Del “otro” cuadro

Beautiful Landscapes 6 (17)

Del otro cuadro
Por: Darío Valle Risoto

Recibí la llamada de mi prima Aurora: había fallecido el tío Fabián.
Vino entonces un torbellino de recuerdos, como cuadritos recortados de una enorme historieta, una historia de mi vida, de años perdidos en la madrugada de mi madurez temprana y la sensación en la boca del estómago de una pelota de tristeza que inevitablemente me iba a subir a la boca.

Pedí el resto del día en el trabajo, no tuve que dar muchas explicaciones pero Silvia la secretaria me miró con esa cara triste y solidaria de una piba que suele tener una notoria sensibilidad.
__ ¿Necesitas algo?
__ Nada, estoy bien. __ Salí cargando el costal de los recuerdos y si bien los que tenían que ver con el tío Fabián eran todos buenos, tuve que sentarme en un bar a revolver un capuchino y pensar en aquel veterano que la familia había relegado al rincón de lo innombrable porque según algunos era: “del otro cuadro”.

Sin embargo no puedo desprenderme de la visión del sol pasando por entre las hojas del parral del fondo de la casa del tío de mi madre, el mismo tío que escuchaba operas en un viejo tocadiscos Westinghouse y fumaba cigarrillos negros. Mi madre era la única sobrina que lo visitaba de vez en cuando y poco a poco me comenzó a dejar ir los domingos a su casa, el tío vivía a escasas cuatro cuadras y con “cuidadito al cruzar las calles” me dejaba visitarlo.

Yo tenía unos ocho o nueve años de los de antes, es decir: blancos e ingenuos pero no exentos de curiosidad, conversando aprendí muchas cosas sobre la vida, el tío era mi enciclopedia, mi “Wikipedia” de carne y hueso, sabía de todo y tenía una forma lenta de explicarme desde la teoría de la relatividad hasta como se hacen las galletitas caseras con chispas de chocolate sin quemarlas.

En su casa comencé a ver a mi padre de a poco, no se como él se las ingeniaba para ir a verme un ratito aquellos lejanos domingos, mi padre era un extraño para mí porque se había ido “con otra” cuando yo solo tenía cuatro años, así que si bien reconocía ciertos rasgos en alguna parte de mi incipiente memoria, era un extraño pero como me traía algún que otro juguete, servía.

Mi tío tenía algunos amigos que venían a veces, jugaban a las cartas, me enseñaron el truco, la conga y el culo sucio pero solamente con ellos podía jugar diciendo palabrotas, en casa era imposible porque mi madre era una mujer de fuertes bases cristianas con todo lo que eso signifique.

Había domingos tristes en que no íbamos a la casa del tío Fabián porque nos invitaban a lo de María Clara a almorzar con algunos otros familiares. Una larga mesa servida de tallarines caseros con tuco con albóndigas era casi siempre el menú. A los niños nos sentaban aparte en una mesa más baja y nos daban jugolín en lugar del vino que tomaban los mayores, a veces, cerca de fin de año había coca cola.

Uno de esos aciagos domingos escuché la tan manida frase: “del otro cuadro” sobre la moral aparentemente equivocada del tío Fabián y por primera vez sin entender del todo a lo que se referían los odié porque hablaban de alguien que para mi era la figura paterna, esto lo comprendo ahora, pero ese odio infantil nunca me abandonó sobre el resto de mi familia.

De camino a mi casa mi madre trató de explicarme que el tío prefería vivir solo y que nunca se había casado porque así era él. Esa fue toda la explicación que como a todo chiquilín me dejó una espina en el corazón.

Y quizás fue el domingo siguiente u otro, pero no recuerdo que haya sobrevivido esta duda mucho tiempo en mi alma inquieta en que lo interrogué sobre este término de jugar para “el otro cuadro”.
Entonces el tío me regaló una enorme sonrisa y fue a buscar algo regresando con algunas fotos viejas en sepia donde se lo veía joven y abrazando a una chica hermosa de largos cabellos negros atados en dos colitas que llevaba un vestido claro con flores y le agarraba las manos al tío Fabián.

__ Ella era mi novia allá en Tacuarembó, murió de fiebre tifoidea en el cuarenta y seis, nunca más pude enamorarme.
__ ¿Entonces no le gustan los hombres?
__ No, a mi no, pero a Evaristo, ese que te enseñó a jugar a la conga creo que sí porque a veces se maquilla.

Comencé a reírme en el colectivo mientras iba camino al entierro del tío Fabián.

FIN

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2 thoughts on “Del “otro” cuadro

  1. Dario.Un homenaje a los muchos “tios Fabianes” que hay por alli,vilipendiados sin derecho a defensa por quienes se consideran amos y señores del juicio final,la verdad revelada.Tu cuento me parece exquisito y te pido permiso para,en algun momento,subirlo a mi blog. Tu nueva “residencia” te libera de esa asfixia deprimente a la que los modernos Torquemadas te querian condenar.El menu a la derecha no tiene buen contratse entre letra y fondo y se dificulta leerlo.Lo demas,como los tallarines con tuco y albondigas,un manjar.
    Un abrazo
    Guillo

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    • Gracias Grillo, si tienes razón, todavía me cuesta el tema del color y los contrastes en este blog pero casi como que nos venían echando de Blogger, probablemente por no colgar avisos, quien lo sabe. Sería un honor que cuelgues un cuento mío donde sea.

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