueron asesinados por los sicarios de Panamá.
Panamá le llamaban a un Cubano que quería ser el zar de la droga en el Uruguay, saltar de allí a la argentina debía ser una misión delicada y bien estudiada porque allí los Paraguayos mandan en la droga.
Panamá tuvo la estúpida idea de traicionar a sus socios por unos cagados miles de dólares, no sabía en que se metía, ahora Dimitri debía encontrarlo.

En un país pequeño es fácil de rastrear lo que sea si se sabe que resortes mover en el bajo mundo y allí las putas lo saben todo, después están los travestis y los marginados de la calle.
Alquiló un depósito en el cerro y se encargó de recoger vagabundos y malvivientes durante casi veinte días, dieciocho tipos jóvenes y malolientes estaban un domingo parados en el depósito vacío que había sido una vieja fábrica de frazadas.
__ Necesito matones, asesinos, ustedes me pueden servir. ¿Quién se me une? __Les preguntó mientras tiraba una bolsa con billetes unos metros delante de él. Algunos se quisieron abalanzar pero se detuvieron cuando les descerrajó dos disparos con la Tokarev muy cerca de los pies.
Luego le alcanzó un cuchillo a cada uno, les dijo que deberían demostrar si tenían huevos, solo necesitaba a un par… los que sobrevivieran.
Prendió un cigarro y los vio titubear, después mirar a la bolsa, a él, a la puerta y unos segundos interminablemente largos después vino la maroma.
Se cruzaron las miradas y los cortes cantaron sangre en el aire enrarecido y el olor a orines fue enturbiado por el aroma rancio de la muerte. Quedaron solo dos tipos.
__ Bueno. __Dijo el Ruso sonriente y mirando a sus nuevos sicarios. __ Mañana me van a hacer un pequeño servicio.

Hacía dos días el fiolo le había enviado a un travestido desagradable, un flaco lleno de granos tapados con pésimo maquillaje que sabía donde se escondía el Panamá.
Una semana después Dimitri acompañado por Mikael y Kevin entraron el caserío de chapas que pomposamente algunos llaman “Asentamiento”.
Mataron a los dos ayudantes en el mismo instante en que quisieron hacerse los cowboys entrando por la puerta a las patadas, mientras los distraían Dimitri rompió una ventana y los agarró por atrás, eran cuatro tipos que apenas si pudieron intentar defenderse.
Los ayudantes tenían tal cantidad de tiros que parecían dos coladores de carne, el Panamá estaba tranquilo, drogado y sentado jugando al playstation.
__ Al fin nos conocemos, ¿Era necesario tanto quilombo?
Era un tipo flaco de pelo color plata y bigotes finitos, jugaba al Need For Speed.
Puso pausa y se sirvió un vaso de vino, al lado en la mesa había un fusil con el caño recortado.
__ No es necesario que guardes el juego. __Le dijo el ruso apuntándole entre los ojos.
El estampido sonó y algunos perros ladraron en la noche gris.

FIN.

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3 thoughts on “Un ruso en el cantegril (Cuento)

  1. Yo tengo muchos prejuicios anti eslavos, pero una ves si estuve con un ruso de esos, ojos como glaciar, y media como dos metros. Soldado marinero venia de Mursmansk, estaba de permiso en la ciudad vieja.
    El otro dia con el reencuentro de los muchachos de la fabrica , todos tipos casados , me llevaron a wyskas , 600 estan cobrando el completo y rapidito.
    Lastima que no tienen nada para un cliente como yo el cuidacoche estaba arruinado jaja.

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