Cuentos de Robots I Parte: 11

Cuentos de Robots
Parte 11: Extrañando a una máquina
Por: Darío Valle Risoto

    Ir a trabajar se había transformado en una verdadera tortura porque comencé a extrañar a Tomiko más que al aire y a la vida misma, cuando le confesé a mi analista que al fin había decidido comprar a esta compañera se quedó en silencio y escribió más de media página de sus malditos apuntes antes de volver a mirarme.
__ ¿Cómo te sentís?
__Bien…, feliz, loco, enamo…
    Me miró con esa cara de judío intelectual que a veces me solía poner bastante antisemita y furioso, como ahora.
__ ¿Dijiste?
__Enamorado, lo sé, estoy enamorado de una máquina, de un ser artificial que ahora mismo me está esperando allá abajo con Adolfo.
    El siquiatra trató de disimular pero su curiosidad no pudo más y se arrimó al ventanal, allá abajo a cuatro pisos una chica japonesa estaba sentada mirando a unos niños jugando con el perro de su paciente.
__ ¿La chica de la camisa rosa?
    Caminé a su lado y ambos compartimos un cuadro realmente encantador, por un momento pensé en abrazar a mi analista para hacerle una broma pero seguramente me internaría de por vida en un asilo y se comería la llave.
    El doctor trató de volver a su siento y me imaginé su cabeza tratando de encontrar las palabras exactas para mis neurosis, como para desquitarse los buenos mangos que me estaban costando esas sesiones desde el accidente de mis padres.
__ ¿Qué le parece?, ¿Linda no? __Le dije sintiendo que había dicho las cinco palabras más estúpidas del día.
__Lo importante sos vos y como estás llevando todo, ¿Y Beatriz?
__ ¿Qué con Beatriz? __Inmediatamente me arrepentí de haberle contado de aquel sábado en que llegó borracha acompañada del nabo de Arturo y se bañaron juntos y yo en mi habitación con una erección más grande que la pirámide de Giza y mi masturbación salvaje tratando de escaparle a ese deseo de meterme debajo de la ducha y quitarle de al lado a ese baboso.
__La chica que vivió unos meses en tu apartamento, ¿Ya se fue?
__Si, con una amiga, conoció a Tomiko a poco de haber llegado.
    El timbre sonó como el campanario liberador y le di la mano al doctor y también el cheque del mes y salí corriendo escaleras abajo antes de que llame a los loqueros.
    Tomiko brillaba como mil soles y se estaba nublando, Adolfo nos rodeo con su correa obligándome a abrazarla, ella sonrió y me dio un corto beso en los labios, olía a violetas o jazmines, bueno, a una de esas flores buenas… yo que sé.
    Caminamos por la avenida Segovia rumbo al sur alejándonos de casa, era sábado y aunque tenía una tonelada de archivos que revisar sobre posibles clientes de la agencia que le estábamos robando a la competencia no me preocupé por nada hasta que ella me miró algo preocupada.
__ ¿Puedo hacerte una pregunta?
    Me miró con ese rostro de ojos oblicuos que haría confesar hasta a un mudo y le sonreí mientras el perro volvía a querer enredarnos.
__Desde luego.
__ ¿Cómo vivías antes de que yo…?
    Una anciana mujer caminaba cerca de nosotros, una robot de brillante plateado le llevaba las bolsas del mercado mientras que algunos automóviles se detenían en la zona peatonal para que crucen.
__Si una palabra describiera fielmente mi vida antes de vos, esta sería: Rutina.
    La robot que ayudaba a la anciana perdió dos naranjas de adentro de la bolsa y su dueña la increpó, dejó un bolso en el piso y recogió las frutas con sus delicados dedos muy delgados y prensiles.
__Rutina es una palabra cuyo significado puede ser ambiguo.
__ ¿Tiene un lado bueno?
__Si la rutina te hace ser más eficiente es buena palabra, pero si te detiene en una ininterrumpida sucesión de las mismas cosas es realmente triste.
    Me miró y le acortó la correa a Adolfo que había orinado encima de un container de periódicos, al acercarme para quitarlo de allí vi en grandes titulares: “Japón acusado de experimentar con Bio-Ciencia en la fabricación de Androides”
    Encontramos una pequeña plaza rodeada por enormes rascacielos de un centro de finanzas del sur de nuestra ciudad Central, allí le compramos al perro algunas galletas para que se tranquilice y nos sentamos en unas cómodas reposeras, sin embargo Tomiko me hablaba y yo me había quedado pensando en los titulares.
__Discúlpame pero necesito comprar un periódico.
    Eso es lo que te preocupa, me dijo señalándome la enorme pantalla gigante que apuntaba a la avenida Confederación donde un periodista evidentemente cibernético leía la siguiente noticia: __ “El gobierno central piensa limitar la compra y venta de los últimos modelos cibernéticos, el parlamento está discutiendo sobre las últimas limitaciones impuestas por la comunidad de Naciones en torno a los autómatas fabricados en Japón”
__Ya lo escuché antes, hace dos días, el mismo día en que te llamé para que me recogieras, no te preocupes, nada va a pasar.
        Sentí que la saliva apenas me bajaba por la garganta y el estómago me dio un vuelco tan violento que temía vomitarme allí mismo. ¡Justo cuando había encontrado a alguien en mi vida me la iban a quitar!
__Y si prohíben a los…
__ ¿Los robots? __Me dijo sonriendo. __A los robots, nunca, el mundo se detendría, pero a nosotros sí, no quieren bioandroides tan perfectos, comprendo que tengan miedo.
    Un curioso viento se levantó, en la pantalla pasaban esos asquerosos comerciales de aparatos para adelgazar, Tomiko me cerró el saco cuidándome del frío como si fuera una madre, una hermana mayor o una esposa.
__Pero… ustedes nunca nos harían daño, las tres leyes de la robótica están en sus programas y…
    Tomiko no me dejó hablar, me besó profundamente como aquel primer beso en que pareció explorarme, reconociendo cada rincón de mi boca antes de hacernos el amor, pero en este caso creí en que no se trataba más que de alejarme de una conversación riesgosa para mi seguridad personal.
    Esa noche la vi observándome preocupada cuando me rehusé a amarnos y me quedé en la cama a su lado tratando de ordenar mis ideas, sabía bien que no tenía el perfil del superhéroe o del revolucionario pero por nada del mundo permitiría que me quiten a Tomiko de mi lado.
    Estaba seguro también de algo, Tomiko tampoco me dejaría así nomás.

Continuará.

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