Cuentos de Robots I Parte: 5

Cuentos de Robots
Parte 5: Dulce Tomiko
Por: Darío Valle Risoto

    Beatriz se fue de casa llevándose sus libros con muy mala cara, para colmo Tomiko la despidió de forma muy agradable y luego se volvió a mi y me besó en los labios justo en el momento en que Beatriz nos miraba desde debajo de la escalera de acceso al piso.
    Sus labios fueron absolutamente reales y si bien me sorprendió la actitud era evidente que la empresa fabricante había captado muy bien mi necesidad de una compañera, ahora el problema escapaba a la fantasía de mi pedido por ordenador y estaba allí en frente como una perfecta joven escultural de unos veinte años.

__ ¿Vas cenar?
    Me dijo cuando volvimos a entrar, yo todavía pensaba en Beatriz y todas las noches en que me había costado conciliar el sueño imaginándola en su habitación pared de por medio con la mía, durmiendo desnuda, sola o acompañada.
__Cocina lo que quieras, tal vez algo al horno, carne con papas por ejemplo.
__OK. __Contestó y caminó varios pasos hasta la terraza, Adolfo mi querido Collie le ladraba efusivamente.
__Creo que quiere salir a dar una vuelta.  __Me dijo señalándome la correa que colgaba detrás de una planta interior.

Item 28: __Mascotas: Los modelos tienen una memoria selectiva y especialmente diseñada para convivir con todo tipo de mascotas, se sugiere evitar el trato hacia los androides de idéntica forma que a estos compañeros animales para evitar confusiones.

    Saqué a Adolfo camino al ascensor, me puse a pensar en que Beatriz se había ido realmente asombrada por la noticia de que tenía novia, tanto que había bajado por las escaleras olvidando el ascensor, sin embargo hacía el esfuerzo por no creer que realmente estaba celosa.
    Llevé a mi fiel Adolfo al parque, por un momento miré hacia el estacionamiento para ver si todavía estaba el Torino 300-A de Beatriz pero ya se había ido, un grupo de niños correteaba mientras que una cuidadora cibernética los cuidaba, se trataba de un modelo estándar de apariencia metalizada aunque humanoide pero desde todos los puntos de vista: Artificial.
    Uno de los niños le tiró una piedra que rebotó en su torso plateado y ella intentó disuadirlo antes de que yo llegara a su lado.
__Chicos, ¡no hagan eso!__Les grité, mientras Adolfo rasguñaba la arena junto al camino de piedras.

    En torno nuestro los grandes edificios eran tan modernos como agobiantes, el confort abundaba, tanto como la soledad, yo mismo era un solitario tipo de treinta y ocho años que nunca había podido encontrar una verdadera compañera y si bien recibía terapia, la idea de morir solo me aterraba frente al fantasma de los próximos cuarenta años por cumplir. La compra o adquisición de una perfecta y carísima compañera cibernética parecía una verdadera locura, mi terapeuta no había opinado al respecto y solo se limitaba a escribir en su maldita libreta, eso si, sin dejar de cobrarme sus buenos honorarios.
    Un buen día me conecté con esta compañía japonesa y luego de casi desmayarme por los costos, me dispuse a encargar a una amiga, amante y compinche a mi gusto y medida. ¿Estaré loco?, ¿Soy un viejo pajero?… Pues… ¡A la mierda con todo!
    Vendí la casita heredada de mis viejos en el balneario, saldé mi cuenta bancaria, cambié mi seguro social por dinero y pedí tres préstamos, así reuní los casi 31000 créditos para comprar a Tomiko.
    Ahora paseaba a mi querido perro y ella estaba arriba haciendo mi cena como si hubiera vivido toda la vida conmigo, me sentí como un hombre casado y sin embargo estaba angustiado frente a la idea de que esa noche le iba a hacer el amor a una sofisticadísima máquina, pero máquina al fin y al cabo.
    Resolví ir paso a paso, no había otra forma de hacerlo, Adolfo le hizo fiestas al entrar de nuevo al apartamento, había un aroma a asado al horno alucinante y Tomiko me mostró orgullosa su labor, le di un beso en la mejilla que le resultó aparentemente halagador, preferí pensarlo así, claro.
    Unos minutos después Adolfo dormitaba frente a la estufa y yo bebía un Martíni sin dejar de pensar en que esa mujer joven y de formas perfectas era una compacta construcción artificial de plásticos, metales varios, positrones y circuitos integrados con forma humana.

__ ¿Tomiko? __La llamé.
    Ella dejó de sazonar la carne y me miró con sus ojos rasgados.
__ ¿Te sientes bien conmigo? __Le pregunté.
__Por supuesto que si. __Me contestó sonriendo con un gesto que evidenciaba la tontería de mi pregunta.

Item 29: Los modelos son extremadamente sociables y responden en forma equilibrada siempre y cuando no se violen las tres leyes de la robótica.

__Ya está lista la cena. __Me dijo y se quito el delantal, no me permitió ayudarla y unos momentos después comía el mejor asado al horno de mi vida, las papas glaseadas y crocantes eran deliciosas, a mi pedido comió conmigo, por más que no fuera humana y no necesitase ese tipo de proteínas, me era imposible disociarla de una velada romántica.
    Sonreímos cuando probó el vino y se quedó unos segundos paladeándolo sin decir una palabra, si no fuera por su naturaleza hubiera jurado que recordaba algo de su niñez.
    Entonces me pregunté hasta que punto los enlaces programados en su cerebro positrónico respondían a una vida artificial de tal realismo que hasta quizás tuviera recuerdos programados de una niñez, me tuve que contener de preguntarle sobre su vida antes de ser encendida y me ericé de solo pensar en causarle una molestia.

__Sos muy hermosa. __Le dije y me temblaba la voz.
    Ella terminó de sorber delicadamente el vino y levantó la copa justo delante de sus ojos negros con un delicado tono azulado y me sonrió, creí que el tiempo y el espacio se sostenían en esa mirada que pudo ser la mejor que recibiera en mi vida.
__Gracias, vos sos un hombre muy apuesto.
    Sonreí, mis gruesos lentes de aumento, mi maldita disposición al acné, así como mi incipiente calva evidenciaban que me mentía, dulcemente, me mentía.
    Unos minutos después terminamos de cenar y lamenté no haber comprado helado o algo para el postre, pero ella parecía tener sus propios planes porque me tomó de la mano y me llevó hasta mi cuarto, es decir: nuestro cuarto.
Continuará.

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