Enredados en las redes sociales 3

Enredados en las Redes sociales 3
Por: Darío Valle Risoto

Ayer estaba mirando un interesante programa argentino que se llama: “Argentina para armar” que es de los pocos programas donde se tratan diversos temas pero con altura y lejos de buscar esa cosa nueva del espectáculo. Resulta que se trataba sobre las adicciones a la tecnología partiendo de los celulares pasando por los videos  juegos e Internet desde luego también.
Tomar una actitud negativa absoluta frente a la tecnología es poco menos que absurdo por no decir que bastante tonto porque esta nos facilita de mil formas la vida, más la que se refiere a los soportes de comunicación es fácilmente devoradora de nuestro tiempo y lo que es peor de nuestro espacio para interactuar cara a cara con los otros.

Me molesta especialmente la gente que vive con el celular en la mano, ni siquiera lo guarda y una de las invitadas al programa contaba que debía volver a la casa a buscarlo cuándo lo olvidaba porque no podía pasarlo sin él. Claro que yo tengo una vida social muy acotada y me olvido muchas veces del móvil en casa, el único problema que tengo es que si estoy trabajando debo caminar hasta el reloj para ver la hora y solo eso. El celular para mi representa un teléfono movil muy útil cuando estoy por encontrarme con alguien y como despertador, nada más.
Lo que si debo reconocer es que la gente parece necesitar tener el control sobre las noticias de sus dispositivos todo el tiempo, en el ordenador se tiene abierto permanentemente Facebook, el celular a mano, todo tiene que estar a expensas de nuestra necesidad de intercambiar información.
Lo extraño es de que la mayoría de lo que recibimos tiene una vida breve, casi mínima y solo sirve para al menos sonreír o intercambiar algún mensajito breve también. La tecnología nos ha robado el tiempo de estar con la gente sin máscaras, sin paredes de cables y antenas entre medio, de sentarnos en una plaza a conversar, tomar algo, disfrutar de la naturaleza.
Pero eso es culpa solo nuestra.
Un imparable afán de notoriedad cuasi adolescente hace que colguemos fotos, cosas nuestras, nuestra cotidianeidad que solamente debería pertenecernos a nosotros y a nuestros más caros allegados ahora se universaliza y entonces todos dejamos de ser anónimos o nos volvemos anónimos conocidos, desconocidos populares o payasos de quermeses.
Yo también he experimentado esas ganas de ser “famoso o popular”, tal ves mis blogs sean ese grito de todo ser humano más o menos creativo de hacerme conocido, más creo que nunca quisiera ser seguido por multitudes cuasi fans de Arjona que consumen esa mercadotecnia de vaudeville que el sistema inteligentemente adjunta a esta invasión tecnológica.
La noticia cada vez permanece menos, hasta los temas más dolorosos parecen infaustos intentos de conmover, a un solo clic habrá otro mundo, un juego, una búsqueda de parejas, un chat meloso o un chiste y cuando no una frase célebre que raramente le pertenece al famoso de turno.
Ya lo conté varias veces, viajo mucho en el colectivo y escucho a la gente hablar permanentemente con sus allegados con el celular, ni se imaginan las cosas que dicen e inevitablemente me siento incómodo de enterarme de vidas que realmente no me interesan y por sobretodas las cosas de la miseria intelectual que hace del amor un objeto de uso tal cual una pilcha de segunda mano.
Las nuevas tecnologías en comunicaciones han expandido nuestro mundo a grados superlativos más nos han dejado solos abrumados por miles de soportes que nos traen lindas figuras, emoticones, chivis, graciosas alteraciones de la realidad pero solo son un reflejo de esta. Las verdaderas personas son las que podemos ver a los ojos, tocar, oler y disfrutar u odiar pero frente a frente, lo demás se parece a una especie de video juego al que nos han obligado a entrar.
Pero siempre se puede desconectar el dispositivo.
¿O no?
 Este no es el programa al que me refería pero creo que igual es interesante verlo