Crucificados por el Sistema

La primera imagen hace referencia a la pedofilia en el Vaticano. 
En segundo lugar el abuso sexual infantil en el turismo en Tailandia, y el tercero se refiere a la guerra en Siria. 
La cuarta imagen se refiere al tráfico de órganos en el mercado negro, donde la mayoría de las víctimas son niños de los países pobres, el quinto se refiere a las armas libres en los EE.UU.. 
Y, por último, el sexto imagen hace referencia a la obesidad, culpando a las grandes empresas de comida rápida.

Tomada del muro: Ocultando Perfección

Como Ocurrió

CÓMO OCURRIÓ
Por: Isaac Asimov
 Mi hermano empezó a dictar en su mejor estilo oratorio, ese que hace que las tribus se queden aleladas ante sus palabras.
– En el principio – dijo -, exactamente hace quince mil doscientos millones de años, hubo una gran explosión, y el universo…

Pero yo había dejado de escribir.
– ¿Hace quince mil doscientos millones de años? – pregunté, incrédulo.
– Exactamente – dijo -. Estoy inspirado.
– No pongo en duda tu inspiración – aseguré. (Era mejor que no lo hiciera. Él es tres años más joven que yo, pero jamás he intentado poner en duda su inspiración. Nadie más lo hace tampoco, o de otro modo las cosas se ponen feas.) -. Pero ¿vas a contar la historia de la Creación a lo largo de un período de más de quince mil millones de años?
– Tengo que hacerlo. Ese es el tiempo que llevó. Lo tengo todo aquí dentro – dijo, palmeándose la frente -, y procede de la más alta autoridad.

Para entonces yo había dejado el estilo sobre la mesa.
– ¿Sabes cuál es el precio del papiro? – dije.
– ¿Qué?
(Puede que esté inspirado, pero he notado con frecuencia que su inspiración no incluye asuntos tan sórdidos como el precio del papiro.)

– Supongamos que describes un millón de años de acontecimientos en cada rollo de papiro. Eso significa que vas a tener que llenar quince mil rollos. Tendrás que hablar mucho para llenarlos, y sabes que empiezas a tartamudear al poco rato. Yo tendré que escribir lo bastante como para llenarlos, y los dedos se me acabarían cayendo. Además, aunque podamos comprar todo ese papiro, y tú tengas la voz y yo la fuerza suficientes, ¿quién va a copiarlo? Hemos de tener garantizados un centenar de ejemplares antes de poder publicarlo, y en esas condiciones ¿cómo vamos a obtener derechos de autor?

Mi hermano pensó durante un rato. Luego dijo:
– ¿Crees que deberíamos acortarlo un poco?
– Mucho – puntualicé, – si esperas llegar al gran público.

– ¿Qué te parecen cien años?
– ¿Qué te parecen seis días?
– No puedes comprimir la Creación en sólo seis días – dijo, horrorizado.
– Ese es todo el papiro de que dispongo – le aseguré -. Bien, ¿qué dices?
– Oh, está bien – concedió, y empezó a dictar de nuevo -. En el principio… ¿De veras han de ser sólo seis días, Aarón?
– Seis días, Moisés – dije firmemente.

FIN