Neo Vampiros 19: Efluvios góticos

El arte de Toon Hertz (9)

Neo Vampiros 19
“Efluvios Góticos”
Por: Darío Valle Risoto

Las gotas de rocío golpeaban acompasadamente en el frontispicio de la cripta, un gato flaco huyó a una noche sin esperanzas. Hacía un frío de acero y de las bocas humeantes no salían más que malas palabras. Nadie se hubiera acercado a esas tres almas que destrozaron la sufrida cerradura y quitando cadenas y herrajes penetraron oliendo la desolada conjunción de huesos y materia inerte. Oscar resintió su cojera cuando el frío húmedo le atravesó la rodilla izquierda y lanzando un bufido ayudó a sus colegas a bajar el ataúd pútrido. Sampayo los miró y esbozó una sonrisa amarga, eran muchos años recorriendo los alrededores de la muerte, los cementerios eran su lugar de trabajo pero nunca se habían acostumbrado del todo a ello.

Él más alto sacó la daga que centelleó sedienta sobre la mirada de la luna antes de que abrieran el cubículo que encontraron inesperadamente vacío.
El silencio fue reparado por las gotas golpeando sobre la sufrida piedra exterior y el silbido del viento les estremeció. Sampayo recorrió con la luz de la linterna los rincones de la cripta esperando que algo nudoso y oscuro salte sobre ellos, pero nada se presentó, sintió que se le erizaban los cabellos de la nuca.
Oscar salió afuera y miró al desolado paisaje de los tubulares del Cementerio del Norte. Roberto Correa era el tercero y más nuevo, por lo tanto aun no se había ejercitado en el manejo de su miedo. Encontró otro cajón contra la pared norte, también abierto por la corrosión y los gusanos pero este tenía una ocupante; llamó a sus socios con voz ahogada.

Era joven y estaba momificada, parecía viva y eso a Sampayo no le gustó, sacó una pequeña hacha de acero y le cortó la cabeza con un duro y certero mandoble. El sonido sonó hueco y una nube hedionda de podredumbre les cubrió.
Roberto salió a vomitar, Oscar entró y miró al jefe como disculpándose por traer a tal cobarde aprendiz. La cabeza de la joven se volvió cenizas frente a sus ojos.
Cuando salieron encontraron a Correa muerto, tenía el cuerpo atravesado por una de las lanzas de hierro que conformaban las rejas de una cripta cercana, fue sin ruido, aún tenía los ojos abiertos como mirando al diablo. Lo dejaron, parado muerto como un títere, a sus pies estaba el paquete de tabaco Puerto Rico que no había tenido tiempo de armar. Oscar lo recogió.
__ ¡Puta madre que los parió! __ Gritó Sampayo levantando el hacha una densa niebla les cubrió hasta las rodillas, Oscar se colocó a su espalda y saco rápidamente de la funda en su pantalón una daga de plata.

Las ramas de un árbol enfermo apenas se movieron cuando una sombra bajó reptando por su tronco retorcido, unas gotas de sangre quedaron donde antes una mano menuda sostuvo una rama. Lorena bajó y los miró detenidamente, Oscar comenzó a temblar pero estaba decidido a vengar a su amigo. Sampayo no lo dejó moverse.
__Ya está muy lejos para que la atrapen, lamento no haber llegado para salvar al pendejo. __Pateó la lanza de hierro y el cadáver de Correa tocó tierra casi sin ruido.
__ ¿Por qué te tenemos que creer?
__ Porque sino ya estarían muertos.
__ ¿También andas atrás de Morrigan?
__Un encargo de un amigo.__ No bien se alejó Oscar volvió a respirar.
Lorena había recibido el pedido de Henrich sobre un nuevo terror Montevideano. Como si hubiera pocos.
Juicio y Castigo

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