Cuentos de Robots I Parte: 2

Cuentos de Robots
Parte 2: Primer Contacto
Por: Darío Valle Risoto

    Bueno, estaba allí, no me quedaba más que ponerla a funcionar, sabía bien que me podría meter en problemas si la dejaba como un exagerado adorno en medio del living de mi minúsculo departamento, para colmo era algo mas de las tres de la tarde y Beatriz había avisado que pasaría a buscar unos libros y algo de ropa que había dejado en el placard de su cuarto. Hacía un mes que se había mudado y todavía tenía muchas cosas por recoger del apartamento, para colmo se había llevado mis discos de Rammstein como si fueran propios y yo no tenía el valor de reclamárselos.
    Fui a buscar otra cerveza y no quedaban más, pero como seguía teniendo sed me exprimí un limón en un vaso con agua mineral y volví a mi asiento enfrente de mi pedido.

__Así que apunto a su pecho con el control y dígito la clave… a ver…
    Me detuve antes de completar los nueve números, me sentía realmente nervioso, no cualquiera en esta parte del planeta compra una perfecta androide Fem 18184 a su entero gusto.
    Seguía perfectamente inmóvil con sus rasgados ojos japoneses cerrados, sus labios carnosos, sus pechos perfect…
    Tal vez Horacio y Evaristo tenían razón aquella noche en que algo alcoholizado, les confesé que tenía planeado comprarme uno de esos nuevos robots de compañía que publicita la Matsushita electrónica. Se cagaron de risa y lo menos que me dijeron fue: degenerado.
    ¿Y si tenía una falla y apenas de encendida se incendiaba o lo que era peor, me arrancaba la cabeza? Había leído en esas revistas amarillistas que en Boston un niño robot había asesinado a sus padres humanos a causa de un cortocircuito.
    Bueno, pero el asesino era fabricado en Rumania, esta era Japonesa.
    Sonreí al recordar a Toyi Miyamoto, el vendedor que atendió mi pedido desde Tokio a través de la cámara web.
__No es muy común que un occidental solicite rasgos japoneses en su producto, generalmente piden mujeres anglosajonas, nórdicas o tal vez de raza negra, pero ¿orientales?; muy poco __Afirmó
__Espero que eso no le aumente el precio. __Agregué como un imbécil, a esa altura me había empeñado hasta los huevos y cualquier palabra en torno a los costos era un chiste malo.
    Del otro lado de la pantalla Miyamoto aceptó mis requerimientos y sonrió, luego hizo una leve reverencia y la imagen se apagó dejándome de fondo de pantalla la sigla de esta empresa de punta en la fabricación de androides. Tenía que recordarlo, eran: Androides y no “Robots”, ya me lo habían aclarado: Los “Robots” se usan para trabajos forzados y automatizaciones, los neo-androides o androides son réplicas perfectas de los humanos.
    ¿Y que iba a saber yo, un oscuro dependiente de una agencia de viajes en un mundo cada día más plastificado?

__ ¿Qué nombre te voy a poner?
    Mi voz me sonó extraña y por supuesto que nerviosa, me acerqué a ella, era apenas más baja que yo, exactamente la había solicitado de menos cinco centímetros, medía 1.71 de alto. Por primera vez la toqué, a la altura de su omóplato derecho mi dedo índice se hundió en su piel  tersa y casi humana aunque fría.

Item 19: El calor corporal se regulara de forma automática, evítense temperaturas por debajo de – 10 grados y por sobre los 50. En caso de que estas sean rebasadas, el modelo se desactivará inmediatamente. Se recomienda llamar al servicio de garantía si no vuelve a funcionar luego.

    Le toqué el pelo, era negro, hermoso y le caía apenas sobre los hombros tersos y perfectos, sentí de pronto una oleada de vergüenza, corrí hasta el baño y traje una bata, la cubrí y me sentí mejor, era como si fuera un pervertido aprovechándome del sueño de una joven.
    Me empiné al agua con limón y estaba asquerosa, me había olvidado de ponerle azúcar, el vaso se me calló al sofá y luego rodó al piso sobre la alfombra y lancé una buena maldición, al levantarme ella seguía erguida dentro de la caja como si fuera una antigua dama egipcia.
    Recordé que había conocido a una chica japonesa cuando habíamos viajado a Sao Pablo con Evaristo al casamiento de su hermana, pero…
__ ¿Cómo carajo se llamaba la japonesita aquella?
__ ¿Tomiko?, ¿Tomiko?…. Si, si, era: ¡Tomiko Harakiyama!

__ ¿Te gusta Tomiko?
    Por supuesto que no contestó, así que tomé el bendito control y digité uno a uno los nueve números de la clave, esta sumada a la presión de mis huellas digitales sobre su censor le darían vida definitivamente.
    Entonces escuché un leve zumbido proveniente de su cuerpo y abrió los ojos.
Continuará.

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