La imagen de la pobreza también se compra

La imagen de la pobreza también se compra
Por: Darío Valle Risoto
Técnico en Comunicación Social
Tanto Publicidad como Periodismo y Propaganda tratan de vendernos algo, ya sean productos, noticias o ideologías; también en las Relaciones Públicas se trabaja tratando de “vendernos”, en este caso específicamente se trabaja con nada más y nada menos que con “La Imagen”.
La imagen podríamos explicarla como aquello en que nos hace pensar positiva o negativamente tanto de una institución como de grupos o personas. Si por ejemplo pensamos en las sociedades en países como Japón o Alemania inmediatamente las asociamos con la alta eficiencia de sus ciudadanos, ciudades limpias, gente pulcra, etc. Por otro lado imaginemos inmediatamente que asociamos con países como Haití o el Congo u otros más cercanos como Argentina o Brasil.
La imagen o idea que construimos sobre algo se basa en diversos factores no siempre concientes o factibles de decodificar a primera mano, pero indudablemente antes que una posición ideológica o científica sobre esta tenemos la primera y más fuerte aproximación a través de nuestros sentidos y obviamente la vista será el más importante.
Que “las apariencias engañan” es una frase carente de veracidad porque la mayoría de las veces en realidad las apariencias demuestran que es lo que realmente tenemos en frente aún cuando estas estén fraguadas para tratar uno u otro propósito. En lo personal la mayoría de las personas siempre estamos “vendiéndonos” para conseguir la imagen que queremos nuestros semejantes conserven de nosotros, a veces si puede resultar engañoso que trabajemos determinada vestimenta o actitudes y sin embargo seremos mucho más que eso.
“Somos lo que comemos” es en este caso mucho más aplicable a nuestra imagen que lo que creemos ya que nuestra vestimenta y nuestra actitud a primera mano sobre la vida no es engañosa en la gran mayoría de los casos, podemos así tener una idea muy aproximada de la gente con solo la primera observación aunque desde luego al conocerla mejor muchas premisas cambien más casi nunca estas están muy alejadas de la realidad. Casi todos los grupos de la sociedad trabajan con la imagen, me atrevo a arriesgar que todos lo hacen, desde grupos religiosos, políticos y hasta las mal llamadas tribus urbanas.
Si vestirse de negro denota un posible individuo con cierta tendencia a la oscuridad, los pensamientos anarquistas, cierto gusto por el rock y algo irreverente podemos encontrar en la acera opuesta a los pulcros evangélicos con sus camisas y corbatas, trajes de fin de semana y cabellos cortados prolijamente. Por otro lado hay perfiles que van mutando y por ejemplo hoy encontramos que la vieja estética del Hip Hop ha permeado a lo que en Uruguay denominamos “Planchas” o llevado en su extremo a casi toda la población con bajos recursos económicos.
Usar canguros, trajes deportivos y calzados con resortes es la nueva imagen de la pobreza, la que antes no tenía una estética determinada hoy se conjuga en este variopinto remedo del antiguo Hip Hop y se traslada con sus sombreros de béisbol blancos con la pipa de Nike o las siglas de Nueva York por distintivo. Lo multicolor se lleva a su máxima expresión con tonalidades fluorescentes o combinaciones muy alejadas de aquello que mandaba combinar colores cálidos con cálidos y fríos con fríos así como los tonos apagados casi no existen.
Algo nos proyectan estos sujetos que pueblan nuestras calles y no solo es un discutible uso del buen gusto sino algo que se apodera de nuestra razón y nos hace elaborar conjeturas y apresurados juicios de valor que en su mayoría fueron moldeados por los comunicadores de las clases dirigentes que son las que gobiernan los grandes medios de comunicaciones. En síntesis no es posible separar lo ante dicho sobre la estética de la pobreza con lo que la sociedad fabrica en torno a la droga, la delincuencia y los malos hábitos de vida. Esa es la primera imagen con que nos quedamos más sería absurdo pensar que todas las personas que se visten de esta manera son drogos, ladrones o asesinos.
Hay una estética de la pobreza que va mutando de acuerdo a tendencias que están asociadas a los medios y por cierto que a nuevas capacidades de consumo, por solo citar un ejemplo más de cómo las clases más desfavorecidas adoptan nuevas estéticas tenemos la reciente proliferación de cortes de cabello que hace algunos años asociábamos con una postura “Punk”, es decir: crestas, recortes al rape en torno a una especie de “adorno” central, teñidos rabiosos de rubio aún en personas de pieles trigueñas, etc.
Sin embargo no hay conjunción ideológica solo una asociación de intereses que van tomando forma que hacen que los individuos se sientan identificados por el grupo y por ende parte integral de él. Podríamos sostener que sería posible encontrar cierta ideología de la marginalidad aproximada a valores y códigos que difieren sustancialmente de la gran sociedad más si rascamos lo suficiente veremos que los principales defensores del status quo paradójicamente son aquellos que lo sufren en sus escalas más bajas.
Pensemos que sería una discusión infructuosa en la mayoría de los casos tratar de que estos grupos marginales y/o pobres comprendan una ideología libertaria y aún resulta dificultoso que adopten valores en torno a sindicatos o gremios de trabajo donde la democracia sea la regla a seguir. Contestatarios ante sus iguales estos grupos suelen someterse a los mandatos de la clase dirigente sin discutir, aceptan este mundo desigual con una terrible resignación o intentan insertarse casi siempre inútilmente en estos grupos dirigentes a través del dinero fácil.
Estamos desde luego haciendo una aproximación a grandes rasgos de la sociedad moderna en nuestras urbes donde la estética sabe diferenciar a primera mano a “los buenos” de “los malos” y a los “Indecentes” de aquellos que no los son solamente porque así nos lo proyectan a diario los grandes medios de comunicación, sin embargo volvemos al centro de esta nota: lamentablemente las apariencias raramente engañan.