El derecho a pisar la cáscara

El derecho a pisar la cáscara de la Banana
Por: Darío Valle Risoto
Con cierto sentido de la perversidad algunos mayores reivindican la experiencia personal por medio de darse uno mismo de cabeza contra la pared, es decir que valoran que uno viva aprendiendo de sus propios errores aunque antes nos lo hayan advertido. Por lo tanto hay cierto derecho a pisar un plátano y romperse el culo contra el piso tras la resbalada posterior.
Aún así he aprendido que afortunadamente no es posible vivir todas las experiencias desagradables y tampoco las buenas sino que felizmente podemos usar esa cosa grisácea y llena de ideas que habita nuestra cabeza, lo que llaman algunos: Cerebro. Y si este macaquito pensante utiliza la mágica imaginación tendremos todo listo para adelantarnos a ciertas experiencias sin la necesidad de vivirlas, sobretodo las negativas, claro.
Alguien dijo una vez: “No necesito poner un huevo para saber si este está podrido” más mucha agente cree que la experiencia propia es mejor que la ajena aunque uno les diga miles de veces que algo terminará mal. No es necesario darles una extensa e innecesaria lista de actitudes que la gente emprende solamente para joderse la vida creyendo que a ellos a diferencia de los demás les ira bien. A veces sucede, muy raras veces pasa, es cierto.
Algunos gay por ejemplo creen que si muchos hombres vivieran la experiencia del amor con otro señor cambiarían de idea, creo que casi todos piensan eso, más uno tiene todo el derecho del mundo a intentarlo o no, tal como saltar en paracaídas, drogarse como un felpudo o votar a la derecha, cada uno tiene derecho a pisar la banana o a caminar por su costado.
Pero es terriblemente perverso creer que porque a nosotros algo nos parece realmente asqueroso no sea bueno e interesante para los demás y en un sentido social vamos a tratar de comprender el sentido de lo popular.
Se cree que algo, cualquier cosa por ser popular es bueno en un sentido de que más es mejor nos hemos embadurnado de la asquerosa melaza capitalista que sostiene que lo que más se consume es lo adecuado aunque se una porquería.
Tengo la gran fortuna y no se por que vericuetos mágicos nací en un hogar con padres con poca formación académica que sin embargo me inculcaron un férreo sentido de no caer en esa ola que nos lleva como moscas detrás de las cosas “populares”
Para bien o para mal me repitieron siempre que elija por mi mismo y que desconfíe de lo que es bueno para todos y por lo tanto casi carezco por completo de sentido de la competencia y no me interesa para nada ser aceptado por la mayoría de la gente.

Por lo tanto el derecho a no pisarla ha primado en mi vida pero me ha encantado ver a los demás tropezar en sus propias experiencias, en una jerga vulgar y de barrio a eso se la llama: “Tener calle”, lamentablemente muchos de los que tenían suficiente roce de barrio ahora están muertos, presos o lo que es peor: casados con alguien que no quieren y con hijos que apenas soportan. Es así mis amigos la búsqueda de la felicidad a veces es una zanahoria cuando la alcanzamos está podrida.
Me asombran y mucho esos cursos de “liderazgo” que hemos importado de yanquilandia donde le enseñan a un montón de pelotillas a ser líderes de algo para luego llegar a las altas esferas donde poder descansar siendo besados en el culo por un montón de “perdedores” que probablemente nunca dieron estos cursos. Esto apesta tal como las clases de control mental, la terapia Reiki o la lectura del futuro en la caca de paloma torcaza.
He tenido la extraña experiencia de tratar con algunos de estos “Líderes” que tal pastores evangélicos se creen poseedores de une verdad oculta y que solo ellos saben y entonces me tratan como a un idota, cuando les sonrío y les digo que: __ A mi no. __Quedan realmente desconcertados y no he necesitado ninguna experiencia para notar que estos líderes son una pobre gente que solo tiene poder con personas más necesitadas que ellos y carentes de esa cosa gris y cochambrosa que algunos tenemos en la cabeza.