Aquellos viejos y mágicos vinilos

Aquellos viejos y mágicos vinilos
Por: Darío Valle Risoto

El hijo de mi patrón me contaba ayer de su experiencia con unos amigos al descubrir que uno de ellos tiene un tocadiscos (Reproductor de vinilos) de esos viejos con mueble para guardarlos y con un par de baffles de considerable tamaño para disfrutar de la música.
Ese comentario amén de proyectarme unos cuantos años atrás en la casa de mi amigo Juan escuchando sus discos, me hizo pensar en algo que cité recientemente en torno a esta época donde estamos sobre expuestos a formatos cada vez más fáciles de conseguir y reproducir y que bienvenidos sean. No solo para la música sino también para las imágenes como me refería en ese caso en torno a los animes.
Pero como nada es gratis en la vida y fundamentalmente con la música hemos perdido no solo la calidad del sonido, debido a los diferentes métodos de compresión digital, sino y quizás algo mucho más importante: la posibilidad de socializar mediante la escucha de un disco de larga duración (Long Play o vinilo).
No todo el mundo hace unos cuarenta años tenía la posibilidad de comprarse un “toca discos” y estos eran caros y también difíciles de conseguir. Si eras por ejemplo amante de “Black Sabbath” en el Uruguay te los tenías que encargar de Argentina o del Brasil porque no todos sus trabajos fueron editados por la única casa que era en ese momento la histórica editora de: “El Palacio de la música” hoy devenida en casa de venta de CDs y otros artilugios musicales.
Así que si tenías el enorme regalo de conocer a alguien que te invitara a escuchar en su casa su última adquisición: era toda una fiesta.
__ Compramos unas pizzas y unas cervezas y escuchamos Led Zepelling II. ¿Te parece?
Emilio me cuenta alucinado como su amigo comienza a sacar discos viejos de auténtico rock and roll y experimenta ese algo mágico casi perdido hoy, que era el disfrute de sacar el disco del enorme sobre, admirar la tapa, leer la contratapa, poner ese enorme plástico circular, generalmente negro sobre el aparato, tomar el brazo y dejar correr la púa como mágico tren por los rieles de diferentes melodías. 
Quizá porque lo que fácil se consigue no se valora hoy podemos tener discografías completas en el acotado espacio de un simple CD y ni que hablar de un pendrive o un disco duro portable, ya no podemos experimentar como antes la capacidad de tomar el concepto “disco” como una obra descontextualizada de otras y como si fuera un libro de poemas recorrerlo en orden o en completo desorden tema por tema, para crecer como personas gracias a esa cosa maravillosa de los seres humanos que es la música.
MI compañera Julia odia los soportes digitales, esos dvds que tengo por decenas llenos de MP3 ordenados por banda y por años que me pongo a escuchar y ha tenido toda la razón al explicarme cuando se compraba un compacto y corría a su casa, rompía el envoltorio protector, sacaba el sobre, ponía el disco y disfrutaba tema por temay no solo de la música sino hasta del olor a nuevo del compacto.
No sabemos que nos deparará el futuro pero de verdad me sentí complacido por este pibe que tuvo la hoy cada vez más rara posibilidad de estar con amigos amantes de la música escuchando algo que casi está relegado a la historia y que tenía la enorme potencialidad de acercar a la gente como jamás lo veremos de nuevo.
La tecnología nos transforma en seres separados, estancados, alejados de los otros con nuestros auriculares conectados a smart phones o reproductores mp3, disfrutamos onanisticamente de su música a buen resguardo de la confraternidad que nos puede traer el sentarnos en un living a tomarnos unas cervezas, colocar un vinilo y volar con por ejemplo: Pink Floyd.
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2 thoughts on “Aquellos viejos y mágicos vinilos

  1. Yo viví eso: reunirse a escuchar un disco en el tocadiscos de un amigo.
    Me resulta paradójico que, actualmente, cuando puede conseguirse cualquier tipo de música en la web, la gente no se salga de las cuatro pelotudeces de moda.

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  2. ¡Ese es un gran tema!: La música parece haber muerto desde la década del 90 para las mayorías, al menos antes la gente más o menos conocía algunos intérpretes, ahora escuchan regaettón como si fuera un largo y repetido mismo tema eternamente. Eso le debe freír el cerebro a cualquier mortal. El otro día un amigo me decía que había conocido a una piba de unos veinte años que no conocía a Los Beatles.

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