Cuentos de Robots I Parte: 7

Cuentos de Robots
Parte 7: Los Lunes en la oficina
Por: Darío Valle Risoto

    Los lunes apestan, debe ser en lo único que toda la humanidad debe estar de acuerdo después de que la comida chatarra mata y que los impuestos están inventados para jodernos.
    Tomiko me había pedido que le comprara ropa porque las dos escasas mudas que venían con ella estaban para lavar y si bien no me incomodaba que recorra la casa ataviada con una de mis camisas como única vestimenta, en algún momento tendría que salir.    Horacio llegó a la oficina con los últimos y acostumbrados cuentos sobre su fin de semana, las compañeras ya estaban acostumbradas a sus historias de borracheras, despedidas, streap teases y cuanta cosa se le ocurra a un tipo que tiene la facha de un galán cinematográfico.
    Yo intenté desconectarme de lo que me había sucedido desde que me habían traído a mi compañera cibernética y aún trataba de reconectarme con la vida cotidiana cuando Alicia la secretaria de Meléndez el gerente, llegó a mí.

__ ¡Te lo tenías guardadito guacho!
    No sabía que me hablaba y lo más raro era que ella poco me tomaba en cuenta en el trabajo y mucho menos me hablaba con tal desparpajo.
__ ¿Saben que nuestro misterioso Daniel tiene una novia japonesa? __Les dijo a todos.
    No supe que las miradas pueden quemarlo a uno hasta que mi vi rodeado de una tropa de compañeros que se asomaban desde los boxes hacia mi cubículo como si un dinosaurio estuviera sentado en mi lugar.
__ ¿Qué? __Preguntó Horacio; creo que fue el más dañado por la enorme noticia de esta infartante y tetona secretaria de rubio cabello y lengua demasiado lista a todo. Claro, Horacio pese a ser una persona en las antípodas de mí, era el compañero más allegado que tenía y creo que se creía con derecho a saber todo de mi vida.
__Disculpen pero Tomiko es muy tímida y me pidió que no ande contando de nuestra relación pero ahora se mudó conmigo y…
    Horacio perdió un poco de su compostura y sosteniendo su Parker dorada en la mano me señaló como acusándome de un terrible crimen mientras se sentaba en la punta de mi escritorio.
__ ¡No me jodas che!, ¿Cómo vas a tener novia sin que nadie se entere?

    En ese momento el rostro de Alicia se iluminó, porque todos sabemos que nada engrandece más a una chusma de oficina, que saber primero un gran secreto de alguno de sus compañeros o compañeras.
__Me enteré por Beatriz, me llamó ayer y me contó que este degenerado tiene una hermosa oriental viviendo en su apartamento.
    Claro, si Alicia era la que me había conectado con Beatriz cuando puse el aviso alquilando el cuarto vacío, no lo recordé hasta que mi mente trató de relacionar de alguna forma ese aspecto de mi vida con esta reputísima secretaria de grandes tetas y muy poco cerebro.
__La ley de las compensaciones. __Dije en voz alta.
__ ¿Qué? __Me preguntó Matías el cadete que también se había metido en el tumulto que giraba en torno a mí y la gran noticia.
    Pero carajo, uno quiere pasar desapercibido por la vida pero siempre hay alguien que le encuentra algo raro para ventilar, de todas maneras sabía que de ninguna manera debían saber que había comprado o adquirido una compañera artificial de última generación a un precio prohibitivo porque eso significaría ser condenado al epítome de Pajero sideral de por vida.

Item 29: Los modelos tienen absoluta independencia social, esta solo se limita mediante programación previa del usuario a compartir, pueden viajar, comprar productos, vender y hacer usufructo del comercio solo limitados por las reglas sociales y de la robótica.

    Tomiko limpió la casa y al comprobar que la ropa que había lavado estaba seca se vistió sacó al perro, luego de regresarlo encendió la televisión plasma y se quedó unos minutos observando las noticias en absoluta inmovilidad.

__ “El gobierno central piensa limitar la compra y venta de los últimos modelos cibernéticos, el parlamento está discutiendo sobre las últimas limitaciones impuestas por la comunidad de Naciones en torno a los autómatas fabricados en Japón”
    La imagen cambió a una rueda de prensa donde un hombre rodeado de guardaespaldas hablaba con los periodistas.
__ “No podemos tolerar que estos “juguetes humanoides” comiencen a formar parte de nuestra vida cotidiana llegando a suplantar lentamente a los seres de carne y hueso”

    Tomiko permaneció silenciosa mirando al Prefecto de relaciones exteriores hablando sin pausa en contra de los androides y discutiendo sobre el derecho de los ciudadanos a compartir sus vidas con seres artificiales como si fueran semejantes.
    Apagó la televisión y salió a comprarse ropa con la tarjeta de crédito que Daniel le había dejado.

__Juguetes cibernéticos. __Dijo en voz alta, mientras bajaba las escaleras, en el vestíbulo se encontró con la señora Eva que se la quedó mirando porque nunca antes la había visto y ella conocía a todos en el edificio.

    Tomó un colectivo y se bajó en la alta zona comercial, algunos robots de viejos modelos cortaban el pasto de unos bellos jardines mientras que en la autopista otros de apariencia esquelética se encontraban pintando las rayas amarillas entre las vías rápidas. Un automóvil pasó demasiado cerca de uno de ellos y le destrozó una pierna, el conductor bajó lanzando insultos y se puso a buscarle roturas a su auto compacto mientras el viejo robot trataba de arrastrarse hacia su pierna lanzando chispas por el muñón acerado.
    Tomiko contempló la escena sin moverse hasta que un impulso la hizo caminar hasta el infeliz humanoide y agacharse a mirarlo, su cabeza cilíndrica tenía un solo ojo circular en medio con una luz rojiza que se fue apagando lentamente.
__Señorita, ¿Vio que ese muñeco de mierda se me atravesó?, Espero que el ayuntamiento no me lo haga pagar carajo. __Dijo el desencajado automovilista mientras pateaba la pierna suelta de ser metálico que acababa de apagarse.

    Tomiko miró al tipo, un gordo grasoso de rostro enrojecido, sus dedos amarillos por la nicotina y dentro de su coche una mujer enorme que la miraba como esperando que diga algo para sostener el estado de su esposo.
    Tomiko sacó el celular del bolsillo delantero de su pantalón y llamó a Daniel.
__ ¿Por favor, me puedes pasar a buscar?
Continuará.

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