Algo sobre mis padres

Algo sobre mis padres
Por: Darío Valle Risoto

Estoy convencido de que no hay nada de bueno en la pobreza, en vivir teniendo las necesidades básicas insatisfechas, en pasar los días saltándose unas necesidades para cumplir otras, en comer o vestirse más o menos dignamente y dejar de lado la salud y hasta la formación intelectual porque hay que sobrevivir. Así también es mucho menos digna la riqueza que provoca personas egoístas y dignas de repulsión cuando hacen usufructo de su abundancia solamente en pasarla bien sin importarles que a su alrededor haya gente necesitada.
 
Yo me crié pobre, no en la miseria absoluta porque raras veces faltaba de comer ya que mi padre trabajaba en el Mercado Modelo que es el abasto entre otras cosas de frutas y verduras de la ciudad pero si tuve mis días de hambre y vivir en un cuarto de cuatro por cuatro con una cocina pequeña y un minúsculo patio dentro de un conventillo no era nada confortable, sobretodo porque los baños eran  compartidos y no teníamos el agua en casa y debíamos sacarla de una pileta. Para colmo el cuarto se llovía, las goteras abundaban y mi padre tampoco hacía mucho por mejorar nuestra calidad de vida, he llegado a pensar con los años que estaba tan por fuera de esas cosas que era un iluminado o un pelotudo.
 
En mi casa se practicaba la solidaridad con todo el mundo, mi viejo que había aprendido electrónica en un curso por correo arreglaba cualquier tipo de aparato casi sin los elementos idóneos para hacerlo y tenía un pequeño problema: Nunca cobraba y lo hacía de onda, lo que significaba que la mayoría de la gente usaba y hasta abusaba de su condición amable. Mi madre que casi desde la niñez había sido empleada doméstica ayudaba a cuanto conocido y familiar estuviera en problemas, les iba a limpiar la casa y les cocinaba también sin pedir nada a cambio. Ya desde mi niñez comencé a tomar cartas en el asunto y a eso de los diecisiete años comencé a hacerles notar que no toda la gente merece ayuda y menos los mal agradecidos que eran la mayoría.
 
Dos personas que nacieron en la peor pobreza y que apenas habían ido hasta segundo año escolar para mi fueron y son motivo de una gran curiosidad y quizás orgullo aunque no me guste la palabra, porque en sus humildes condiciones ambos trataron de aprender de la vida lo que no habían aprendido en los institutos. Mi madre como empleada doméstica de diplomáticos de diferentes países tenía una cultura apreciable y mi padre adicto absoluto al cine y las historietas de esos medios había tomado sus conocimientos de diversos temas. Pero había algo que ambos poseían y que hoy día creo inapreciable y era su enorme capacidad de valorar el conocimiento, la buena educación y por sobretodas las cosas nunca desde que nací dejaron de incentivarlos en mí.
 
Fui un motivo de satisfacción para ambos demostrando un intelecto bastante raro desde temprana edad, quizás el hecho de ser hijo único y de vivir entre gente grande lo provocó, además cuando yo tenía unos cinco años y dada mi condición de asmático mi madre dejó de trabajar y se dedicó a la casa. Mi madre era muy severa, llegó a pegarme muchas veces, quizás demasiadas y sin tratar de justificarla diré que desde temprana edad siempre me he resistido a las cadenas de mando vengan de donde vengan y eso me hacía y me hace ver como una persona bastante difícil. Aún así cuando todo estaba bien teníamos largas conversaciones sobre todos los temas y dentro de sus conocimientos mi madre me lo explicó todo con detalles por lo que siempre sobre las cosas de la vida, estuve un pasito delante de los demás niños de la escuela.
 
El asma fue una verdadera tortura hasta casi mis veinte años, mi niñez no podría decir que fue feliz pero tuvo buenos momentos, mi padre era un tipo muchas veces ido, hasta extraño porque permanecía mucho tiempo callado, tal vez porque mi madre hablaba por los dos, pero tenía la fantasía intacta y me encantaba tirarme en la cama con él para que me cuente historias que eran en su mayoría de ciencia ficción o de terror. En cambio mi madre hablaba de cosas reales, de su terrible niñez en los campos de Minas y en la ciudad de Casupá, le habían pasado cosas terribles que la marcaron para siempre pero de alguna manera también la habían fortalecido.
 
Con los años he pensado muchas veces en ellos, ambos murieron ya hace bastante tiempo y no dejo de quedarme con la idea de que fueron buenos padres porque sobre todas las cosas me respetaron, nunca me trataron de tonto o de que no entendía nada y admiraron que yo terminara la escuela no sin dificultades y que retomara el liceo a poco de comenzar a trabajar con dieciocho años y ya con treinta y tres me recibí de Técnico en Comunicación Social tan solo un año antes que muriera mi madre, pero sé que estuvo muy contenta de ello. En ambas familias soy el único que logró un título, las familias de mis viejos fueron y son gentes de escasos recursos económicos, trabajadores del día a día sin herencias ni riquezas por lo que sigo adhiriendo a que la movilidad social en esta sociedad es prácticamente imposible.
 
La pobreza me dolía, ver que todo era difícil, que nos faltaban muchas cosas me dolía mucho, en cambio cuando iba a la casa de mis compañeros de la escuela, los que tenían casas bonitas con todo el confort me resultaban gentes frias, como muertos en vida que ni siquiera me tomaban en cuenta cuando iba a jugar con sus hijos. Cierta vez le dije a mi madre que me resultaba muy raro que compañeros de la escuela de buen pasar económico tuvieran esas ganas de visitarnos y pasar horas en casa porque ellos tenían de todo y mi madre me dijo que en casa se compartía, que ella y mi padre integraban inmediatamente a estos chicos y que ellos apreciaban el amor.
 
Es cierto a veces me ponía celoso porque mis padres conversaban con mis amigos, les preguntaban cosas, bromeaban sanamente y nunca faltó una taza de leche para mis compañeros ni fruta en la mesa que compartir. Realmente con el paso de los años no se si conocían la palabra: Solidaridad, pero se muy bien que la pusieron en práctica toda su vida.
 
Así que compartir y el aprecio por el conocimiento forjaron el tipo que soy ahora, rara mezcla de dos personas al menos para mí bastante originales y sin embargo un hombre independiente de muchas de sus cosas. De lo bueno y de lo malo de mis padres aprendí mucho y sigo aprendiendo.
FIN
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