El Quilombo del Arbolito (cuento)

El Quilombo del Arbolito
Por: Darío Valle Risoto

__ ¿Como estás corazón? ___Era el habitual saludo de las chicas del quilombo de la calle Ejido y Pedro se sentía como raro entre el perfume a desinfectante y el sonido de las cumbias en la radio.
 
Se llamaba Paola, seguro que era un nombre artístico pero era una mujer muy atractiva que siempre lo trataba bien aunque no se dejara dar besos en los labios.
El quilombo tenía cuatro habitaciones, una sala de espera, patio con claraboyas y un aire a “Club de hombres” sobre todo los sábados en que había que esperar que las muchachas cumplieran con sus turnos. Un grupo heterogéneo de hombres de todas las edades esperaban entre murmullos, risas cómplices y alguna vergüenza a que les toque su momento.
 
En la primera pieza estaba Claudia que era alta, tetona, fuerte, de grandes caderas y una voz dulce como la de una maestra preescolar, la segunda habitación tenía a una flaca rubia llamada Katherine, la tercera era la de Paola y en la última trabajaba Michelle, una veterana de mediana estatura que siempre cambiaba de color de cabello pero como solía atender más lentamente que las otras también tenía su clientela.
 
Lo habitual era tocar timbre y preguntar si estaba tal o cual chica ya que algunas eran faltadoras, a veces entre semana solo encontrabas a una o dos o había que ir medio tarde, el quilombo abría como a las siete y cerraba a la una por disposición municipal.
 
El polvo costaba unos setenta pesos en aquellos tiempos, 100 pesos si había algún extra pero lo más común era ir a lo más barato y salir dejándole unos cinco pesos de propina a la portera, también estaba la posibilidad de pagar una media hora que costaba como cuatrocientos pesos pero: ¿Qué carajo iban a hacer media hora cuando lo común era estar en “consulta” apenas unos quince minutos de los que se gastaba más en quitarse la ropa que en hacerlo?
 
Casi todas las chicas eran umbandistas, los collares de colores y estatuas de la virgen del mar eran muy comunes, también los “San Jorges” y alguna arriesgaba uno de esos diablitos tan llamativos o algo atemorizantes sobre todo cuando uno estaba en bolas y los miraba de reojo.
 
Pedro había debutado en un quilombo de la calle Canelones que había cerrado, luego fue al de Durazno y Convención hasta que se prendió fuego y finalmente terminó en este que todos conocían como: “El quilombo del arbolito”.
 
Hubo una chica hermosísima que se llamaba Gianina que conoció en el de Canelones, cierta tarde ella lo invitó a salir y Pedro se quedó tan conmovido como aterrado por la idea de terminar siendo pareja de una prostituta, los años le enseñaron que por no arriesgarse probablemente se perdió una de las mejores experiencias de su vida.
En ocasiones luego de tener relaciones Gianina quería conversar, se sentaba en la cama y palmeaba a su lado para que Pedro la acompañe, él obedecía y conversaban de cualquier cosa hasta que los golpes de la portera en los postigos obligaban a la despedida. Gianina no era macumbera y su belleza no ocultaba que era una joven tan culta como atractiva. En cierta ocasión dejó de ir a trabajar porque la tenían que operar de algo que Pedro nunca averiguó, pero siguió yendo para atenderse con otras con cierto dejo de culpa.
Cuando Gianina volvió era como recuperar a una novia luego de un largo viaje, fue extraño porque una tarde Pedro entró a atenderse con una tal Laura, una flaca esmirriada de largos cabellos negros, al salir se cruzó con ella que lo miró con cierto aire a mujer engañada.
Desde ese momento creyó encontrar cierto desdén en su trato futuro aunque siguió recurriendo a Gianina siempre que su sueldo se lo permitía, con el tiempo las visitas se espaciaron porque consiguió novia pero con el paso de los años nunca pudo olvidarla del todo.
 
En cierta ocasión Pedro, Gonzalo y Eduardo fueron a una marcha sindical por dieciocho de Julio, luego de caminar y agitar por varias horas hicieron una pausa en un Bar del centro sobre la calle San José, cuando fue al baño nuestro amigo se cruzó con una mujer que lo miró insistentemente.
Al regresar a conversar con sus amigos que trataban de decidir si iban o no a la asamblea que se iba a hacer en la tarde, se percató de que entre sus memorias había algo casi perdido que afloraba con inusitada fuerza, esa mujer… esa mujer.
 
La buscó en el Bar y casi al final del recinto estaba Gianina, con algunos años demás conversando con un hombre maduro, seguramente un cliente o por que no, su marido, no lo podría adivinar.
 
Gonzalo y Eduardo se fueron a la asamblea algo mosqueados porque él se quedó tomando un café, en un momento de distracción y cuando volvió a tratar de verla ya se había ido.
__ ¿Me trae la cuenta por favor?
El mozo antes de cobrarle le dio un papelito.
Era un teléfono con la frase: “Te acordás de mi?
 
¿Cómo olvidarla?
Pero Pedro nunca se animó a llamarla.
FIN
 
15 de octubre de 2011

3 respuestas a “El Quilombo del Arbolito (cuento)

  1. Muy triste tu historia , mis amigos de la fabrica y algunos todavia me llevan a pasear a los kilombos , digo “pasear” porque no puede pasar nada mas. Son mujeres que parecen muy amables , hablan muy dulce , casi maternalmente , no se si es por oficio o natural.
    E estado hablando con feministas sobre diferentes formas de explotacion y ellas dicen que la prostitucion es diferente , porque yo siempre digo una señora que se toma dos omnibus para ir a fregar pisos , no tendra necesidades como una que se prostituye ?

    Esto esta muy bueno :
    “Igual que el liberalismo económico desenfrenado, y por motivos análogos, el liberalismo sexual produce fenómenos de empobrecimiento absoluto. Algunos hacen el amor todos los días, otros cinco o seis veces en su vida, o nunca. Algunos hacen el amor con docenas de mujeres, otros con ninguna. Es lo que se llama la «ley del mercado». En un sistema económico que prohíbe el despido libre, cada cual consigue, más o menos, encontrar su hueco. En un sistema sexual que prohíbe el adulterio, cada cual se las arregla, más o menos, para encontrar su compañero de cama. En un sistema económico perfectamente liberal, algunos acumulan considerables fortunas, otros se hunden en el paro y la miseria. En un sistema sexual perfectamente liberal, algunos tienen una vida erótica variada y excitante, otros se ven reducidos a la masturbación y a la soledad.

    Siguiendo este símil, la liberación sexual prometió a todo el mundo que se haría rico. Pero para que unos ganen otros deben perder. El fin de la monogamia no viene seguido de un paraíso hippie donde todos follan constantemente con todos, puesto que el atractivo de cada uno difiere”

    Siempre va a existir la prostitucion o algo que se le paresca , ya que biologicamente hombres y mujeres difieren.

    elio cesar

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  2. Gracias, como siempre tus aportes valen, el tema de la prostituciòn es casi inabarcable y da para mucho pero desde luego que cuando escucho a tipos que dicen que a esas mujeres les gusta ahcer “dinero fácil”, yo los pondría en una cama aguantando todo tipo de personas una tras otras para ver que opinan luego.Ul timamente porque me pongo viejo quizás voy muy poco a estos lugares y el tema de las prostitutas ha cambiado, si bien ahora las hay mas atractivas y jóvenes ya no tienen…digamos “el oficio”, trabajan de mala gana y hasta con cierta violencia en el trato que a veces dan ganas de dejarles el dinero e irse sin hacer nada.

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