Coetc y la violencia cotidiana

Coetc y la violencia cotidiana
Por: Darío Valle Risoto

Ayer llovía copiosamente sobre todo el Uruguay por lo que salir a trabajar y caminar las más de cinco cuadras hacia la parada del colectivo a las seis de la mañana no fue nada placentero sobretodo porque en el taller no hay mucho trabajo y bien podría haberme quedado en casa sin mayores inconvenientes.
El 486 (El G desde La Paz hacia el centro en la parada de Freire y San Quintín) como siempre se detuvo a cuatro o cinco transportes de distancia de la parada por lo que tuve que salir del cobijo del techo de esta y caminar para subirme al coche, en determinado momento pensé en decirle al chofer o al guarda que hubiera sido buena idea detenerse más cerca para que la gente que sube y la que baja no se mojara demás, pero inmediatamente desistí de la idea que nada iba a solucionar dada la habitual mala leche de la mayoría de los empleados y/o “cooperativistas” de esta nefasta compañía.
Cuando subo me encuentro con el guarda discutiendo a los gritos con un pasajero que desde el fondo muy enojado le protesta por la misma razón, discusión que parece acercarse peligrosamente a una batalla. El guarda es un viejo conocido de tantos viajes que llevo y no se destaca en su cuerpo obeso y aspecto duro por sus dones de gente.
Me quedo parado con el dinero para pagar mi pasaje delante de el mientras sigue gritándose con el muchacho y diciendo cosas tan maravillosas como: ___ ¡Nadie dijo nada y todos bajaron y solo vos protestas!
Le solicito tres veces que me cobre, la última gritando tanto como él para que me escuche y luego de esto me mira desencajado y me dice.
__ ¡No me grites!
__ El que está gritando es usted, ¿Cómo me va a escuchar sino?, mejor me siento y le pago después.
__ ¿Qué boleto querés?
__ Común… gracias.
Cuando me siento  a poca distancia sobre el corredor del lado del frente al guarda este amenaza con hacer ir al colectivo a la comisaría por lo que desde luego la gente al unísono exclama que todos vamos a trabajar. El guarda dice entonces que no todos y que el pibe que protesta se debe rascar los huevos todo el día, solo segundos después de haber solicitado que no le falte el respeto, pero era de suponerse que la cosa no paraba alli.
Por lo tanto como el tipo del fondo sigue cacareando el guarda se para violentamente y encara a ir hacia el tipo enojado porque aparentemente lo está grabando con su celular. __ ¿Qué estás grabado, sos periodista?
Pero lo paramos un pasajero y yo no dejándolo pasar y le digo: __ Así no va a solucionar nada.
Cuando se vuelve a sentar en su lugar se sucede el siguiente diálogo que yo inicio.
__ ¿Sabe cuantas denuncias he hecho por la mala gestión de esta compañía?
__ ¡A mi que me importa, yo no soy ni dueño ni accionista, a mi que me importa!
__ Debería importarle, yo se que su trabajo es difícil y que tiene que aguantar un montón de cosas todo el día pero nadie se levanta a las cinco o las seis de la mañana para ir a jugar y si todos los que trabajamos no tratamos de hacer nuestras tareas de la mejor forma posible estamos jodidos.
Bueno, el tipo sigue diciendo un montón de cosas que seguramente andarán en algún video por allí y por último le agrego que para iniciar una pelea se necesitan dos personas, que nadie pelea solo y que en estos casos es mejor tratar de ser más objetivos.
Dijo un par de cosas más y me volví a calzar mis auriculares para hacer el resto del viaje con la calma habitual.
Posteriormente me quedé pensando en que hubiera sido interesante ir todo el colectivo a una comisaría a casi las seis y media de la mañana bajo la lluvia para hacer una denuncia contra el guarda, la compañía y hasta la intendente de Montevideo para que se me devuelva el boleto, se me paguen los que tendría que gastar para ir tarde al trabajo y se me indemnice por el tiempo perdido además de pedirle al juez que le hagan un peritaje sicológico al guarda porque indudablemente el tipo está tan estresado por su trabajo que serié mejor darle un tiempo libre para que se tranquilice.
En un mundo ideal cuando un pasajero protesta porque el colectivo paró lejos de la parada bajo la lluvia, protesta totalmente legítima porque el boleto es un contrato tácito donde ellos tienen la obligación de dejarnos sanos y salvos donde deberíamos bajar se suscitaría el siguiente diálogo.
__ ¡Che, por que no me abrís en la parada así no me mojo!
__ Perdóname viejo, pero todavía estamos tratando de aprender a detenernos donde se debe, discúlpanos.
Pero este no es un mundo ideal y viajar cotidianamente en el transporte público se parece mucho a la idea del infierno cristiano y eso que soy ateo.

Escaneado del boleto, como verán lo tuve que poner a secar porque estaba empapado

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