La niña palida

Landscapes 4 (11)La Niña pálida
Por: Darío Valle Risoto

Mi abuelo tenía una hermosa casa en el barrio Sayago, yo iba de niño a eso de los once, doce años a pasar muchos domingos, era una casa hecha por él de un solo cuarto con galpón pegado al fondo donde mi abuelo hacía vino, una cuadra de campo bien cultivado era todo su orgullo donde plantaba algunas vides, tomates, maíz y otras verduras.

Cierta vez, creo que fue un verano por los años setenta me dijo disgustado que un animal le estaba matando las gallinas, pensó que era un perro o un gato pero por más trampas que puso seguían faltándole plumíferos.
Su gallinero era uno de sus orgullos, era pequeño y muy cuidado, todo un hotel para las ponedoras que eran cerca de cincuenta más el gallo que se llamaba Toto.

Yo no tenía teléfono así que el abuelo se comunicaba conmigo cierta veces llamando a una vecina de la cuadra de casa, aquel día la señora Soledad me vino a decir que el abuelo me necesitaba lo antes posible. Mi padre me dio dinero para un taxi pensando que tal vez estuviera enfermo y fui solo porque en aquellos días madre, su hija, estaba enojada con él porque la había tratado mal en nuestra última visita. Gallego duro y torpe el abuelo Cosme era buen tipo pero a veces se extralimitaba siendo duro con mi madre sobretodo porque apreciaba tanto a mi padre que lo defendía hasta lo indefendible.

Afortunadamente lo encontré bien aunque preocupado, feliz de que fuera su único nieto me recibió con un gesto de nerviosismo porque al fin había descubierto que “el animal” que le mataba las gallinas, se trataba de una niña.

Y para mi sorpresa la tenía atrapada en el altillo sobre el galpón donde hacía el vino, era una jovencita de unos doce años que encontró casi desnuda tomándole la sangre a una gallina recién muerta.

Nunca esperé que me crean esta historia pero fue verdad y el abuelo tanto como yo nunca supimos de donde salió María y ni siquiera si se llamaba así, porque apenas hablaba. Eran épocas de dictadura así que pensamos, más bien él pensó, que se trataba de alguna hija de desaparecidos.
Tenía la piel extremadamente blanca, era una niña por demás delicada de cabellos color trigo que temblaba de frío y estaba casi desnuda con un vestido raído cuando el abuelo la encontró de rodillas alimentándose de la sangre de una de sus queridas ponedoras.

No se porque el abuelo la crió desde entonces, María nunca creció, cuando yo cumplí veinte años luego de regresar de Canadá donde nos habíamos ido a vivir con mis padres la volví a encontrar cuidándolo porque el abuelo se moría.
Mis padres siempre creyeron que era la hija de algún paisano amigo del abuelo pero de verdad nunca supimos su verdadero origen y aunque comenzó a hablar nunca lo contó, lo que si descubrimos era que en realidad esa niña era un vampiro.

No se como se alimentó todo esos años sin crecer ni un poco, pero tenía un gran amor por el abuelo al que llamaba “padre” y heredó la casa luego de que él murió, cuando fue necesario María desapareció para siempre y para mi siempre será un misterio esa extraña niña que alguna vez fue el único consuelo para un hombre viejo y solo que casi no tenía mayor contacto con el mundo que su nieto y su dedicación a su pequeña huerta y bodega.

Domingo, 3 de febrero de 2013

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