Autos Rojos

Auto Rojo
Pappo

Tengo un pequeño auto rojo,
que me lleva dónde voy;
tengo un pequeño auto rojo,
que me lleva dónde voy;
no es un auto muy lujoso,
pero yo cómodo voy.

Hace ruido en una rueda,
y el chaperío está mal;
hace ruido en una rueda,
y de chapa viene mal;
le falta la luz de giro,
pero yo en él ando igual.

Ahora el solo…
Ah!…
Auto rojo!…

No puedo correrle a nadie,
porque no anda ni para atrás;
está flojo de cubiertas,
y lo tengo que alinear;
pero a este pequeño auto rojo,
yo lo amo de verdad!.

Un Atajo al suicídio

Un Atajo al suicidio
Por: Darío Valle Risoto
 
Tenía los pequeños lentes de ojos redondos empañados, se los quitó y limpió los cristales con un pañuelo bordado que le había regalado la abuela Nora hacía… siglos.
Santisteban estaba parado todo alto en el andén esperando el tren mientras la lluvia comenzaba a caer sustancialmente triste sobre todo lo imaginable, menos él refugiado bajo el techo de chapas azules. Miró al paraguas a su derecha, la mano que lo sostenía temblaba, cuando lo recogió de entre sus piernas tras limpiar los cristales.
El bigote fino, los ojos verdes, la barba “candado”, cincuenta y un años, más de veinte enseñando filosofía.
¿Para que?
 
Los rostros, con el tiempo los rostros de los alumnos se vuelven como las hojas de un árbol enorme, en un otoño de esos soleados donde el sol pasa entre las hojas nervudas y deja en el piso las sombras entreveradas de chicos y muchachas con esa juventud tan violenta y decidida. Lástima que luego se va todo a la mierda.
Tantas hojas anónimas, sin embargo algunas caen antes de tiempo.
La lluvia arreció cuando llegó el tren, se mojó un poco al entrar al vagón, era el único en subir, sin embargo el tren se mantuvo casi una eternidad y un poco más, para cumplir el horario hasta comenzar a sacudirse y tomar el camino sobre las vías empapadas. Santisteban miró las gotas viajando sobre el vidrio de la ventana enormemente sucia.
 
Tantas hojas anónimas, sin embargo algunas caen antes de tiempo.
__ Marguerite.
Dijo hablando solo, estaba solitario sentado en un vagón con olor a humedad y orines, pudo caminar más al frente y subirse a otro con gente, más concurrido, quizás humanamente cálido. Pero decidió quedarse como para expiar una culpa.
__ Marguerite.
Entonces la vio dentro de su mente pero sintió su perfume del carajo y le vio la cara delicada, triangular, los labios finos pero sensuales, los ojos… ¡Que ojos tenía esa francesita!
 
Yolanda Fresedo lo llamó aquella tarde, ni la recordaba, otra alumna, otra hoja que se vuelve anónima entre cientos, quizás miles de estudiantes en aulas sobrepoblados de liceos públicos o de la facultad.
___ Marguerite Dumas… se mató profesor, la encontraron en la pensión, se cortó las venas, la velan esta noche en la empresa Martinelli.
Siempre tan directa, sale del anonimato. Yolanda, rubia y demente como pocas, pero una de esas pibas que alienta seguir dando clases, tanto como…
Solo le dijo que iba a ir y un gracias ahogado, lloroso, de poco hombre o de demasiado hombre, cosas de la filosofía.
 
El tren se encabrita cuando sale de la ciudad y la lluvia arrecia sobre el campo, pronto llegará a Nogales y deberá buscar su hogar, decirle a su esposa que todo tranquilo, que esa alumna era especial.
Más no podrá decirle cuanto.
 
No le importa nada haber engañado a su mujer con ella, tampoco sentirá culpa al jugar con su hija de seis años y menos al acostarse a la noche, más siempre le acompañará esa sensación de mierda de pensar en que pudo hacer algo, impedirlo quizás.
¿Cómo se evita que un pájaro se precipite desde el aire?, ¿Cómo se evita que una de las hojas más importantes de ese árbol se descuelgue aún demasiado verde para dejar el cobijo de la salvia?
 
Habían tenido tremenda clase sobre el “existencialismo”: Jean Paul Sartre saltó entonces desde el asiento de Marguerite y los inundó de esencia de vida. Ella hablaba como si fuera en si misma la forma visible del amor a la vida, Marguerite hablaba y todos se enamoraban de ella, hasta las compañeras más calladas como Natividad o Alicia.
__ Bueno, veo que con este tema no soy tan necesario.
__ Perdóneme profesor, me dejé llevar por mi apasionamiento. __Dijo haciendo un mohín de vergüenza.
__ No señorita Dumas, el agradecido soy yo, en estos tiempos pocas veces se dan en clases debates tan interesantes como estos. __ Todos se rieron porque Santisteban en su delgada apostura se acercó a ella, le tomó una de sus manos blancas y se la besó como si fuera un perfecto caballero inglés.
 
__ ¿Usted cree en el amor? __Le preguntó al día siguiente en el patio del instituto.
__ Creo en Schopenhauer, la cerveza y las mujeres bonitas. __Le contestó mientras ella lo miraba como si quisiera penetrarlo a través de sus ojos usando los suyos.
__ Tu mirada me podría hacer sonrojar, si no fuera menos viejo.
__ Usted me ha gustado desde su primera clase y no solamente como profesor, he pensado en acostarme con usted.
Santisteban se había quedado congelado mientras algunos pibes corrían y gritaban entre ellos. Recordándolo sonrió sentado y mojado en el vagón del tren. Era como revivirla.
Y por supuesto que se acostó con Marguerite.
 
__ ¿Esto se parece a la libertad? ¿No le parece?
Le había dicho ella totalmente desnuda jugando con sus bellos del pecho mientras cruzaba sus perfectas piernas blancas como la porcelana entre las suyas. Emilio Santisteban sintió un estremecimiento y una nueva erección que le dio vergüenza. Había vuelto a tener veinte años en una tarde.
__ La libertad es un concepto abstracto, vos no lo sos, para nada.
Cuando la tuteó se dio cuenta que lo hacía por primera vez luego de haber hecho el amor con ella por un espacio de tiempo indefinible entre el resquicio de la eternidad y el aliento de una tarde cálida de Abril.
Lo hicieron de nuevo y el profesor se tuvo que ir pero sintió que dejaba algo en ese cuarto de pensión donde vivía esa joven francesa y alocada.
 
__ Algo mío quedó allí, no me cabe duda. __Dijo en voz baja retornando al presente en el vagón que se contoneaba ya cuando faltaban pocos kilómetros para llegar al hogar, a su mujer, a su querida hija.
Algo suyo quedó allí, algo que no pudo evitar que Marguerite se abra las venas.
__ ¡La reputa madre que lo parió! __ Gritó solo en el vagón y el paraguas se le calló al piso de madera del vehículo y tuvo que buscar de nuevo el pañuelo para secarse las lágrimas.
Cuando llegó el tren a su estación la lluvia no daba cuartel, abrió el paraguas negro y caminó las dos cuadras hasta el chalecito con sus luces prendidas que lo esperaba.
__ Hola mi amor.
__ Beatriz.
__ Como estuvo.
__ Triste como todos los velorios, el entierro fue una mierda, lo habitual. ¿Me haces un té?
__ Ya mismo.
 
Ella caminó hasta la cocina, Norita jugaba junto a la estufa a leña con su oso de peluche, le daba instrucciones para que se porte bien y que no se haga pichí sobre la alfombra.
__ ¡Papá!
Su rostro sigue iluminando al mundo, ella pronto será la hoja del árbol de algún maestro o profesor dentro de unos veloces quince o veinte años.
La levantó, la abrazó calentita con su saco mojado, ella estornudó y tuvo que dejarla en el piso, volvió con Francisco su oso de ojos impávidos y cuerpo marrón claro.
Beatriz trajo té para los dos, se sentó frente a Emilio Santisteban que comenzó a llorar lentamente hasta que ella tuvo que abrazarlo.
__ Te impactó, se nota que era una chica especial, debió tener alguna razón para dejarnos de un modo tan cruel.
 
A Santisteban le pareció raro que ella dijera “dejarnos” pero entendió que su esposa hacía suyos sus momentos de felicidad tanto como los tristes. Tampoco sintió culpa por haber, digamos… fornicado con la finada.
__ Siempre fuimos un matrimonio de cabeza abierta Beatriz, hay algo que me gustaría decirte pero tengo miedo a que todo se hunda. __Le dijo llorando.
__ No es necesario que me digas nada, solamente desahogate, te amo.
Santisteban sintió entonces una enorme e insoportable culpa.
 
FIN.

Olivia Hussey: Si la poesía fuera una mujer…

Olivia Hussey
Por Wikipedia

Olivia Hussey (nacida Olivia Osuna el 17 de abril de 1952 en la ciudad de Buenos Aires) es una actriz argentina radicada en el Reino Unido. Conocida por su papel de Julieta en Romeo y Julieta, de la Virgen María en Jesús de Nazareth, ambas de Franco Zeffirelli y de la Madre Teresa en la película italiana Teresa de Calcuta (2003).
Biografía
Hija del cantante de tangos argentino Osvaldo Ribó (1927–) y de Joy Alma Hussey (m. 1983). A la edad de siete años Olivia y su hermano pequeño Andrew, se trasladaron al Reino Unido con su madre. Allí acudió a la academia Conti Italia durante cinco años.

Olivia proviene de una familia de artistas, no sólo su padre, Osvaldo Ribó, es un reconocido cantante de tango, sino también su tío, Octavio Osuna es un folclorista de renombre, quien ha compartido escenarios (incluso en la mismísima “Cantina de Ribó”) con talentos como Enrique Espinosa y otros grandes de nuestra música popular y, finalmente, su primo Juan Osuna, es guitarrista y primera voz del grupo folclórico “Tulma”.
Carrera
El director italiano Franco Zeffirelli se fijó en Olivia cuando interpretaba en Londres la obra The Prime of Miss Jean Brodie, junto a Vanessa Redgrave. Superando a otras 500 aspirantes, Olivia consiguió el papel de Julieta para la película Romeo y Julieta, de Zefirelli, junto a Leonard Whiting como Romeo. Esta interpretación le reportaría el Premio David de Donatello a la mejor actriz en 1969.

Olivia ha aparecido en más de 40 películas durante su carrera. Sus más notables papeles fueron los de Jessica Bradford, en la película canadiense de terror Black Christmas (1974), María, madre de Jesús, en la miniserie para televisión Jesús de Nazareth, de Franco Zefirelli (1977), y Rosalie Otterbourne, en Muerte en el Nilo, versión cinematográfica de la conocida novela de Agatha Christie con Peter Ustinov (1978). Una de sus actuaciones más conocidas fue como Rebecca de York, en la versión para televisión de Ivanhoe (1982).

Tras los 80, su carrera se estancó y quedó reducida a películas de serie B o productos para televisión. En 1987 participó en el videoclip de la canción Liberian Girl de Michael Jackson, y en 2003 interpretó a Teresa de Calcuta en la película Madre Teresa.
Vida personal
Olivia Hussey contrajo matrimonio por primera vez con el actor Dean Paul Martin (hijo de Dean Martin), con el que estuvo casada desde 1971 hasta 1978. Tuvieron un hijo, Alexander Dean Martin, nacido en 1973. En 1980 se casaría con el músico japonés Akira Fuse, con el que tuvo otro hijo, Maximillian Fuse. Tras su divorcio en 1989 Hussey se casó por tercera vez con David Glen Eisley, músico estadounidense, con el que Hussey tuvo un tercer hijo, una niña llamada India Eisley. India es actriz y aparece en la serie americana La Vida Secreta del Adolescente Americano donde interpreta a Ashley.
Filmografía destacamos:
2003     Madre Teresa    
1978     Muerte en el Nilo    
1968     Romeo y Julieta    

Televisión
2000     Batman Beyond     Talia al Ghul (voz)    
1999     Superman: The Animated Series     Talia al Ghul (voz)    
1998     Pinky and the Brain     Queen    
1990     Psicosis IV: El comienzo        
1985     Se ha escrito un crimen         
 Actriz de doblaje
Olivia siempre destacó por poseer una voz especialmente bonita. Su tercer marido la convenció para que intentara usar su voz en productos de animación. Ha puesto su voz de forma notable en varias series de animación, siendo nominada al Outstanding Individual Achievement for Voice Acting by a Female Performer in an Animated Television Production en los premios Annie por su trabajo en la serie Batman Beyond. También ha colaborado en varios videojuegos:

Star Wars: Force Commander (2000) como AT-AA Driver/Abridon Refugee 2.
Star Wars: Rogue Squadron (1998) como Kasan Moor
 

Un Puente al suicidio

Un Puente al suicidio
Por: Darío Valle Risoto

Su muerte dejó destrozado al grupo. La noticia nos transformó de ser un hato de delincuentes simpáticos, en jóvenes llenos de vida y ganas de jodernos al mundo en varias sombras tristes que balbuceaban ideas descabelladas sobre la razón del suicidio de Marguerite.

Ni siquiera había dejado una carta, ni había terminado una de sus pinturas y se había cortado las venas, sentada en la cama tal vez mirando ese cuadro inconcluso contra la cálida luminosidad del sol del otoño que entraba por la ventana de la pensión.
Éramos jóvenes más no tan inmaduros como para irrespetar su decisión, a fin de cuentas como había dicho Leandro luego de que estuvimos todos callados como una hora en ese bar a media cuadra del salón de servicios fúnebres: __ Fue su decisión y listo.
Pedro cerró los puños sobre la mesa y Alicia siguió llorando, parecía tener todas las lágrimas del mundo en esos ojos enormes y celestes como dos planetas. Yo me levanté  y salí a fumar, saqué la pipa del saco y lentamente le puse el tabaco con gusto a chocolate y whisky, entonces recordé que Marguerite sentía especial atracción por el aroma que se levantaba a mí alrededor cuando yo fumaba en sus cercanías.
Al rato volvimos al salón en silencio como si fuéramos fantasmas.

Éramos tres hombres y tres mujeres que coincidíamos en la facultad e inmediatamente todos nos centrábamos en la única extranjera: Marguerite de Nancy provincia o condado de Francia. ¿A quien le importan los detalles?
Hablaba mejor español que Pedro que venía de treinta y tres y era más bruto cada día, para colmo viajaba seguido a sus pagos para ver a sus viejos, cierta vez la llevó y todos extrañamos a esa delgada francesa y odiamos a Pedro por tener esa chacra llamada originalmente: “La Chacrita” cerca del río Olimar y arrebatárnosla por una semana.

Volvió encantada y aterrada a partes iguales, era demasiado delicada para pisar terrones o escuchar a las vacas cerca de su habitación. Todos nos reímos de sus anécdotas mientras Pedro ya se había enamorado como un orangután de la piba.

Pero Marguerite ahora estaba tiesa en un cajón marrón oscuro con esas cruces de bronce al pedo que le pedimos que quiten porque era atea hasta la médula, en eso éramos iguales ella y yo, también en otras cosas.
Cuando Alicia paró de llorar un poco Yolanda le dijo que ya no le quedaban pañuelos y me pidió salir de nuevo a comprar algunos, cuando afuera ya caía la noche comprendimos que nada iba a volver a ser como antes, que había terminado un ciclo.
__ ¿Vos también?
__ ¿Yo también? ¿Qué? __ No entendí su pregunta mientras entrábamos a un quiosco a por los venditos pañuelos. Compró cigarros para ella y me preguntó si traía fuego, le dije que sí y afuera de nuevo volví a reiterarle mi pregunta.
__ Si vos también estabas enamorado de la francesa.
“La Francesa”, Yolanda era la única que se refería así a ella, siempre pensé que era una suerte de envidia porque ya no era la más interesante del grupo o porque de alguna manera también hubiera querido ser una europea fina y no una argentina groncha como le decía Alicia cuando se peleaban jugando.

Nos apoyamos en un muro cerca de la empresa, la luz de un farol estiraba nuestras sombras sobre la calle empedrada, le pasé los fósforos y saqué mi pipa.
__ Pareces un viejo.
__ Siempre me decís lo mismo cuando saco la pipa, en cuanto a tu pregunta, no se que contestarte, ella siempre me gustó… me gustaba, pero no tuvimos mucho trato.
__ A mi no me mientas, recuerdo la noche que fuimos al cine, llovió y la llevaste en taxi para tu casa.
Me dejó realmente helado con la confesión porque creía que ese era nuestro secreto.

Resulta que habíamos ido los seis al cine y antes que terminara la película, creo que era una de un director Iraní en cinemateca, me pidió salir porque se sentía mal.
Pensé que iba al baño a lavarse la cara pero salió rumbo a la calle, llamó un taxi. Llovía. Y me dijo si podía quedarse en casa.

En menos de una hora de la oscura sala del cine pasamos a estar los dos desnudos haciéndolo sobre mi cama desarreglada con olor a transpiración y tabaco. Marguerite era una mujer realmente bella como pocas y en su delicadeza me conmovió hasta hacerme flaquear el corazón. Me levanté a la mañana y se había ido, me dejó una sonrisa pintada con pasta de dientes en el espejo del baño.
Nunca se lo contamos al grupo y tampoco creo que ella sabía porqué, pero nuestros encuentros se hicieron bastante regulares.

__ Yo dormí en el sofá. __Le dije bastante molesto por meterse donde no la llaman.
__ Sos un caballero. __Dijo apagando el cigarro antes del volver al salón velatorio.
Éramos solo los cinco, algunos compañeros del curso habían pasado temprano a saludar como para cumplir pero al rato se iban, el profesor Santisteban llegó casi a la medianoche y tomó café con nosotros. Profesor de filosofía.
__ En este momento no se me ocurre nada, muchachos, lo siento.
Dejó la taza y se retiró no sin antes ir hasta el féretro y mirarla con ojos vidriosos.

Pedro se derrumbó en uno de los sillones y lo vimos llorar como un niño, Leandro por un lado y yo por el otro lo tratamos de apaciguar. Yolanda miró a Alicia y le dio otro pañuelo.
__ Yo le pedí para casarnos y me dijo que no.
__ ¿Qué?
Pregunta a coro porque el canario parecía tener guardada en el pecho una historia que no sabíamos si queríamos escuchar.
__ Era virgen, lo hicimos en la chacrita, aquella vez en el verano, ella era muy dulce pero me di cuenta que la cagué muchachos. ¿Ustedes me entienden?
Me dieron ganas de pararme y pegarle una patada en la cabeza, salí a la cocina y puse más café en la cafetera que ya habíamos vaciado, eran las tres de la mañana, el entierro sería a las diez así que quedaba una eternidad.

Yolanda entró con esa maldita cara de mujer inteligente que lo sabe todo para colmo siempre con esos chalecos y sus cabellos rubios como el trigo del verano. Me pidió que le sirva un café bien grande.
__ Falta un momento, no es una máquina atómica.
__ Estas caliente y con ganas de romperle el culo al canario, yo te entiendo, lo peor es que también Leandro debe estar así.
No se como explicarlo pero sentí que me quedaba lívido porque temía otro maldito secreto de mierda.
__ Siempre fuiste medio ingenuo Martín. Marguerite era tremenda mina pero le gustaba coger, se acostó con todos, hasta con Alicia. ¿Por qué te crees que llora tanto?, Menos conmigo que no me gustan los tajos, se los fifó a todos y el canario se fumo el verso de la virginidad, en una de esas estaba menstruando.

__ ¿Así porteña que ahora la tengo que extrañar menos porque era mas puta que las gallinas?
__ Sos un machista hijo de puta, si hubiera sido un tipo estaríamos festejando que no dejó un culo sano, ustedes los hombres a veces me dan asco.
Le alcancé su café, no me aceptó el azúcar.
__ la vi un par de veces salir con Leandro pero nunca le hice preguntas, tal vez por eso salía más conmigo… yo que mierda se.
__ Todo se reduce a que era tremenda mina y hace unos días se cortó las venas la muy pendeja…solo eso.
Miré a Yolanda, la porteña estaba de verdad triste, realmente triste, con una tristeza diferente a la de todos los demás que a quizás mezquinamente extrañábamos su sexo, su dulzura en la cama, su desnudez, su francesa forma de hacerlo todo. La tristeza de Yolanda era genuina.

Volvimos a la sala, dentro de pocas horas iría debajo de la tierra fría y hostil una mujer de verdad, delgada, inteligente, realmente inteligente y discreta para saber darle al amor la dosis exacta. El resto éramos unos idiotas.
FIN

La Ciudad, Los Dientes

La ciudad, los dientes
Por: Darío Valle Risoto

La ciudad hoy mostró sus dientes
Robándole a un viejo sus mandados
Golpes intrusos de inoportunidad
Baboso delincuente digno de muerte.

Elucubrando políticas humanitarias
Vamos entre fachos y blanditos
Omitiendo que hay gran necesidad
De gente considerada y de corazón.

Todos damos vuelta el cuello
Y la sangre corre entre nuestros ojos
Mirando como la delincuencia
Crece desde el insulto al disparo
Y se violan nuestros derechos
Los que consideramos…humanos.

Mano propia no es la solución
Todos lo sabemos pero peor es nada
Esa nada acongojada y cobarde
De madres sin hijos y padres derrotados.

Robarle a un obrero o a un jubilado
No tiene nada de revolución…
Es solo el acto fascista de un insecto
Que fabricamos entre todos
Con políticas de consumo
Y filosofías de leyes burguesas.

Cine Arte en Buenos Aires

Inauguramos el Cine Club que traerá las mejores obras de toda la historia del séptimo arte.
Comenzamos con AMARCORD, la más exquisita obra de Federico Fellini, donde sus recuerdos de joven, fluyen tras la “malinconia” tierna y chispeante de toda Italia.
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A Woody Allen, el gran admirador de Ingmar Bergman, le preguntaron:
— ¿Cuál es para usted la mejor película de la historia del cine?
Sin dudar un minuto dijo:
— ¡ Amarcord ! Y no me pregunten por qué, porque no lo sé. Fellini es un mago. Yo nunca podría realizar semejante maravilla.
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Invitamos a brindar por el nacimiento con pochoclo y Malbec.

CINE  ARTE  “AMARCORD”

Av. San Martín 1565 – Vicente López – (a 1/2 cuadra de Av. Maipú al 1600)
Sábado 26, a las 19 hs.
Consultas: 4761-7877

Alberto Miguez . Juan Disante

Apología del Piropo por Marcelo Marchese

Apología del piropo en su agonía, Marcelo Marchese

“Bendita sea la madre que parió a los obreros que aplanaron el pavimento por el que pasas ¡Monumento!”
(Apología del piropo en su agonía)
Marcelo Marchese
Toda reglamentación perversa se funda siempre en algún saludable propósito. Tal es la dinámica de un mundo que progresivamente norma nuestras vidas a través de leyes, campañas propagandísticas terroristas y “días” y “semanas” contra esto y aquello. En su “Breve diccionario para tiempos estúpidos”, Sandino Nuñez, recostándose en “La verdad y las formas jurídicas” de Foucault, dice acertadamente que estas intervenciones reglamentarias se apoyan en “formas imaginarias de la disciplina jurídica destinadas a conducir la violencia por andariveles legales pragmáticos. Algo así como una administración legal de la venganza”.
Acabamos de vivir la Semana contra el acoso callejero y su secuela, la inevitable proscripción del piropo. Para no ser aún más incomprendidos de lo que inevitablemente seremos, decimos que nos oponemos a aquellos que no permiten que una mujer transite por la calle con normalidad, pero pensamos que las leyes que buscan evitar este acoso, como ya se han dictado en los países más adelantados, no alcanzarán su eventual propósito y sólo lograrán que aquella pulsión estalle inevitablemente por otro sitio. Luego de aseverar el carácter contraproducente de esta inminente legislación (1), debemos decir que el acoso callejero, es decir, las insistentes groserías de un hombre dichas a una mujer, nada tienen que ver con el piropo, y una definición del piropo que incluye las groserías es un delirio resultante de un pensamiento homogeneizante que proscribe los matices y las sutilezas.
La grosería delata la impotencia de un hombre que no puede vivir aquello que desea y cuya fuerza se manifiesta en palabras, dichas tanto para el objeto imposible de su deseo, para el resto de la manada, como para afirmar su propia y enclenque masculinidad. La grosería no busca seducir y si la receptora de la invectiva diera vuelta sus pasos para convertir en hechos las palabras, el acosador huiría espantado, encontrando terreno propicio el sabio proverbio: Perro que ladra, no muerde. Aquí se manifiesta una sociedad castrada que a su vez reproduce la castración.