Neo Vampiros: 15 Un traidor civil + Epílogo

Neo Vampiros 15
Un traidor civil
Por: Darío Valle Risoto
Los titulares de los diarios mencionaban la muerte del militar retirado. Jacqueline llamó a Lorena para confirmar lo que ya imaginaba, luego colgó el teléfono sintiendo la calma de quién cierra un pensamiento o una incertidumbre.
La chica apagó el celular, a veces la abogada era demasiado “meticulosa”, olfateó la noche, el barrio de La Teja permanecía en calma hasta que en una esquina tres hombres se cruzaron con un caminante solitario.
Quiso intervenir cuando sobrevino el primer golpe pero sus instintos se lo impidieron, hubo una especie de alerta que la inmovilizó en su posición sobre el techo de un edificio bajo. Olió la sangre y asomaron sus colmillos como dos agujas de marfil.
El joven quedó sobre el césped de la vereda echo un ovillo, le pegaron en la cabeza y en el resto de cuerpo, el último golpe se lo dio el más veterano mirándolo a los ojos. Lorena tenía muchas cosas que agradecerle a su condición, una de ellas era la de poder escuchar perfectamente a distancia.
__ ¿Sabes porqué te pegamos pibe?
Un humor sanguinolento le cubrió los ojos al golpeado, quiso taparse la cara con las manos pero no las sentía.
Lorena se incorporó en el techo al abrigo de la noche, les veía muy bien desde la relativa altura.
__Te cagamos a patadas porque te quedaste con la guita de un colectivo barrial. He, “Tesorero”.
__Yo, la voy a devolver y…
__ ¡Quédate con el cambio! ___Gritó él más bajo de estatura mientras le dio una patada en las costillas que lo elevó unos centímetros de su dolorosa posición.
Se fueron silenciosamente, ni miraron para atrás, él se puso trabajosamente de pie, se sostuvo contra un árbol y se alejó sin recoger sus libros de economía desparramados, ni su mochila abierta. Se quejó con un sonido ahogado y prosiguió. Ningún vecino se atrevió a salir.
Lorena no tenía apetito, igualmente olfateaba la sangre, un gato escapó de su paso cuando flotando bajó del techo y observó las manchas de sangre sobre el pasto. Pensó en las diversas formas que adopta la traición de los hombres, ni siquiera los “anarquistas” están libres.
El barrio se cubría de madrugada cuando tres hombres entraron conversando por lo bajo a un Bar de CM. Ramírez.
__ ¡Casi lo matamos compadre!
__Se lo merecía ___Dijo el veterano mientras se quitaba el gorro de lana.
El mozo llegó hasta ellos y les sirvió tres copas de Coñac.
__Aquella muchacha les manda los tragos.
Pero en la distancia del mostrador ya no quedaba nadie, una sombra sobrevolaba el barrio pensando en las diversas formas de la impunidad y que ella no era la única vengadora en Montevideo.
Afortunadamente.
Juicio y Castigo
Una absurda censura posterior
Por: Darío Valle Risoto
Van pasando los años y me he arrepentido de no haber usado la violencia un par de veces nomás, se que en su momento fue lo más justo dar un paso al costado y alejarme de gente que no sirve para nada y así no terminar preso y/o en el hospital. Se sostiene que la violencia no ayuda en nada pero creo que en determinadas ocasiones puede ser terapéutica.
Cuando escribí este cuento  en el año 2007 fue motivado por la mala acción del tesorero de la radio comunitaria que yo integraba, el tipo se gastó los más o menos cuatrocientos dólares de cuotas que todos pagábamos. En ese momento yo estaba desempleado por lo que significaba pagar de mi salario de despido o con la ayuda de mi compañera la que incluso se ofrecía reiteradamente en pagarme las mismas. Lo más extraño del caso fue que casi inmediatamente lo perdonaron y yo pasé a ser el malo por no tolerar tal muestra de deshonestidad entre iguales.
Si bien en el cuento saltaba a la vista para el más lento mi motivación igual como los anteriores se me publicó en un fanzine que publicaba un integrante de la radio, yo no sabía que otro integrante de la misma y que yo años antes había llevado formaba parte de la dirección y que también editorializaba por lo que el agregado de un editorial sobre el mismo me tomó por sorpresa sobretodo porque el tipo me trataba de fascista y muchas cosas más poniéndose del lado de la víctima ficticia del cuento porque indudablemente lo asoció con aquel que nos había afanado nuestro dinero.
Esta persona era un viejo frustrado por la vida que a partir de ese momento dejó de ser bienvenido en mi casa y sirvió para comprobar una vez más que no siempre contamos con gente lo suficientemente valiente y honesta para encararnos cara a cara y preguntarnos cosas e incluso criticarnos, que es mejor escribir bajo el cobijo de la distancia. Ustedes dirán, ahora lo estás haciendo vos mismo y por Internet lo que es peor, pero en su momento dije cara a cara lo que se debía decir y me quedé con las ganas de no romper algunos huesos. Lo mejor fue la explicación de mi compañera al verdadero responsable del fanzine cuando le dijo que a mi me duelen tanto las historias de la impunidad de los torturadores y secuaces de la dictadura como las feas traiciones de hoy día entre personas que supuestamente defendemos un ideal libertario.
Me publicaron una carta a los lectores en el fanzine donde hice total gala de buena educación y no me referí personalmente con nombres y mañas a los pelotillas que se tomaron en serio nada menos que un mísero cuento y lo que es más curioso de todo esto, es que el que de verdad debería haberse ofendido: Me refiero al que se gastó el dinero de la radio, nunca me buscó para hacerme algún reclamo. Por lo tanto de todo esto aprendí en la vida que los cretinos suelen tener el apoyo de los de su calaña pero raras veces los honestos recibimos lo mismo.
Darío Valle Risoto