Una Paula para conectar: Parte 2

Una Paula para conectar: Parte 2
Por: Darío Valle Risoto

Un hombre de escasa estatura y pesados lentes de aumento discutía con uno de los empleados sentado en su oficina. Los podía ver a través de los amplios ventanales que la separaban del resto del lugar, según parecía no le iban a dar crédito, se le veía bastante alterado. Pasó gesticulando un momento después junto a él y se metió sin ser anunciado en la oficina del gerente, la secretaria no lo pudo detener.
Luís no acostumbraba meterse en lo que no le correspondía pero el tipo en verdad daba lástima con su traje fuera de época y su manoseada cartera de cuero.
Luego de terminar sus trámites caminó rumbo al Bar mas cercano donde casualmente encontró al mismo sujeto que bebía grapa y hablaba solo sentado al final de la barra, el dueño del Bar lavaba vasos y lo miraba con cara de pocos amigos. El tipo pidió otra grapa y cuando fue a pagar sacó unos billetes manoseados de un bolsillo, el gallego movió la cabeza negativamente y se inició otra discusión, al parecer la alegría va por barrios pensó Luís.
__ No se preocupe, yo invito __Dijo Luís acercándose, el encargado lanzó una especie de gruñido y tomó el dinero. __Sírvale otra y a mí una grapa miel.
__ Me llamo Benito Lezama, para servirle __ Dijo el hombre de los pesados lentes ofreciéndole una mano de uñas sucias.
__ Luís Domínguez ___Lo vi en el Banco.
El hombre se empinó la grapa nervioso.
__ Me negaron crédito, ahora que estoy terminándola, justo ahora, uno está como cagado por los perros carajo. __Dijo mirando al vaso vacío, Luís le señaló al tipo que volvió a servirle. __Soy Físico, va, fui, fui profesor en la Universidad hasta que me retiré, jubilación anticipada, necesitaba el premio del retiro para mi invento ___Las manos le temblaban al servirse el cuarto trago.
Luís comenzó a ser dominado por la idea de que estaba junto a un loco alcohólico, el veterano se quitó los lentes y se los limpió con un pañuelo mugriento que guardaba en su saco azul marino con pequeñas líneas grises.
__ Sería mejor que se tome un café.
__ No, gracias, cuatro es mi límite, no soy muy bebedor, pero esto me superó, tengo la máquina casi pronta, solo me faltan diez mil pesos para comprar un componente de software que encargué de Atlanta el mes pasado. Estos mierdas me negaron un préstamo, ya tengo dos hipotecas sobre mi casa, si esto no marcha me voy a matar. __Dijo en su desesperación.
Por esas cosas que tiene el destino, media hora después Luís llevaba en un taxi a Benito que se había excedido dos veces su límite de cuatro grapas y casi no podía sostenerse solo, vivía en un galpón en la Aguada, que supo ser un taller mecánico.
Su cuarto era un pequeño corredor oscuro antes de llegar a un baño mal oliente, se acostó vestido, Luís fue a mear antes de irse y al salir se topó con un extraño artefacto casi cubierto con una pesada lona, eran ciertos tubos de cobre conectados y una especie de campana de cristal. Detrás en lo que había sido una pizarra de colgar herramientas habían unos planos sucios, en ellos se repetía una palabra: Time Machine.
Los miró y le parecieron convincentes, no conocía mucho de física pero si podía asegurar que en todo eso había largas horas de trabajo, una computadora semi desarmada descansaba en un costado, junto a ella un fax y un teléfono viejo con centralita sobre un escritorio desvencijado. En la pared contraria un viejo cuadro de Gardel y un banderín del club Aguada.
Asomó la cabeza debajo de la lona y pudo ver que la máquina estaba conectada por innumerables cables a la computadora y que a su vez esta tenía una pantalla acoplada con distintos conectores, muchos de ellos soldados a la vista.
Se fue sin hacer ruido, pensando si sería posible, antes de cerrar la pesada puerta corrediza del galpón sonrió al recordar los experimentos de los científicos locos del cine de los años cuarenta, Benito tenía mucho de Bela Lugosi.
Cuando llegó a casa, un papelito debajo de la puerta le indicaba que Florencia había pasado de nuevo a buscar mas cosas, al no tener las llaves se había tenido que regresar, su letra era perturbadora, a veces los días tienen cosas buenas. Pensó.
Al día siguiente desayunó un vaso de leche fría y un refuerzo y salió para lo del extraño tipo, tenía una curiosidad rara en torno al supuesto invento, de todas maneras, sin trabajo y con algo de plata, podía darse el lujo de perder el tiempo, la abuela le había pedido que viviera, tal vez se trataba de eso, de buscar nuevas aventuras.
__ Pase amigo, lamento no haberle agradecido ayer su gesto, ¿Le dije mi nombre?
__Si, ¿Se acuerda del mío?
__ Claro, claro, mire. La estoy preparando, tal vez la pueda hacer andar sin el software que pedí y no puedo sacar del correo.___ Se encontraba soldando uno de los tubos, ahora la máquina estaba totalmente destapada y brillaba, Luís caminó mirándola de lado a lado, era casi rectangular, como una enorme cabina de la que salían tubos y cables, uno de los lados mostraba un cubículo transparente con un par de asientos adentro.
Había olor a quemado en el aire, una radio prendida en un rincón con tangos era lo que le recordaba que seguía en Uruguay sino se podría apostar que estaba en la misma mansión del doctor Frankenstein.
__ Es una máquina para viajar en el tiempo, ya la probé docenas de veces, creo que pronto funcionará. ___Se quitó la careta y apagó el soldador, se limpió las manos en la túnica y lo saludó, Luís no pudo evitar sonreír.
__ Ya se que parezco que estoy de la chaveta, pero mire, le voy a mostrar algo, ve aquella manzana, tráigala. ___El joven tomó el fruto y se lo dio.
__Que le parece si la hacemos viajar en el tiempo?
__ Perdóneme pero eso es imposible.
El pequeño hombre pareció crecer de la seguridad que sentía en lo que iba a hacer, puso la manzana dentro del gran cubículo sobre una plataforma que descansaba entre los asientos.
__ Vamos a transportarla dos minutos al futuro, digamos que al mismo lugar de donde la sacó usted, a aquel plato sobre la mesa de herramientas.
__Es imposible. ___Volvió a repetir Luís, pero en el fondo quería que eso funcionara, no sabía porqué pero le iba a doler el que le fracase el experimento a un total desconocido, tal vez era un romántico.
Benito se sentó en la mesa y encendió la máquina, un flujo de electricidad la cubrió, un fulgor verdoso llenó el receptáculo donde estaba la fruta, comenzó a teclear nerviosamente una serie de comandos, se tomaba el mentón pensativo, esperaba un momento y volvía a hacerlo, un zumbido comenzó a expandirse desde las dos columnas de tubos en la parte superior de la enorme cosa.
El fruto desapareció, Benito le hizo sentarse frente al plato con el reloj delante, el plato un minuto después seguía vacío, el hombre sonreía y temblaba como un chico, comenzó la cuenta regresiva: cuatro, tres, dos, uno, cero… y de pronto allí estaba la manzana.
Continúa mañana