Neo Vampiros 24: revuelvesesos.com

El arte de Toon Hertz (19)

Neo Vampiros 24
“Revuelvesesos.com”
Por: Darío Valle Risoto

Paula a menudo soñaba, pero no como antes de conocerla, desde Lorena en adelante sus sueños eran magníficos o terribles, como si existieran fronteras posibles en el mundo onírico. Al enterarse sus padres la enviaron a un reconocido psicoterapeuta, un tipo admirablemente freudiano y tímidamente lascivo.
El doctor Celestino Menchaca era una autoridad en el tratamiento de las enfermedades y patologías del coco.
El problema era decir la verdad. ¿Cuanta verdad era posible al hablar de Lorena? Paula comenzó a dar vueltas la conversación sobre su relación con esta joven que casi nadie en su familia había visto, el doctor había estudiado junto a su padre en Yale y de regreso de los Estados Unidos habían continuado su amistad en el país. Así que antes de tratarla algo había averiguado.
__ ¿Cómo conociste a tu amiga?
__ No lo recuerdo bien. __Paula se había atado el pelo rubio en un delicado moño adornado por una cinta roja, tenía un grueso buzo de lana virgen con dibujos Incas y calzaba un jean Fiorucci gastado, sus botas de gamuza eran italianas. El doctor se quitó los lentes y los limpió con un pañuelo desechable, intentaba frenar una erección poco profesional en su entrepierna. Ella iluminada por el sol del espacioso consultorio parecía menor de edad pero tenía veintidós.

__Me dijiste que solo se ven de noche.
__Ella es…, es
__ ¿Bohemia?
__ Bueno, se podría decir. __Sonrió forzosamente y odió a sus padres por meterla en esa mierda. Pero las pesadillas… las pesadillas.

Comenzó a hablar de sus sueños, de la relación con Nico, del engaño, de su último viaje a Bariloche, del otro a Jamaica, de su padre y su amante francesa, de su madre y sus problemas de frigidez, de que el jardinero cogía con la mucama y del embargo bancario en las islas Caimán del tío Luis.
El doctor Menchaca se rindió a la erección, cuando ella se volvió a acomodar en el diván, había exigido sentarse allí, aunque el doctor prefería que sus pacientes lo hagan frente a su escritorio.
El sol encandiló al profesional, Paula notó su nerviosismo, él volvió a encender la pipa con gesto ensayado, se rascó la barba poblada luego de intentar ordenar las ideas. Hizo una anotación en la hoja blanca de la carpeta por primera vez en media hora de consulta.
__ ¿Qué sentís realmente por Lorena?
La pregunta fue como una invasión, no la esperaba, eso la desarmó, él comenzaba a manejar la situación y eso lo relajaba, por lo menos por encima de la cintura.
__Nos besamos una ves, pero no somos lesbianas o tortas, ¿Entiende?
Volvió a perder la dirección, esperaba que se mostrara agobiada por la pregunta, era lo habitual, sin embargo ella separó las piernas y apoyando las manos sobre el diván a los costados de su cuerpo lo miró pasándose la lengua por los labios.
__Se termina nuestro tiempo. __Dijo él mirando su reloj sin ver siquiera la hora, ella observó el que descansaba sobre la estufa, faltaban once minutos para las cinco.
Paula se puso de pié, recogió la mochila Gucci que había dejado sobre una mesita, acarició al perro que dormía al sol y se fue sin mirar atrás, el doctor lanzó un resoplido y se quedó escribiendo hasta que la noche comenzó a caer.

A las siete y media la noche ya había despojado de sol a Montevideo. Una mujer rubia y extremadamente alta llegó al consultorio, le gustaba verse reflejada en el bronce pulido de los timbres de enorme edificio de la calle Cavia, la empleada del sicoanalista bajó a recibirle.

Apenas tomó asiento percibió el calor de Paula en el ambiente, también su perfume estaba cerca, pronto podría hallar algunas pistas sobre Henrich.

Juicio y Castigo