El Cadillac Negro

El Cadillac Negro
Por: Darío Valle Risoto

Manejaba nervioso, tenía los dedos apretados al volante aunque no iba a gran velocidad. Noventa kilómetros promedio en aquellas rutas sinuosas podían ser más o menos aconsejables aunque había llovido recientemente.
En determinado momento miró al espejo retrovisor no para constatar si había vehículos detrás, sino para volver a convencerse que ella era real y seguía durmiendo en el asiento trasero. Como si no alcanzara con su perfume suavemente alimonado, estaba realmente dormida detrás con la cabeza apoyada en un bolso estampado con flores violetas sobre fondo negro.
Los pinos parecían interminables y el cielo aún tenía tonos del gris al blanco y al azulado, amanecía rápidamente y aún no llegaban a la cabaña, sus nervios hicieron que en vez de aumentar la velocidad aminorara la marcha para bajar y fumarse un cigarro.
 
Detuvo el Cadillac “El Dorado” color negro y retrajo la capota, quizás el aire la despertara al menos para conversar un poco.
Mientras abría un paquete nuevo de Richmond vio que en efecto se desperezaba y se sentaba arreglando sus abundantes cabellos rubios, lo miró y le hizo una guiñada.
 
Peter no tenía la menor idea de donde había conocido a esa mujer ni que hacía con él en el auto, mucho menos porque tenía un Cadillac El Dorado año 1958 en pleno siglo veintiuno.
__ No falta mucho allí está Greenville, abajo, detrás de las colinas de Marble Hall.
Señaló y él reparó en una pulsera dorada en forma de serpiente que brilló  a la luz del sol que comenzaba a retirar la noche.
La chica rubia llevaba un vestido azul oscuro sin mangas cubierto de estampado de flores como margaritas o parecidas de pétalos en diferentes tonos de celeste. Sus ojos eran de un verde transparente casi esmeralda pero más cercano al color de los mares del sur.
 
__ No recuerdo tu nombre. __ Le dijo esperando un enojo o una muestra de desaprobación por el estilo, pero ella se bajó del auto, le quitó el cigarrillo de la boca y le dio una larga pitada antes de devolvérselo.
__ Nunca te dije como me llamo, a fin de cuentas esto es solo un juego.
__ ¿Un juego?
__ El destino a veces comienza con un nombre, ¿Quién lo sabe? __ Se acercó al borde del barranco, abajo, detrás y por delante interminables bosques de pinos y abetos, el sol se escondía detrás de las nubes pero los faros del Cadillac iluminaban bien, no recordó haberlos encendido tampoco.
 
Memorizó el bar y aquella discusión con el par de tipos que le llamaron marica porque dijo no saber jugar al Pool, trató de evitar contestarles pero ellos estaban alcoholizados y por ende decididos a discutir y algo más.
Era en realidad un antro de esos que al costado de las carreteras perdidas dan cobijo a los camioneros, estos dos mal encarados lo eran.
__ No quiero problemas. __ Les dijo tras recibir un empujón que lo dio contra el Pin Ball, las luces de James Bond 007 tintinearon, una costilla le dolió como el infierno.
__ Bueno mariquita, nosotros si. ___ Dijo el más alto, enorme y cuadrado, el otro era flaco y también desagradable ambos eran evidentes trazas de que la evolución tiene sus retrocesos.
 
Y allí la recordó.
Fue en ese Bar, el Diner algo, no miró bien el nombre, tenía un zorro de neón en la puerta y soliviantaba el olor a hamburguesas, eran como las ocho de la noche.
Peter se tomó el costado y su mente comenzó a decaer, temió desmayarse pero algo en su interior brotó nuevo, su sangre fluía en sentido contario, fue como jalarse una buena línea de coca o tomarse aquellos alcoholes destilados de la tía Celia.
 
Ella estaba sentada al fondo del lugar, con su bolso negro con flores estampadas y el vestido azul, se puso de pie y se interpuso, los tipos babearon.
__ ¿Tu hermana viene a salvarte mariquita?
Pensó en la maldita violencia, el viejo y desagradable sentimiento de asco por tanta malicia y furor inútiles le hizo trastabillar pero antes de caer vio lo inesperado.
 
Luego estaba manejando un Cadillac El Dorado año 58 y ella dormía detrás.
Ahora miraban las nubes recogidas salvaguardando la luz matinal, todo el día iba a estar nublado de nuevo.
Ella se apoyó en el auto y miró sus uñas, se quitó rastros de algo debajo de estas con sus dientes.
__ A veces la carne se pega y luego huele muy feo.
__ ¿Qué?
__ Bueno, abrirles las gargantas fue fácil, lo difícil fue tratar de salir contigo mientras vomitabas a punto de desmayarte.
__ No recuerdo nada.
__ Todavía estás en shock, siento haberte mordido pero después de la acción tenía que beber algo.
 
Entonces Peter lo recordó: El Cadillac pertenecía a esa mujer que salvajemente había decapitado a los dos camioneros y le había quebrado el arma al dueño del bar, había partido un rifle doce como si fuera de papel y se lo había llevado por la ruta a quién sabe donde.
__ No, no puedo creer…
 
__ Nos llaman vampiros, a veces pasan estas cosas en la carretera amigo, no tuve más remedio que intervenir además necesitaba un chofer que maneje durante el día mientras duermo en la cajuela, el último murió en un desafortunado accidente.
Ella sonrió mostrando dos hermosos colmillos blancos mientras se metía en el baúl trasero.
Peter manejó sin saber aún su nombre.
 
FIN
Martes, 21 de febrero de 2012
Nota del autor:  Este es uno de los tantos cuentos paralelos que suceden dentro del universo que conecta los relatos de Greenville con los relatos de Neo Vampiros así como los cuentos largos del detective J.J Contreras, con mucha influencia sobretodo de los cuentos de H.P.Lovecraft son de mi autoría y están debidamente registrados.
Darío Valle Risoto