El Lobo Sedentario

El Lobo Sedentario
Por: Darío Valle Risoto

La gente me cansa, creo que no tienen rostros y solamente veo en sus expresiones el mismo tipo de fastidio que yo siento aún cuando ríen o están conectados a sus dispositivos de ensoñación. La gente me produce un hastío hereditario, una soledad acuciante de ser extraño, de alienígena metamorfoseado en ser humano que sin embargo no puede dejar de sentirse un reptil hipócrita repitiendo rituales y lugares comunes hasta sentir un hartazgo que se vuelve piedra en la boca misma del estómago.
 
Todas las canciones que escucho son la misma canción, los discursos, las necesidades nunca satisfechas de peones adictos al miedo que deambulan entre paredes gigantescas de recuerdos forzados, de memorias de tiempos felices que nunca sucedieron, de amantes que nos abandonaron y con el tiempo ya no son las mismas amantes sino otras muy diferentes disparadas hacia una memoria infeliz que necesita seguir fraguando mentiras.
 
El pasado es entonces un caleidoscopio que manipulamos con las artes de la frustración del presente continuo donde el futuro está aquí vestido de deterioro físico y mental, nos comienzan a doler distritos nuevos del cuerpo, la piel cae, los huesos se hacen puré, la sangre ya no fluye sexual y caliente, idiota e ineficaz como en nuestra juventud, tenemos pocas erecciones y soñamos con actos prohibidos donde niñas corren vestidas de blanco y descalzas de nuestras manos ávidas de sexo.
 
Una mujer se comienza a parecer a un maniquí ampuloso con carnes en exceso, mondongos que asoman de pantalones puestos con tortura a por un macho reproductor adecuado, un cumbiero que cante regettones felices embriagado por la pasta base y el alcohol. El amor ahora debe ser colectivo, vale más el cuento, la historia que el placer de rozar una piel delicada, un cabello con aroma a flores, mirar unos ojos jóvenes y brillantes. El amor se compra por un instante, es una aplicación gratuita para dispositivos móviles sin conciencia y mucho menos capacidad de razonamiento.
 
Cantan las sirenas en la radio compartiendo relaciones enfermas, retorcidos asuntos privados que se colectivizan al precio de algunos segundos de popularidad anónima, la gente necesita muy poco para alquilar algo de notoriedad absolutamente absurda. Ir más allá, saltar más alto ponerse cosas raras en el culo o la vagina, acostarse con la hermana, con la esposa o la hija del jefe, mejor con las dos juntas mientras el guardia de seguridad se baja los pantalones y muestra si miembro viril, todo vale en el mundo del espectáculo atroz en este mundo surcado por bytes y deterioro moral.
 
 Todos las películas son la misma, mejor leer un rollo de papel sanitario que a Pablo Coelho, escuchar una tiza chirriando contra el pizarrón que a Justin, mejor masturbarse a la luz de la luna mirando una foto de la madre Tereza que abdicar al gran monstruo del espectáculo más grande del mundo y a la vez más pequeño. El fastidio es celular, la selfie invita a compartir la vergüenza de ser el más idiota de los idiotas, viajar ya no suele ser para conocer lugares sino para fotografiarlos. Coleccionar dispositivos, guardar miles de fotografías y videos que atestigüen que estuvimos un ratito nomás en este mundo es la nueva masturbación, el muevo sexo, el orgasmo electrónico de la baboseada universal. Buscar la envidia, pelear en las redes, admitir nuestra derrota del ser, la ambivalencia de vivir entre el plástico y colgar frases ecologistas, fotos de perros golpeados, de niños con hambre, de guerras, de contaminación, todo vale para intentar decirle al mundo que somos, que estamos y sin embargo seguimos siendo nada.
 
Algo rompió el orden de las cosas, todo se pervirtió cuando los ricos comenzaron a bailar músicas vulgares y a leer la revista Caras dejando de lado a Mozart y a los grandes pensadores. Rubén Darío fue sustituido por un Twitter, la Divina Comedia decayó hasta ser una pobre murga en el carnaval Uruguayo que dura todo el año y tiene el color celeste de las cosas podridas.
 
Era más fácil hacernos todos brutos, mal hablados, enfermitos que apuntar para arriba, ahora todos se parecen ya no quedan intelectuales solo remedos de artistas del espectáculo, Tinelli vale más que Chomsky en este Baudeville de muertos vivos, de zombies que digitan a por placeres de ciento cincuenta caracteres, todo parece en vano y seguimos cagando bytes, reproduciendo siempre la misma historia donde no es difícil descubrir que nadie es nadie y que ya deberíamos estar cansados de no tocar gente, de haber dejado aquella satisfacción de sentarse en un bar y conversar, tomar algo, reírse, sentirnos amigos y con vida sin que un celular nos avise que la irrealidad está en una pantalla para que sigamos durmiendo.
 
He pensado que hace tiempo nos extinguimos, que Matriz solamente fue un error del programa y que debí hace tiempo casarme con Claudia y no hacer más preguntas, dedicarme a vivir siendo un anónimo más dentro de la vorágine, criar un perro, votar a la derecha, creer en dios, abdicar del libre pensamiento y prejuzgar de forma automática a todos los que suelen al menos decir que NO.

2 respuestas a “El Lobo Sedentario

  1. Jajaja estas hecho un Houellebecq , que el mundo es una mierda y la gente vive repitiendo la mismas pavadas una y mil veces ya se han dado cuenta algunos , solo que en ciertas epocas lo hacen con mejor gusto que en otras .

    “Has tenido una vida. Ha habido momentos en que tenias
    una vida. Cierto, ya no te acuerdas muy bien; pero hay
    fotografías que lo atestiguan. Probablemente era en la época
    de tu adolescencia, o poco después. ¡Que ganas de vivir
    tenias entonces! La existencia te parecía llena deposibilidades inéditas. Podías convertirte en cantante de
    variedades; o irte a Venezuela.
    Más sorprendente aun es que has tenido una infancia.

    Ahora estas lejos de la orilla: ¡ah, si, que lejos estas de la
    orilla! Durante mucho tiempo has creído en la existencia de
    otra orilla; ya no. Sin embargo sigues nadando, y con cada
    movimiento estas mas cerca de ahogarte. Te asfixias, te
    arden los pulmones. El agua te parece cada vez más fría, y
    sobre todo cada vez mas amarga. Ya no eres tan joven.
    Ahora vas a morir. No pasa nada. Estoy ahí. No voy a
    abandonarte. Sigue leyendo.
    Vuelve a acordarte, una vez más, de tu entrada en el campo
    de batalla.”

    Ampliacion del campo de batalla , Houellebecq

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  2. ¡Gracias! Lo peor de todo esto es que ya me daba cuenta cuando tenía unos diez años y escuchaba las conversaciones de los mayores una y otra vez sobre las mismas cosas, era como los partidos de futbol por la radio, siempre son el mismo y la gente no se da cuenta.

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