Neo Vampiros 07: Nada de bombones

Neo vampiros 07
“Nada de bombones”

Por: Darío Valle Risoto
Según Paula, “Nico es un bombón”, para Lorena es un pobre estúpido, si fuera una golosina, probablemente un caramelo ácido, pero cuando se trata del amor…
Fueron los tres al cine, Paula se sentó en el medio y en la oscuridad le apoyó la mano a su amiga en la rodilla cariñosamente, la chica de negro sonrió, ya no importaba que la película Matrix Recargado fuera una porquería. Al salir fueron a comer pizza.
__ Che, ¿No vas a comer nada? __Preguntó Nicolás con su voz de seductor.
Con los ojos entrecerrados por la excesiva luz del bar, Lorena se molesta bastante, pide una medida de Ginebra que bebe de a pequeños sorbos, no puede evitar sentir cada conversación del numeroso público.
__ ¿No querés que te presente a algún amigo?, en el club de Tenis hay unos pibes que…
__ ¿Son tan atractivos como vos?
__Bueno, esté…. __Nicolás se agranda, Paula se queda con su trozo de pizza muzarella a medio tragar. Conoce a su amiga y ya puede detectar sus sutiles ironías.
__No gracias, prefiero estar sola, ya estoy acostumbrada.
Media hora después, eterna media hora después, la pareja se va en el BMW del chico, Lorena los mira alejarse desde un ángulo de la plaza Libertad. Con la mirada recorre los carteles sobre los desaparecidos pegados en una gran superficie, algunas personas se reúnen los viernes, todos los viernes desde hace años para que no se los olvide. No encuentra las fotos de sus padres, pero si la de muchos jóvenes, hombres, mujeres y algunos bebes.
¿Qué hubiera sido de ella si la abuela no hubiera evitado que los militares se la llevaran con apenas cuatro años?
Probablemente ahora tendría treinta y tres y una cabeza diferente, además de la posibilidad de ver el sol, comer pizza y quizás llamar “bomboncito” a pajeros como Nicolás Anchorena.
En 1987 llegó ese hombre de acento extranjero, se conocieron en “El templo del Gato”, tocaba la banda de hard rock Delirium Tremens, el extraño se llamaba Henrich Funke, no supo por qué un momento después le contaba sobre sus padres, él sabía mucho de regímenes dictatoriales.
Un hombre alto, pálido, agradable que sabe escuchar, pero nada de bomboncito, en la cama, a su lado en el Hotel Diagonal, le propuso un trato que le cambiaría la vida.
__Tenés que sobrevivir para saber, para vengarte, tal vez tengas que esperar muchos años, las sociedades esconden sus inmundicias debajo de la alfombra de la paz y la concertación.
La mordió mientras hacían el amor y ella sintió que perdía un trozo de su alma, pero ganaba la inmortalidad y la posibilidad de saber que fue de sus padres: Antonio, sindicalista de la construcción y Esther, maestra y militante del Frente Izquierda de Liberación.
Al tercer día Henrich se fue para siempre y Lorena fue vampiro… y hasta tuvieron última cena.
Juicio y Castigo